El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Otra perspectiva

Compartí este artículo con tus amigos

Para dar inicio, quiero felicitar a la Unión Liberal Colorada por este intento (esperemos más que exitoso) de traer a la mesa las ideas del liberalismo, especialmente a aquellos que considero amigos, que el futuro nos encontrará defendiendo las libertades del individuo desde el lugar que cada uno crea oportuno. De poder concretar este proyecto, harían un cambio importante y benéfico en un partido que lleva un siglo (fuera de excepciones puntuales) con la bandera de la igualdad sobre la libertad, a un nivel exagerado en el período que denominamos “segundo batllismo”, que por desgracia hoy día varias caras del partido reivindican y aplaudirían medidas similares o idénticas. Pero en cambio, ustedes, “se la bancan”, firmes y orgullosos de sentirse representados con pensamientos como los de Jorge Batlle, demonizado por la mayoría de la población, me animaría a decir, culpa de una falsa e injusta leyenda negra. Nuevamente felicitaciones y adelante, con todo.

La presentación fue muy buena, pero teniendo un cuarto de su edad, seguramente menos de un décimo de sus lecturas y una experiencia política inexistente comparada a la suya, me permito a mí mismo replicar ciertos errores o tergiversaciones dadas por el Dr. Sanguinetti.

Me tomo este atrevimiento dado que, a pesar de lo brillante de la mente de Julio, que le transmitió muchos conocimientos a quienes participaron en dicho lanzamiento, me parece bueno que, si a estos les interesa, puedan tomar otro punto de vista sobre ciertas cuestiones donde personalmente veo errores, quizá no necesariamente malintencionados, pero que existieron y denotan una gran falta de objetividad, que el hecho de pertenecer a una colectividad política no es motivo para perderla.

El expresidente empieza relatando los inicios de la filosofía liberal, donde podríamos ahondar sobre si el episodio de la Revolución Francesa fue realmente liberal, pero es un tema interesante para otro momento, que volvería muy extensa esta lectura. Entonces, me limito a aplaudir su forma de definir el liberalismo, desde las raíces aristotélicas y platónicas y a qué llevó cada una, hasta el planteamiento del liberalismo como opositor a modelos autoritarios (socialistas y fascistas).

Sí podemos encontrar quizá una generalización al decir que “el Estado de Derecho es la gran concepción, la gran construcción de la filosofía liberal”, lo cual no es erróneo, sino generalizado, el liberal sí puede ser “antiestatista”, aunque el Dr. afirma lo contrario. Liberalismo no hay uno solo, y muchos liberales conciben que a) no necesitamos un Estado o bien b) el Estado es malo. Perciben que “si el humano es fundamentalmente bueno, no necesitamos un gobierno, si es fundamentalmente malo, cualquier gobierno, compuesto por humanos, también sería malo” (Woodworth, 1974), es una posición anarquista, obviamente, pero estos son el claro ejemplo de que no todo liberal adhiere al Estado de Derecho, siendo que no todo liberal adhiere al Estado. El mismísimo John Locke se refirió al Estado como una institución que puede perfectamente no existir, al hablar de la “espontaneidad” de las cosas; “Para Locke la sociedad tiene una voluntad propia, que puede sobrevivir la ausencia de la ley y de sus estructuras” (de Posadas, 2010). Parecía correcto hacer esta aclaración, si bien lejos me encuentro del anarquismo y sin buscar revivir el “Hobbes versus Locke”, un “caos versus espontaneidad y respeto del Derecho Natural”, podía ser necesaria la aclaración.

Comienzo a notar otro error cuando al estar hablando de los principios liberales y trae temas políticos como la esclavitud cubana, hasta que llega el momento de “…y de ahí viene el tercer batllismo”, hablando de los “neoliberales” que transforman el liberalismo “en una expresión conservadora insolidaria, porque se trata entonces de un Estado que no puede actuar frente a las diferencias sociales, de un Estado al cual se le priva de actuar en la vida económica para defender el interés colectivo para que sin asfixiar la libertad económica establezca las condiciones para lo que es esencial a la democracia; la llamada igualdad de oportunidades”. Bien, la primera oración es digna de un legislador del MPP, pero intentemos no sacarla de contexto, sabemos que lejos del socialismo se encuentra el Dr. Sanguinetti, ahora, dos errores fundamentales; primero, darle al batllismo el trofeo de la justicia social y segundo, este se encargó de bastante más de lo que se menciona aquí. No queda ninguna duda de que el batllismo no representó al liberalismo, en ninguna de sus formas, ya que es un mito común al hablar de la época mencionar cosas como “el batllismo era liberal en lo social y el herrerismo en lo económico”, no, se es liberal y punto, a decir de Jorge Batlle. Podemos ubicar a dos Batlle dentro del liberalismo, siendo estos Jorge y Lorenzo. Sobre Jorge no vamos a incursionar dado que nadie tiene ninguna duda de que supo ser la personificación de estas ideas, y sobre el general Lorenzo Batlle y Grau, hombre de gran valentía, sólo mencionar su participación fuerte en el “Partido Conservador de las Gloriosas Tradiciones de la Defensa”, que claro es que en la época no existía un término tal como “liberal en lo social” pero sí fueron “rígidamente liberal[es] en lo económico” (Pérez, 2017). Pero ni José Batlle y Ordóñez ni su legado representan al liberalismo.

