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En el marco de un ciclo de entrevistas sobre la figura del expresidente Dr. Jorge Batlle Ibáñez, intentaré mostrar desde una perspectiva personal las variopintas características de este personaje, tanto en su faceta política como en la personal. En esta oportunidad les ofrezco lectores, la oportunidad de leer una entrevista al Arq. Federico Villar, joven colorado de Salto a quién agradezco muchísimo su disposición.

—Primero, como a todos, ¿Cómo conoce usted a Jorge Batlle?

—Yo conocí a Jorge Batlle desde bebé en realidad. Siendo consciente, ya más de niño o adolescente, cuando iba a Salto, ya posterior a su presidencia, yo tengo hoy 26 años y la etapa de Jorge yendo a Salto y estando con mi madre, con mi abuelo, ya en un tono casi familiar, la viví posterior, de 2008 para adelante, hasta que falleció. Ahí fue cuando lo empecé a conocer más, que en determinado momento llegó a ser… mi madre lo cuidaba a Jorge, tenía las mismas precauciones que con mi abuelo, cuando venía las ultimas veces trataba de que fuera abrigado, de que comiera… porque Jorge llegaba a Salto y mi madre le hacía de chofer, ella lo subía en la camioneta y recorrían, y así iban a algún pueblo del interior de Salto, como a Colonia Lavalleja, lo llevaba a Jorge a hablar con la gente, a reuniones, armaban reunioncitas y Batlle iba, con su edad y todo.
Y el recuerdo que tengo es de mamá atrás de él teniendo las precauciones de una persona ya mayor, digamos, un cuidado como de un familiar. 

—Una pregunta más filosófica sobre el pensamiento de Jorge, ¿para vos, el Jorgismo es la evolución del Batllismo?

—Yo entiendo que son cosas distintas. Entiendo que el batllismo, de José Batlle y Ordóñez fue una cosa, para un momento determinado, de la historia natural de la vida del país y de la historia de la humanidad, porque ni siquiera tenía la influencia que podemos tener hoy en día, hoy por ejemplo se pone el socialismo, el marxismo, la Unión Soviética, el Che Guevara y toda una corriente política, del otro lado el capitalismo, en el sentido del fin de los tiempos, ya el mundo globalizado. Todos esos paradigmas que tenemos hoy, el batllismo no tiene nada que ver. Es de 1900, del arranque del 900, entonces fue eso el batllismo. Luego vienen otras cosas, fue una etapa de la vida del país que nos dejó muchas líneas y muchas cosas claras filosóficamente, que no se pueden mezclar y que se reinterpretan algunas, pero ya una vez que se reinterpretan, dejan de ser ese batllismo de Batlle y Ordóñez, pasan a ser otro batllismo y ahí es donde empieza «el gran relajo». El de Jorge Batlle, yo no sé si es la evolución natural, es una de las interpretaciones —que a mí entender— es la más actualizada y la más acorde a los tiempos que vive hoy el mundo, el mundo. No el Uruguay, el mundo, porque la visión de Jorge era global. Hay una entrevista que le hacen en TVCiudad, un muchacho que no sé el nombre…

—«Primera vuelta» es el programa

—Sí, primera vuelta, que él hace un análisis de las raíces que él toma del batllismo, ahí está muy claro el cerno del asunto, que de ahí parte él para después desarrollar su pensamiento, que Jorge elabora —según palabras de el— a partir de que conoce por vías de su suegro a los maestros economistas austriacos, que venían a dar conferencias en Buenos Aires y el suegro le dice que vaya a ver eso, y ahí creo que conoce a Hayek, o a Mises, y se enloquece y a partir de ahí desarrolla la teoría económica.
Pero las bases filosóficas es la que él describe, que saca del batllismo, por eso no sé si es la evolución natural, sé que es una de las interpretaciones que funciona mejor.

—La pregunta original es «¿alguna vez tuviste un roce con Jorge?» pero debido a la edad prefiero preguntarte, ¿alguna vez te retó por algo?

