El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Del rosa desteñido al vivo colorado

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¿Hacia dónde debe ir el Partido Colorado?

Un dilema en continuo debate que parece no resolverse.

El Partido Colorado ha albergado siempre diversas corrientes y esa es una realidad histórica objetiva. También es cierto que, sobre todo durante el SXX, una de esas corrientes fue mayoría abrumadora y le permitió llevar a cabo las grandes reformas y transformaciones del Uruguay. Hoy, inmersos en una crisis de identidad multicausal, nos debemos una reflexión profunda y sincera sobre el futuro del Partido que gobernó al Uruguay por más de un siglo.

Se han esgrimido diversas hipótesis sobre la radical pérdida de caudal electoral del Partido Colorado. Desde los efectos del último proceso de dictadura cívico-militar, el golpe de la crisis económica y financiera del 2002, hasta la falta de adhesión a causa de la ausencia de grandes líderes, entre otras.

Mi intención es analizar el factor ideológico actual, ya que los Partidos y su correcto funcionamiento se deben a la solidez y vigencia de sus ideas y principios. Esto no significa la aceptación de dogmas intocables que no permitan desarrollar nuevas políticas, sino una coherencia histórica que respete las bases del pensamiento que unieron y convocaron a través del tiempo a hombres y mujeres de todos los orígenes, razas y estratos sociales a defender determinada filosofía o visión del mundo y a través de ella un modelo de país que logre el pleno desarrollo y felicidad de todos sus habitantes.

Procediendo con el análisis, es preciso identificar una ruptura en la ideología colorada que comienza en los últimos años del siglo XX y principios del XXI, consolidándose hasta la actualidad, caracterizada por la debilitación del Batllismo como corriente y la aparición tanto de un liberalismo económico más ortodoxo como de sectores nuevos con posturas conservadoras y discursos represivos que incluso compartían puntos de contacto con el Partido Nacional. Atrás fue quedando el Partido Colorado tan liberal en lo político como reformista, humanista y progresista en lo social. Aquel Partido de avanzada, que se detuvo a mirar a donde iba el mundo; que humanizó el capitalismo con José Batlle y Ordóñez y tanto fue así, que incluso logró que muchos socialistas, anarquistas y sindicalistas de la época encontraran en el Batllismo un terreno común, una herramienta para la transformación de la sociedad que utilizaba como instrumento la Ley para lograr tal finalidad, sin necesidad de militar en filas revolucionarias o recurrir a la violencia.

El Batllismo dejaba atrás esa visión del Estado espectador, juez y gendarme, en el cual el mercado actuaba a piacere y donde algún que otro derecho que se entendía natural al hombre, de por sí resolvía la cuestión de la dignidad y el desarrollo humano. Mucho se habla del Estado “escudo de los débiles” pero parece una frase a la que hemos vaciado de contenido. ¿Qué implica ser un Estado escudo de los débiles? A mi juicio, implica entender que el Estado debe dejar de ser un mero observador para intervenir ahí donde sea necesario, ahí donde el mercado no llegue, ahí donde haya minorías o sectores excluidos o históricamente oprimidos, que en los hechos no son iguales que otros de sus compatriotas ante la ley. La igualdad ante la ley es fundamental, pero la igualdad ante la ley implica que esta se cumpla y garantice por los medios necesarios. Porque si no es así, levantémonos de nuestro cómodo asiento y vayamos a un asentamiento periférico a mostrarle a una niña que duerme sobre el piso húmedo en un colchón agujereado que la Constitución dice que “todo habitante de la República tiene derecho a gozar de vivienda decorosa”. O al privado de libertad, nacido en un contexto de violencia y marginalidad, que no come por días, ni ve a su familia, golpeado y encerrado en una habitación putrefacta que se cae a pedazos, que “en ningún caso se permitirá que las cárceles sirvan para mortificar, y sí solo para asegurar a los procesados y penados, persiguiendo su reeducación, la aptitud para el trabajo y la profilaxis del delito.” Considero menester aclarar que acá no estamos quitándole importancia a lo que dice nuestra carta magna, la norma más importante y de mayor jerarquía en nuestro Derecho, lo que sería un ultraje y de poco colorado. Por el contrario, estamos explicando gráficamente que los Derechos Humanos que se consideran inherentes, pero que también evolucionan y deben hacerlo, e incluso aquellos consagrados en nuestro Derecho escrito, no se hacen efectivos en la práctica sin un Estado que facilite mediante instituciones y políticas reales y tangibles su pleno ejercicio.