Primero, me gustaría utilizar una propia definición de Sanguinetti, que explica el liberalismo como la separación de los dogmas, pero ¿Dónde vemos? o ¿Cómo medimos el límite que separa una ideología de un dogma? Claro está que el liberalismo es una ideología, no sólo una filosofía, y la diferencia entre estos términos la explica sencillamente Ignacio de Posadas (2010), es “el barro en los pies y la temperatura”. A partir de esto cabe aclarar que, a pesar de mis preferencias históricas, esto está escrito con la mayor objetividad posible y por supuesto, las críticas son siempre bien recibidas. Necesaria aclaración anterior a tocar un tema que nos despierta diversas pasiones; ¿El batllismo como dogma? ¿La religión del Estado? pero guardemos las lanzas, hoy me quedo con las ganas de desarrollar este tema, que es más que claro le voy a dedicar el tiempo e investigación que merece.

Bien podemos suponer muchas cosas, como se escucha seguido entre batllistas liberales, “si Don Pepe viviera hoy día sería liberal”; pero la verdad es una sola, y es que no tenemos ni idea. ¿Qué habría pasado si el general Rivera hubiera sido expulsado de adentro de las murallas en lugar de exiliado y encarcelado? Es muy entretenido entre amigos conocedores de la historia pensar “¿Y si hubiera?”, pero sólo suponer podemos. Ni José, ni Luis Batlle fueron las caras del liberalismo en su época, y muchas medidas de su momento influyeron incluso en la idiosincrasia del uruguayo, “aferrado al estatismo paternalista” (Gatto, 2004). Y en esta discusión no nos centraremos en si estas medidas fueron necesarias o adecuadas al momento, un monopolio estatal (de ya casi un siglo de antigüedad algunos) no representa al liberalismo, pero esto no vuelve a los batllistas de hoy día estatistas, el batllismo ha evolucionado, mutado, y hay más de uno, algunos aún defienden que el Estado regula la mayoría de los aspectos de la economía, otros, sueñan con la apertura económica, que siempre tuvo como resultado “La Riqueza de las Naciones”, propiamente dicho, como también una obvia referencia.

También le da el trofeo de la educación al batllismo, trofeo que pertenece mucho antes a Dámaso Antonio Larrañaga, Bernardo Prudencio Berro y José Pedro Varela, y otro trofeo que tampoco le pertenece (del todo) a José es el de la laicidad. Si bien la separación de la iglesia y el Estado se consagra en la próxima Constitución, Berro “se plantó” primero ante la iglesia cuando esta se creyó por encima de la legalidad, y vamos a pasar por alto el exquisito “Liberalismo y Jacobinismo” del maestro José Enrique Rodó, publicado en 1906, donde debate si José fue liberal o jacobino en sus ataques a la iglesia, conocidas son las anécdotas de los batllistas que (a veces incluso frente a iglesias) sacaban el medio tanque a la vereda los Viernes Santos, ¿Es esto liberalismo? Es un jacobinismo sin guillotina. Un liberal si siente ganas de comer un asado el Viernes Santo, lo hace, sin buscar exclusivamente hacerlo con el fin de ofender a un tercero. La tolerancia es un importantísimo ingrediente del liberalismo. “Yo sin ser católico, no soy anticatólico, porque todas las religiones son instrumentos de altura, de moralidad y de bien público” (de Herrera, 1943).