—Me retó sí, me retó.
A todo el mundo le decía que estudiara, a todo el mundo, y a mí me encajó que me pusiera las pilas con el estudio. después me embromaba con lo de arquitecto. Él tenía dos bromas con mi familia, que eran las de los «milicos», los militares, los generales, le decía a mi padre y a mi familia Villar sobre los generales, porque él se quedó con la idea de que mi bisabuelo, el abuelo de mi padre, fue general de los ejércitos del norte, que combatió contra Aparicio Saravia, y perdió —yo te hice el cuento por WhatsApp— que el general José Villar era el general de las fuerzas del norte del Río Negro, y perdió la batalla de Tres Arboles, la mítica e histórica batalla de Tres Arboles para los blancos… el que era el comandante de las fuerzas gubernamentales era mi bisabuelo. Entonces Jorge tenía muy presente toda esa historia y siempre nos embromaba con los generales, y siempre andaba con esos chistes… (piensa) —bueno, enganché otra cosa— a mí cuando me empezó a identificar más, siendo más adolescente o joven, me veía y me decía «el arquitecto», «ustedes son unos vende humo» me embromaba, y una vuelta que yo sabía que me iba a decir eso, una vez que lo fui a ver, me fui preparado, y le dije «bueno pero nosotros…» yo era un gurí, ¿no?, tenía 18 o 19 años, recién había arrancado facultad, y sabía que me iba a joder con eso y le dije «bueno pero nosotros Jorge, creamos espacio» eso le encajé, se empezó a cagar de risa, «pero déjate de joder» o algo así me dijo, se me cagó de risa, y me dijo alguna guarangada.
después me retó, la última vez que lo vi, que no me animé a ir de nuevo a su oficina. él me había dicho que fuera sin permiso, que fuera a estudiar, que fuera a estar ahí, a leer un libro, a cualquier cosa, y yo con todo el respeto del mundo imposible ir al despacho ahí de Jorge —yo cuando iba, iba por invitación de la secretaria, de Claudia Soto— y la última vez que lo vi me agarró y me señaló con el dedo y me dijo «¡No fuiste!» a los gritos «¡No fuiste!» y le digo «No…» —primero, me sorprendí que me reconociera en el público, estábamos en un evento, y segundo, no pensé que me fuera a retar así» me dijo «¡No fuiste!» y le dije «No, no, ¿Cómo voy a ir? tengo que pedir permiso» y me dice «¡Vos andá! ¡Vos andá! si querés andá a estudiar, andá a hacer lo que quieras, vos tener que ir allá» —al despacho—, y había quedado en eso
.

—¿Y tendrías alguna anécdota triste para contarme? Que hayas vivido con Jorge, ¿o que te haya provocado alguna mala sensación?

—Con Jorge no. La sensación —y esta anécdota es bastante particular— es de mi madre en realidad, que cuando él estaba ya en coma, luego de haber tenido el golpe en Tacuarembó, como yo te dije soy de Salto, y mi madre había venido a Montevideo, y él estuvo varios días en coma —nosotros obviamente no sabíamos nada— y mi madre se iba para Salto en la camioneta —creo que incluso sola—, y en vez de agarrar por la Ruta 3 —como agarra siempre—, agarró por la Ruta 5, y se cruzó con el convoy que venían sirenas, motos y autos, que traía a Jorge —ya en coma— al Sanatorio Americano. Y mi madre siempre dice —y esto se lo contó a Ernesto Talvi— y mi madre se emocionó mucho, ella dice que fue como una despedida, fue la última vez que lo crucé y lo vi, y fue una despedida, triste, porque venía ya… pero no sé por qué mi madre agarró por la Ruta 5 —esas cosas para los que son creyentes— Dios manda —mi madre lo recalca mucho— en vez de agarrar por la 3, y se cruzó con todo eso, fue una manera de despedirse —simbólicamente— y le quedó mucho a mi madre, y me eriza pensarlo.

—Para sortear este mal momento, y siguiendo con las anécdotas, ¿puedes compartirme una anécdota graciosa que hayas vivido con él?

—Y bueno… ¿Una anécdota cómica? Me voy a despedir de él cuando estaba en su despacho y me dice «Bueno, ¿y cómo anda el viejo?» por mi abuelo, y (se ríe) mi abuelo tenía dos años menos que él, me mira así y me dice «¿Cómo anda el viejo?» con la sonrisa de él ¿viste?, porque habíamos hablado de todo un poco, y me dice eso, «el viejo» era el compañero de él de andanzas de Salto, y «el viejo» tenía dos años menos que él, claro, 87 y 84 años mi abuelo, y yo decía «él le dice viejo a mi abuelo, que atrevido» pensaba yo «¡Viejo sos vos!» le digo.

