El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

“Hay orden de no aflojar”

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La infortunada noticia del tan trágico como repentino fallecimiento del Ministro del Interior, Dr. Jorge Larrañaga nos ha encontrado a todos en un sábado tan grisáceo y lluvioso como pocos podemos recordar, y está más allá de toda duda la grandeza del admirable “Guapo”, evoco así el concepto de la grandeza como buen colorado que soy, a quien no le duelen prendas al deber elogiar a los dignos adversarios de nuestra colectividad política, puesto que lejos de denostar nuestra historia son los rivales quienes cultivan también la dignidad de la lucha por las ideas. 

El pasado sábado 22 de mayo ha caído en servicio un titán de la Democracia,  aquel político que desempeñó el cursus honorem con gran hidalguía desde su cargo de Edil Departamental de Paysandú por el período 1985-1990, conquistando luego la Intendencia sanducera durante dos mandatos consecutivos para cobrar así una relevancia nacional que le llevaría en el año 1999 a ser electo Senador de la República, cargo que desempeñó con inmensa honradez durante veinte ininterrumpidos años. 

La grandeza del Dr. Larrañaga no puede medirse en sus conquistas políticas, sino en aquello que supo hacer mientras ostentaba semejantes posiciones de poder. Corresponde entonces evocar su gallarda decisión de disputar la candidatura única a la Presidencia de la República en nombre del Partido Nacional en el período electoral del año 2004, luego de una inolvidable derrota en las elecciones generales de 1999, conquistando así la mejor votación que su colectividad ha visto en el siglo XXI.

Hemos perdido a un distinguido ciudadano que supo siempre hacer a un lado su figura por el bien superior de su colectividad, actos que uno respeta con profundidad, pero que más allá de su lucha por la reivindicación nacionalista veló en forma permanente por el interés superior de la Nación desde el lugar que le correspondiere ocupar durante su vastísima trayectoria política. Hemos perdido entonces a un caudillo que luchó en forma incansable para mejorar a nuestra sociedad a través de su óptica tan personal como única e irrepetible.

Recordaremos todos, orientales por encima de lo partidario, al hombre que logró levantarse en cada ocasión que la vida le hizo caer, recordaremos así al Ministro que con su inmensa labor de protección social se ha puesto al hombro el combate de la delincuencia al comandar el Ministerio del Interior desde el pasado mes de marzo de 2020, gestión que nadie podrá negar que su desvelado accionar ministerial le ha entregado al Uruguay una clara e ineludible baja en los delitos de toda clase, al mismo tiempo que conquistaba el respeto de los funcionarios policiales, quienes veían en él a un jerarca digno y honrado que con cada acción procuraba la defensa de la ciudadanía y el respeto hacia la fuerza del orden. 

El país ha perdido entonces a un gran guerrero por la dignidad nacional, pero hoy no solamente es el Partido Nacional y sus correligionarios quienes lamentan el trágico fallecimiento, sino que somos los orientales todos a quienes nos embarga el inmenso sentimiento de congoja ante semejante embate del destino que nos arrebata al noble servidor público que Jorge Larrañaga supo ser desde el comienzo de su vida política. 


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