“El liberalismo es la generosidad de la libertad que debe desarrollar el individuo” dice el expresidente, luego de recalcar que el liberalismo no puede ser “insolidario”. ¿Entendemos bien el liberalismo? Reconocemos que ser solidario está bien, es el camino a una sociedad mejor, más justa, pero jamás debe imponerse. La solidaridad obligatoria no es solidaridad, y bajo el verso de esta se han plantado las semillas de las peores tiranías. Algunos creemos que el Estado puede dar un empujoncito a los más “infelices”, como los denominaba nuestro prócer, ¿Eso nos hace menos liberales? En efecto, pero esto no debe ser algo necesariamente malo, aunque se debe aclarar que ser generoso no es una cualidad excluyente para ser o no liberal, distinto de ser generoso es pretender ayudar a los desfavorecidos utilizando como medio al Estado. Aquí es donde entra la referencia a la socialdemocracia y al liberalismo que, comenta él, llevaba a discutir el tema de conceptos con Jorge. Que, si los socialdemócratas son liberales o no, efectivamente trae más de una discusión, se puede definir de una forma muy sencilla; son los liberales menos liberales. No son de izquierda, pero se ven atraídos por ciertas ideas de “justicia social”, pero como mencioné antes no hay un sólo liberalismo a diferencia, por ejemplo, de los socialistas, donde encontramos una notable homogeneidad ideológica. En el “lado liberal” de un espectro político tendríamos tantas posturas políticas como liberales existan, del socialdemócrata más “tibio” al libertario más anarquista.

Lo que menciona sobre el liberalismo “conservador” y el “progresista” es una diferenciación entre las ideas clásicas del liberalismo, principalmente de los conocidos teóricos ingleses, de lo que se llaman “liberales modernos”, donde aparecen autores desde John Stewart Mill hasta John Rawls, quienes creen que el mercado es lo mejor a la hora de generar recursos, pero flaquea al momento de distribuirlos, entonces debe proceder el Estado como un igualador. Sólo agregar las sabias palabras de de Posadas (2018); “la igualdad material no es una de las notas que caracteriza la naturaleza humana y […] su persecución implica […] reducciones a la libertad”, generalizando bastante a los siguientes autores, debemos cuestionarnos; “sin dejar de ser liberal, ¿Qué tan Hayek tengo que dejar de ser para ser un poco más Mill”? Reitero, el liberalismo tiene miles de perspectivas y darle un poco más de paso al Estado sí te vuelve menos liberal que otros, pero puede no ser malo, como dijo el Dr. en el mismo lanzamiento, “libertad e igualdad están en tensión”, dependiendo de nuestra postura, cederemos más de una para obtener más de la otra.

Dejando de lado la discusión ideológica entremos en el terreno nacional. Hay una contradicción muy fuerte dado que al inicio de este tema se refiere a una llamada con Jorge donde ambos acuerdan que “liberales conservadores son los blancos y liberales progresistas son los colorados”, deja esto como una afirmación, mientras unos minutos después, dice que los blancos no pudieron ser liberales porque son nacionalistas (ya entraré en la tergiversación de este término), pero entonces, los liberales conservadores, que por definición son más liberales que aquellos que denominan progresistas, ¿No son liberales? Entonces, ¿Los liberales progresistas qué son? Y la contradicción en sí misma continúa enseguida, al plantear “¿Y por qué el batllismo nació adentro del Partido Colorado y no hubiera podido nacer adentro de otro partido? (ignoremos que porque el mismo Batlle era colorado) Porque el Partido Colorado era liberal, el Partido Nacional era nacionalista”. Aquí voy a pasar por alto que Julio ignora las divisiones que existieron sólo durante el s. XX (cuando nace el batllismo) en ambos partidos ya sea blancos herreristas, independientes o hasta radicales (completamente de izquierda), o colorados riveristas, batllistas e incluso algún sector socialista que se denominó también batllista, para entrar en el error al hablar de nacionalismo.

Primero que nada, sabido es el Partido Nacional no nace con dicho nombre, sino “blanco”, y yendo más profundo “Defensores de las Leyes”, dado que “blancos” y “banquillos” sería el apodo peyorativo que dieron a los partidarios de Oribe y Lavalleja los opositores, y no se empezaron a denominar por colores hasta Carpintería. Y el nombre “Nacional” se adopta debido a la intención de Oribe de unificar a los orientales, en palabras propias del fundador de este partido; “no dejaré de contribuir con voluntad decidida a que la unión de los Orientales y el imperio de la Constitución sean una verdad”. Y haciendo un resumen muy grande de hechos históricos que nunca sobra recordar, llegamos al “Nacional”, que no viene de ningún nacionalismo proteccionista, ni mucho menos “supremacista” respecto a otras naciones como parece querer dar a entender el Dr. Sanguinetti. Nada más lejos de la realidad. Con la afirmación de Sanguinetti (“la nación es un acto volitivo, de autodeterminación de un conjunto de gente que queremos construir un destino colectivo”) estaría de acuerdo Luis Alberto de Herrera, quien concibe a las naciones como hechos sociales naturales y espontáneos, “con el carácter de determinismo que tales hechos revisten” (Velázquez, 1968), o sea, una concepción bastante lejana a algo que surge de manera forzada, y aún peor, que somos “esclavos” de esta, a palabras de Sanguinetti. El hecho de denominar nacionalistas y por lo tanto neoliberales a los blancos no solo es una tergiversación conceptual e histórica, sino que nuevamente no se concilia con anteriormente haberlos llamado “liberales conservadores”.