—¿Vos que crees que es la parte de la personalidad de Jorge que lo lleva a formar parte de dos reformas constitucionales?

—Ese Jorge que yo conocí, ese veterano, tenía una personalidad impresionante, una capacidad impresionante a pesar de su edad, que uno diría que un veterano, de más de 85, u 80, no recuerdo que edad tenía por ese entonces, pero por ahí, diría que está más apagado, pero no, un ímpetu intelectual inmenso. Entonces era un tipo que enfrentaba las reformas, la vida, y estaba permanentemente pensando en el país, en todo el contexto nacional y el tipo tenía la capacidad de pensar, de nuevo, lo que estaba haciendo mi abuelo en Salto, mi abuelo siendo un personaje secundario en la política de Salto ¡de Salto!, imagínate del Uruguay, y con la misma impresionante capacidad, estaba pensando lo que estaba pasando el canciller de la República sobre su próxima… no sé, actuación pública. Entonces, una capacidad abismal, y que claramente lo hace componer con toda esa información que él maneja al mismo tiempo, componer un montón de cosas que le dicen «bueno, yo tengo la razón, esto tiene que ser de esta forma» y en base a toda esa información que él tiene, se siente muy seguro y logra enfrentar esas cosas… imagino yo.

—¿Te acuerdas cuando fue la última vez que conversaste con él?

—Sí, sí. Hablamos de, como yo le digo a todo el mundo, que él hablaba de Talvi, que es verdad, a todo el mundo que tenía alrededor le hablaba de Talvi, estaba muy ilusionado, te estoy hablando de antes de que Ernesto ni siquiera nada. Iba a arrancar los encuentros ciudadanos, que todavía eran en CERES, ni siquiera había arrancado con el encuentro ciudadano, y Jorge ya hablaba de Talvi por todos lados. Hablaba conmigo, con todo el mundo, incluso cuando yo estaba ahí entró un importante dirigente y lo hizo esperar para estar conmigo (se ríe) y me dice «porque tenemos todo armado…» —y ahí entró el dirigente— «¿vos que te pensás que vienen a hacer estos acá? estos vienen a armar…» o sea, el tipo ya estaba armando toda la estructura, la logística, con los viejos carcamanes de lo que se venía. Me habló de Talvi, y de la situación del Partido, yo le pregunté por algún Senador y él me decía que me quedara tranquilo. Y me entusiasmaba mucho, a pesar de ser un gurí de 18 años, el me daba manija con que me metiera y me daba protagonismo de primera digamos…

—Eso lo destacan muchos, la capacidad que tenía Jorge de hipnotizar y darte manija cuando te hablaba.

—Pero es que yo, un gurí de 18 años, ¿qué le puedo dar yo a él?, ¿no?, no sé, futuro nomás, pero promesas, porque en ese momento no era nada, y él me daba información, me dio conceptos de primera mano, cosas que de repente uno no debería repetir, y sin embargo él confió en mí, o me tenía ahí diciéndome cosas… capaz un poco de viejo chocho también ¿no? yo que sé (se ríe) el en sus últimos años ya era bastante imbancable, es real que estaba medio denso, porque claro, a pesar de ser un tipo importante, ya tenía sus años, y se ponía medio pesado —capaz siempre fue así ¿no?— pero del ímpetu que quería las cosas, pero ta…

—Bueno, sobre eso que dices, se puede ver en las entrevistas y en las exposiciones, pero inclusive en la interna dicen que él en los últimos años estaba totalmente fascinado con lo que él llamaba «los 4 tiempos» y la batalla de Trafalgar. ¿Llegó a hablar de eso contigo?