Sé que el primer argumento contrario a lo que acabo de exponer va a ser cierta “relatividad” en la exigibilidad de algunos de estos derechos, generalmente económicos, sociales y culturales, ya que poseen una característica programática y que son más bien orientativos. Particularmente, considero que en el caso del derecho a la vivienda, por ejemplo, nuestra Carta Magna deja ver también un carácter imperativo en cuanto establece que “La ley propenderá a asegurar la vivienda higiénica y económica, facilitando su adquisición y estimulando la inversión de capitales privados para ese fin”. Hoy en día, más de doscientas mil personas viven en asentamientos irregulares, en una situación de gran precariedad sanitaria y de acceso a servicios básicos mínimos, además de los cuatro mil que se encuentran en situación de calle. No obstante, sería poco honesto ignorar la complejidad jurídica y técnica del tema y lejos está mi intención de entrar en un análisis de Derecho constitucional pues no es el objetivo de este artículo y carezco aún del conocimiento necesario para llevarlo a cabo.

Así que retrocedamos un poco y vayamos a un caso muy concreto para ejemplificar lo que mencionaba con anterioridad sobre el efectivo y pleno ejercicio de algunos derechos y la importancia de los hechos y la realidad social. “Fuerza es legislar con arreglo a lo que sucede” decía Batlle y Ordóñez y aunque breve, la encuentro una de sus frases más interpelantes, ilustrativas y contundentes. Allá en los albores del SXX, la mujer no estaba, por ley, impedida de acceder a la educación secundaria y terciaria (preparatoria) en nuestro país. Sin embargo, en la práctica, las costumbres y usos sociales de una sociedad machista y reticente a que la mujer proyectara una carrera que la independizara del hombre, veían con malos ojos y condenaban la educación femenina. Por tanto, para ella, compartir en esa coyuntura una institución con hombres causaba que terminara desistiendo. Como respuesta a esta realidad se origina el nacimiento de la Universidad de la Mujer, fundamental para que las mujeres de la época pudieran llevar adelante sus estudios terciarios en un ambiente propicio para ello.

Podrían citarse centenares de ejemplos similares. Sin embargo, suelo advertir que hoy en día, el lograr hacer efectivo derechos ya conquistados, o seguir avanzando en nuevos derechos y libertades parece no tener lugar en nuestra agenda de preocupaciones; o de tenerlo, ocupa uno totalmente marginal y secundario. De hecho, parecería ser que todo lo que nos preocupa, en donde centramos todos nuestros esfuerzos y pensamiento, es en el crecimiento económico, el déficit fiscal y el gasto estatal. Que no se malentienda, no intento hacer una falsa oposición entre una cosa y la otra. Sin crecimiento económico, no hay Estado que pueda financiar políticas sociales fuertes y destinar recursos a la Educación y Salud Pública, por ejemplo. No advertir esto en los tiempos que corren es hacerse trampas jugando al solitario. Ahora bien, parecería ser que la libertad económica lo es todo, imponiéndose en el centro de la discusión y acaparando el debate a veces en detrimento de cuestiones sociales, que pasan a un sitio rezagado y totalmente secundario. Y aclaro, estoy, en principio, a favor de esta. Mi interrogante es: ¿Desde cuándo aceptamos cualquier propuesta o idolatramos a cualquier salvador que prometa desregularizar el mercado y desmonopolizar empresas que causan déficit, a costas de tirar por la borda el progreso social y pisotear los valores de una sociedad vanguardista y solidaria que nos costó siglos construir? ¿Desde cuándo son para nosotros más importantes los números en verde y el sagrado superávit que el hecho de que una adolescente se vea nuevamente dispuesta a correr el riesgo de morir en una clínica clandestina, o a ser estigmatizada y juzgada, por no querer ser madre en un determinado momento de su vida?; ¿Desde cuándo, me pregunto con verdadera tristeza, nos importa más bajar impuestos a que una persona que no puede más con su dolor y agonía no pueda pedir irse de este mundo en paz consigo misma, de la manera en que ella desea?