Posteriormente critica al americanismo “de Rosas” (que es innecesario aclarar que los blancos del Cerrito no eran rosistas) y lo compara al feudalismo sin ningún tipo de correlación. Bajo la falsa “tutela rosista”, como lo hace parecer Julio, el gobierno del Cerrito tomó medidas tan (o en ocasiones puntuales, más) liberales que La Defensa, y no sólo prosperó, sino tuvo mejores resultados. Y sólo aclarar una vez más que el americanismo no es sinónimo de rosismo y ni los blancos ni Oribe fueron rosistas. Rosas solo fue el líder federal (que tampoco está de más decir que fue el más unitario de los federales) militarmente más poderoso de la época, y en El Cerrito no encontramos jamás ningún tipo de subordinación ante el autoritarismo rosista, cuando el federal más poderoso pasó a ser Urquiza, Rosas no se extrañó, aunque el nuevo líder en búsqueda de estabilidad regional no brindó apoyo ninguno a este lado del río.

Sobre el antimperialismo, es una bandera que ha tomado la izquierda, pero alguien, sinceramente, ¿Está de acuerdo con las intromisiones políticas extranjeras en nuestro país? De encontrar petróleo en nuestro país, ¿Cuánto demoraría Estados Unidos en “traer democracia”? Nadie habla de proteccionismos, sino de autodeterminación. Si de un lado se acudió al nefasto Rosas, es porque con anterioridad el lado opuesto acudió al nefasto y esclavista Imperio del Brasil. Una de las polémicas más conocidas de nuestro país; el extenso y fuerte debate entre Manuel Herrera y Obes y Bernardo Berro, donde participaron las plumas más ágiles de La Defensa en “El Conservador” y del Cerrito en “El Defensor de la Independencia Americana”, pero estuvo centrado en los dos mencionados. Aquí encontramos explicaciones extensamente fundamentadas que explican (valga la redundancia) el rechazo a las intervenciones europeas en nuestro país… El debate llamado “Civilización y Barbarie” fue muy intenso, si bien se dio por entendida la “victoria” de Bernardo, este en su totalidad aporta mucho sobre una gran variedad de temas. En fin, para evitar extenderme (más), los invito a leer este debate, para no explicar yo la negación hacia las potencias europeas en la época (que reitero una vez más, no fue cuestión de proteccionismos) sino que lo explique alguien que lo vivió desde los cargos más importantes del gobierno del Cerrito, y quizá la persona más inteligente que haya pisado estas tierras.

Y respecto a estos principios tergiversados de “americanismo” aplicados hoy día con el ejemplo que dio de “las vacunas con ideología”, abro la pregunta ¿Dónde se ve más representado el liberalismo hoy? Desgraciadamente mis compañeros ideológicos de la ULC tienen legisladores que en su mayoría apuntan cada vez más al proteccionismo y la regulación, que se oponen cada vez más fuerte a desmonopolizar, mientras los legisladores blancos apuntan a la apertura, quizá no tanto como personalmente me gustaría, y obviamente con excepciones en ambos partidos, pero generalmente, es de esta forma.

Me gustaría haber desarrollado ciertos temas, pero me limito a mí mismo en esta oportunidad. Finalmente, invito a cuestionarse la historia, la política, su ideología, y con la libertad como principio, a ser, irónicamente y rozando la contradicción: “dogmáticamente pragmáticos”, para, siendo el lector socialdemócrata, clásico, austríaco, o la corriente de su preferencia, no tener su corriente liberal como un dogma, porque como menciona Julio, debemos separarnos de estos. Seamos liberales pragmáticos.


Compartí este artículo con tus amigos
Mostrar más

3 comentarios

  • Ceviro
    Ceviro

    Entre tanta palabrería y supuestos “conceptos” políticos, de los que alguno se podría considerar ofensivo si no fuera por la evidente calaña del autor, se llega a la conclusión de que quien lo escribe podría haberse y habernos ahorrado tiempo dejando el artículo como su ideología, en blanco.

    Responder
  • July3p

    una mi#### el artículo, no leí ni la mitad. Vamo bokee

    Responder
  • el judio
    el judio

    mucho texto

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribite a nuestro boletín informativo

Suscribite a nuestro boletín informativo

Unite a nuestra comunidad y empezá a recibir nuestro boletín informativo. 

El formulario de suscripción fue recibido correctamente.