—No, a mí me habló —como te conté por audio— me hizo en 5 segundos —esa vez en la casa del partido— yo fui con mi madre, mi madre iba a saludarlo y yo iba atrás, y agarró frenó y me dijo ahí en 5 segundos me hizo una reflexión a mí —esa fue una de las primeras veces que me empezó a identificar más allá de mi familia— y me dijo que «vos tenés que estudiar porque fijate que en las cartas de Fulano de Tal que era el Canciller —o el ministro— de Luis XIV» —o algo así, uno de los reyes franceses— «él ya le explicaba la importancia al rey de la filosofía y fijate vos la importancia que tenía ya en ese tiempo» eso me lo hizo en un minuto y medio, a toda esa reflexión, yo quedé que dije «¡¿Qué carajo me está diciendo este tipo?!» después lo pasé en limpio con mi madre «Mirá… Jorge te quiso decir esto» (se ríe) pero me hizo esa, no me habló de los 4 tiempos pero me encajó esa.

—¿Y crees que te dejó alguna enseñanza?

—Sí, nos dejó, a mí no, a todos. Nos dejó.
Yo hacía la reflexión cuando él falleció que nos dejó la enseñanza de siempre hasta el final, y encararlo como una pasión —no solo como un deber— sino como una pasión, el trabajo y la labor pública, el servicio al país, es un servicio al país. Los militares tienen su parte heroica del punto de vista físico, de su arrojo, y nosotros —porque yo me siento— que estamos llamados los que nos gusta la política, a un servicio por el país, que nos consume la vida, porque la política te consume la vida, y Jorge fue así. Nos deja enseñanza de que le consumió la familia… el otro día escuchaba a Lacalle Pou en el velorio de Larrañaga, y hacía la misma reflexión, que Lacalle se refería a los hijos de Larrañaga cuando decía que de repente hubieran querido que su padre estuviera más, pero que Larrañaga era un tipo que se dedicaba al país, y Jorge era eso, Jorge Batlle se dejó la familia, es como dijo «antes que mí, antes que mis hijos, antes que todo, está el país», dejó la vida económica de lado, se enterró hasta la manija, se fue a Rivera a hacer negocios con otro conocido de mi familia, con Julio Fross, a ver que comía, en la ganadería… en fin, dejó todo en la cancha, dejó su apellido, porque también, se enfrentó a los ideales de su familia, no vino a conformar su legado de Batlle, no, vino a reconstruirlo, puso al servicio de la reconstrucción ideológica y la reconstrucción de los paradigmas del Uruguay su propio nombre y la historia de su familia. Por tanto, es brutal la entrega y el ejemplo de Jorge y hay que seguirlo. Quienes quieren hacer esto, tienen que entender eso
.

—Pasando a las personales ¿Cómo crees que fue la relación de Jorge —posterior a la presidencia— tanto contigo como con otros niños, jóvenes y adolescentes?

—él era… no te botijeaba, él te trataba de igual a igual, y era muy difícil, porque de repente vos vas a que un político te hable tipo padre, como que vos sos el burrito que no entiende mucho… no, él… me acuerdo una vuelta también —mientras me hablas me hago memoria— de una vuelta que fue a Salto, estamos todos reunidos, y reunió una gurisada, y vino un gurí o alguien y le hizo 4 preguntas, 4 preguntas me acuerdo, fue una impresión también que me dio, que le dijo algo así como «El MERCOSUR, ¿Cómo ves a la pandemia? ¿Qué opinás de los impuestos? y ¿qué opinás de los peajes?» (dando 4 ejemplos al azar) y agarró e hizo: Primera respuesta, le hizo 10 minutos hablando del asunto. Segunda respuesta, ni le preguntó que había sido, 10 minutos más. —Llegó a la tercera y yo no sabía que iba a hablar, porque yo no me acordaba de nada— Tercera pregunta, arrancó a hablar de nuevo. Cuarta pregunta… de nuevo, la capacidad de acordarse… el otro día veía a Lacalle Pou las preguntas de un periodista, ¿viste que le dicen «presidente le voy a hacer dos preguntas en una» y Lacalle Pou le dice que hace señas de que va a anotar, Jorge no. Jorge en la mente, o sea una capacidad… y con los gurises era así, y claro, te apabullaba ¿no? y como te digo, no te trataba del gurisito o niño «a ver te voy a explicar» no, no, te trabajaba en alta, «vos tenés que entender esto que te estoy diciendo», después tenías que sentarte a pensar a ver que había dicho, pero el loco muy de igual a igual, y consejos, a mí me transmitió mucha tranquilidad sobre el futuro del Partido, capaz yo ahí —no me animé a decírselo, lógicamente nunca— pero yo no estaba tan de acuerdo con él (se rie), pero él tenía una seguridad —me parece— que producto de… me parece que le pasa a una generación de colorados, que el Partido Colorado es el partido del Gobierno, que ya nosotros tenemos que cambiar esa cabecita porque vamos cada vez peor, y bueno él seguía con esa idea de que el Partido Colorado… «No… vas a ver», pero me transmitió mucha tranquilidad en su concepto.

