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hand drown in the water looking for help

Tenemos que hablar. Tenemos que derribar los mitos que se han ido construyendo a lo largo de los años en torno al suicidio.

La salud mental – y el suicidio – en Uruguay es postergada constantemente en los debates públicos, en donde sólo toma cierta relevancia cuando acontece algún hecho impactante a nivel nacional, pero a las horas vuelve al baúl empolvado del que sale cada tanto.

Cuando hablamos de suicidio nos referimos a la acción y efecto de quitarse la vida de forma voluntaria debido al padecimiento de un sufrimiento psíquico que se torna insoportable, por lo que suele ser visto como una solución permanente ante tal dolor. Estamos frente a un hecho multicausal, en donde intervienen diversos planos (psicológico, biológico, sociocultural, político, económico, ambiental, etc.).

El pasado 17 de julio de 2020, en el Día Nacional para la Prevención del Suicidio, el Ministerio de Salud Pública (MSP) presentó el informe correspondiente al año 2019 sobre suicidios en nuestro país, a partir del cual el actual ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, afirmó que las cifras presentadas pueden compararse a las del año 2002, en donde se registró la peor cifra en la historia de nuestro país. En el año 2019 se produjo un total de 723 suicidios, una cifra realmente alarmante.

El suicidio, en nuestro país, es tratado como un tema tabú, del cual se decide no hablar, dejando de lado aspectos muy importantes de los cuales todos debemos manejar información, y es justamente ese el propósito del presente artículo. La persona que planea llevar a cabo un suicidio se encuentra en una situación de constante ambivalencia, en donde no sabe qué hacer, no es capaz de pensar con claridad, es por ello que nuestra ayuda y conocimiento básico pueden ser útiles en un primer momento.

Debemos tener en cuenta cuáles son los mitos más comunes que han surgido sobre el suicidio y que repetimos como una verdad absoluta.

  • “Quien quiere quitarse la vida no avisa, simplemente lo hace” o “el que se quiere matar no lo dice”. Esto es falso, ya que muchas de esas personas manifiestan su propósito directa o indirectamente, ya sea a través de comentarios, acciones, cambios de conducta, etc. Siempre avisa.
  • No todas las personas que planean o consuman el suicidio están deprimidas, es por ello que lo llamamos multicausal. Debe tenerse en cuenta que una persona que padece de una depresión grave es más propensa a tener ideas suicidas o consumar el mismo; pero recordemos, depresión y suicidio no siempre van de la mano.
  •  “El suicida siempre desea morir”. Falso. Lo que ocurre es que simplemente no quiere seguir viviendo esa vida, ni padeciendo esa dolencia emocional, mental y física; quiere que se produzcan cambios que le permitan vivir en mejores condiciones.
  • “Solo quiere llamar la atención”. No. No es un llamado de atención, muchas veces es un pedido de ayuda, un grito de desesperación.
  • “El suicidio es impulsivo”. No siempre, la mayoría de las veces es planificado cuidadosamente y con mucho tiempo previo antes del intento de consumación o logro del mismo.

Estos son algunos de los tantos mitos que hemos construido como sociedad en torno al suicidio, pero ha llegado el momento de derribarlos, para juntos construir una conciencia colectiva que nos permita visibilizar la problemática que cada vez más nos atraviesa. ¿Pero cómo? Los medios de comunicación juegan un papel fundamental en nuestra cotidianeidad por lo que podrían también jugar un rol preponderante para difundir toda aquella información que debemos manejar para la prevención del suicidio y promoción del cuidado de salud mental. Como sociedad nos compete cambiar esta realidad.

Cuando hay una historia de suicidio cercana, por ejemplo, de un familiar, aumenta el riesgo de suicidio, por dos motivos: en primer lugar, porque puede heredarse el padecimiento de determinadas enfermedades mentales que conllevan a la ideación suicida o consumación del mismo. En un segundo lugar, y no menos importante, debe tenerse en cuenta que en estos casos se abre un abanico de posibilidades de accionar frente a distintas situaciones. Una persona que no tiene un historial de suicidio en su familia, no figura como una de las opciones, pero en cambio cuando sí existe dicho historial, está la posibilidad ya que es visto como una opción que puede ser llevada a cabo para intentar resolver una determinada situación.

Se estima que personas afectadas por trastornos como la esquizofrenia, depresión, bipolaridad, trastorno de personalidad, entre otros, presentan una mayor probabilidad de riesgo suicida que el resto de la población. Lo mismo sucede con las personas que se encuentran sumamente afectadas por el consumo de distintos tipos de sustancias (alcohol, psicoactivas, etc.).

La Comunidad de Madrid creó una Guía para la detección y prevención de la conducta suicida, en donde se especifican aquellas cosas que todos debemos saber sobre el suicidio.  Hay algunas señales de alerta que debemos considerar. Pueden ser verbales o no. Las verbales son aquellos comentarios negativos que la persona hace sobre determinados aspectos de su vida:

  • Comentarios negativos sobre su vida en general, manifestando su descontento con la misma, asegurando que no vale nada, que su vida no tiene sentido, que todo estaría mejor si él/ella no existiera, considerándose una carga, manifestando su cansancio por una lucha nula, etc.
  • Comentarios negativos sobre su futuro, en donde no logra visibilizar el mismo, donde no puede proyectarse, y si lo hace, es de forma negativa, manifiesta su descontento: “todo será igual”, “esto no tiene solución”, “cada vez es peor”.
  • Comentarios directamente explícitos sobre autoeliminación, en donde se deja de manifiesto el deseo de no querer vivir más, de querer desaparecer.
  • Comentarios en donde se despide, puede mostrar cierto afecto o agradecimiento hacia la persona a quien va dirigido el mensaje.

Pero estas verbalizaciones, la mayoría de las veces, vienen acompañadas de actitudes y cambios de conducta. También cabe la posibilidad de que muchas de estas señales no se hagan presente o no podamos visibilizarlas, pero que de todos modos la ideación suicida sí exista. Algunas de estas actitudes pueden ser:

  • Cambio de conducta repentino en donde puede hacerse visible un notorio aumento de irritabilidad, mostrándose siempre “a la defensiva” ante cualquier comentario, aumento del consumo de, por ejemplo, bebidas alcohólicas.
  • Un período de calma (luego de una exaltación) sin ningún tipo de tratamiento ni intervención profesional es considerado como un riesgo, ya que puede ser un indicio de que el individuo ya concretó un plan que le lleve a consumar el suicidio, significando esto el alivio a ese padecer que le atormenta y al cual quiere poner fin. Prestar atención a estos cambios repentinos y a los silencios es esencial.
  • Poner fin a asuntos pendientes.
  • Preparación de testamentos y regalía de objetos personales y preciados, como por ejemplo fotos, joyas, etc.
  • Reciente aparición de lesiones físicas (cortes, quemaduras, golpes, marcas).

¿Qué debemos hacer cuando nos encontramos frente a situaciones de riesgo?

En primer lugar, se debe poner a disposición los contactos de ayuda y emergencia para que la persona pueda acceder al servicio. Deben quitarse del alcance de la persona todos aquellos elementos que puedan actuar como posible medio lesivo, y a su vez, evitar dejarle solo por largos períodos, por lo que es necesario un compromiso por parte de familia, amigos y seres más cercanos. La persona en ningún momento debe sentir que le estamos presionando ni juzgando, debemos activar una postura de escucha para así poder comprender cuáles son esos motivos que le llevan a querer poner fin a su vida, quizás así se puedan plantear posibles soluciones si es que aún existen. Debemos tener en cuenta que, en todo momento, es importante recurrir a un profesional de salud mental.

En tiempos de pandemia, en donde el encierro fue tomado como una de las tantas medidas, la salud mental se vio fuertemente perjudicada, en donde el ocio cobró un papel importante. El estar con uno mismo es la tarea más difícil que enfrentamos a diario, nuestros pensamientos juegan malas pasadas. Cumplir una cuarentena aislado de tus seres queridos. No poder besarles, abrazarles, compartir momentos con ellos. Todo ocurre a través de pantallas. Qué difícil y doloroso. Cuánto estrago suma esta pandemia a la problemática ya existente que es la poca importancia hacia la salud mental.

Ahora, más que nunca, con pequeños pasos, con detalles, con un mensaje, una llamada, comencemos a revertir la situación. Ayudemos a la persona que tenemos al lado y del otro lado. Preocupémonos y ocupémonos más. Una palabra a tiempo puede salvarle el día a alguien, incluso la vida. No estás solo.

A través del 0800 0767 se puede acceder a la Línea de prevención del suicidio, la cual funciona las 24hs, durante todos los días del año, válida para todo el país. Dicha línea es un servicio de atención telefónica, cuyo objetivo es ayudar a disminuir los intentos de suicidio o suicidios, para lo cual cuenta con un equipo de profesionales capacitados para desempeñar esta tarea.


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3 comentarios

  • Desirée Pagliarini
    Desirée Pagliarini

    El titulo ya vaticina lo que se encontrará el lector al recorrer este articulo. Es muy útil para quienes pueden estar pasando una situación de este estilo con alguien cercano y por distintas cuestiones, no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor.
    La sencillez, pero no por eso, la menor profundidad en su desarrollo, hace que sea fácil de entender y muy agradable a su lectura.
    Ojalá tenga la difusión que merece

    Responder
  • Santi. B
    Santi. B

    Un articulo sumamente necesario!

    Responder
  • Lic. Ps. Juan Friedl
    Lic. Ps. Juan Friedl

    Es fundamental, y podría ser objeto, si no de política pública, de debate público, que el sistema de salud ofrezca tratamientos basados en evidencia empírica para las patologías asociadas a alta suicidalidad.
    La hegemonía, que recién hace poco empieza a retroceder, de los modelos pseudocientíficos sobre el comportamiento humano, especialmente en los institutos de formación universitaria y en el marco teórico de los opinantes que se citan a declarar en los medios, es un problema a la hora de dar a conocer los pormenores y soluciones de este problema nacional.

    Mientras sigamos con que las terapias comportamentales como la CBT o DBT “vuelven a la gente funcional al sistema capitalista”, tendremos más dificultades para resolver esto.

    ¿Responsabilidad? De quienes optan por la ineficacia por razones políticas, o ven pasar el barco con tal de no hacer olas.

    Responder

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