—¿Cómo lo recuerdas y cómo te gustaría que sea recordado?

—Yo lo recuerdo como… —estoy tratando de explicarme bien— como un referente intelectual y un servidor de la patria, todo lo que uno tiene de patriotismo, lo ve como un enorme servidor de la patria, un referente desde el punto de vista intelectual. Yo no te diría que quiero ser como él, pero que hay muchas cosas que deberíamos de apuntar a hacer como él en el sentido de la formación intelectual, de la formación técnica porque él tenía un grado de información técnica que lo hacía un tipo integral, entonces hay que tener eso —no te digo ser un todólogo— pero tener alguna idea básica, entonces en eso es un referente, lo recuerdo así, me dejó un ejemplo de vida, si quiero ser un tipo exitoso para la política, tenés que tener un conocimiento… no tocar de oído, tener un poquito de conocimiento técnico.
Y después, del punto de vista de cómo quiero que lo recuerden, como un estadista que, como dice todo el mundo, que salvo al país, un salvador del país —pero no solo él, eh, porque tuvo un equipo y una gente tremenda— pero sin duda que a pesar de ser un tipo muy histriónico, yo no sé si él hubiera logrado —hablando más frio, y más objetivo, fuera de la admiración— si hubiera logrado tanta trascendencia en su presidencia si no hubiera pasado nada, porque es complejo modificar el Uruguay, si vamos a comparar gobiernos liberales Lacalle Herrera también era muy liberal, sin embargo fue un gobierno ahí… uno más. El de Jorge yo no sé si hubiese sido tan… rupturista, pero logro pasar a la historia porque salvo al país de un default económico y lo acomodó por las malas, lo acomodó por las malas, a donde tenía que estar y debería haber estado previo, porque si llegamos a eso fue porque veníamos con determinados desfasajes que Jorge lo acomodo por las malas, y después el Frente Amplio lo volvió a romper por supuesto.

—¿Como te sentiste al momento de enterarte, y los días posteriores, a la muerte de Jorge?

—Fue como perder un familiar, fue como perder un familiar. El tenía muchas similitudes de personalidad con mi abuelo, tenía muy asociada esa imagen de el con mi abuelo, entonces me entro por ese lado, del punto de vista emocional lo tenía ahí, y los días posteriores… lo más imponente que yo viví fue no solo el sepelio de él, donde obviamente fui y caminamos desde la casa del Partido hasta el Central, en esa caminata que era imponente porque los gritos de «¡Viva Batlle!», era erizante. también cuando hicimos el homenaje en la casa del Partido, en la sala que le pusieron «presidente Jorge Batlle», que vino un montón de gente, y vino un montón de gente de Salto, conocidos y de la barra de mi familia, y de la lista de mi familia, que vinieron varios y formamos un ambiente más familiar nuestro, de toda la vida, con mi madre y con toda la barra que estuvo siempre, y cantábamos todos juntos el spot «Me gusta la gente…» (cantando) ¡Pah!, y era ver llorar un montón de gente que yo no había visto nunca llorar, era la sensación de una vieja época que yo viví como niño y que para mí era muy imponente porque las campañas en casa eran muy especiales, revivirlo ahí y verlo que se iba con Jorge, y toda esa barra que sentía lo mismo y que aun hoy siente esa pérdida de esa época y todo eso que Jorge llevaba, de la 15… que hasta aun hoy emociona de pensarlo y a mi también me tiene muy en sintonía con todo lo de mi abuelo, porque mi abuelo era con Jorge, todo lo que pasamos con Jorge era con mi abuelo, entonces me entra por ese lado desde el punto de vista de la emoción.


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