Quiero encauzar mi reflexión de la siguiente manera: la economía es importante y tan dinámica como el propio mundo. Podemos tener diferentes visiones o pequeños matices sobre cómo manejar el déficit, la deuda externa, qué regulaciones son realmente necesarias y qué impuestos son potencialmente suprimibles. Ahora, creo que existe algo muchísimo más importante que las cuestiones económicas y financieras a la hora de reconstruir nuestro pensamiento político hoy. Esto requiere de un sinceramiento que se lo debemos a la ciudadanía, a nuestro enorme Partido y a los ideales mismos que supimos ignorar por décadas.

Y acá radica gran parte de la cuestión ¿Vamos a aceptar, priorizando cuestiones económicas, convertirnos en un Partido social y políticamente conservador? ¿Vamos a aferrarnos a un liberalismo meramente económico para soltarle la mano al liberalismo que entiende que para ser libre primero tenés que tener la panza llena, un lugar donde poner los pies y un acceso real a educación de calidad? Yo realmente espero que la respuesta sea negativa.

Debatamos sobre todos los temas, hablemos de números, de grandes autores y pensadores, de bases filosóficas y hagámoslo con respeto, altura, unidad y con la pluralidad como bandera. Pero quizás, antes que eso, pongámonos de acuerdo de una vez en algunos temas que, a mi humilde entender, tocan la fibra moral y ética del pensamiento de la sociedad uruguaya. Cuestiones que tienen que ver con la dignidad humana misma y con el tipo de sociedad que queremos construir para el resto del siglo, la sociedad que vamos a dejarle a las nuevas generaciones. Animémonos, a empezar a transmitirle un mensaje claro y contundente a la ciudadanía. ¿Es importante para nosotros, como colectividad política, que las personas sigan pudiendo amar libremente a quienes quieran y que gocen de su sexualidad plenamente? ¿Está bien seguir normalizando que las mujeres deban seguir caminando por las calles con miedo a que un individuo que fue criado creyendo que por ser hombre tenía el derecho de gritarle el primer disparate que se le viene a la cabeza, lo haga? O incluso peor, ¿La viole y la asesine? ¿Consideramos aceptable, que en un país como el nuestro, en el que nadie debe ser privado del derecho al trabajo, una persona trans no pueda acceder a uno y le sea negado constantemente de manera arbitraria limitando sus proyectos personales y atentando contra su dignidad? ¿Debe, al menos, interpelarnos, el hecho de que muchas mujeres en situación de vulnerabilidad, para poder mandar a sus hijos a la escuela se resignen a vender su cuerpo y ser víctimas constantes de amenazas, violencia, degradación y hasta de correr el riesgo de ser raptadas y alejadas de sus familias para satisfacer los deseos sexuales de otros hombres en algún otro rincón del planeta? ¿Creemos humano y necesario que las personas puedan decidir sobre el final de su propia vida? ¿Vamos a seguir ignorando a la ciencia y negar que el cambio climático es una amenaza real, que está comprometiendo el futuro y el presente de niñas y niños de los países más pobres del mundo?  ¿Tenemos la convicción de que es necesario dejar atrás la obsoleta y retrógrada visión punitivista del delito para lograr una reforma carcelaria profunda que erradique, de verdad, la violencia y la inseguridad pública? ¿Vamos a seguir mirando para el costado o negando el hecho de que la deserción estudiantil y la delincuencia están estrechamente relacionadas con la pobreza, la primera infancia y la calidad de vida en la crianza de los niños? ¿Llegó la hora de enviar un mensaje institucional y de compromiso claro, dejando de una vez cuestiones político-partidarias de lado, que la búsqueda de los desaparecidos en el último período de facto y el reclamo de sus familiares debe ser un asunto de Estado y que nos toca a todos, como sociedad?

Muchos tendrán respuestas categóricas a las interrogantes que acabo de plantear, puede que algunos coincidan o discrepen firmemente con mis planteos, otros, quizás, los encuentren totalmente ridículos, descabellados o hasta impertinentes. Habrá también, los que consideren que algunos de estos temas han sido ya laudados y que al estar incluso regulados por ley, no tiene mucho sentido seguir destinándoles esfuerzos o levantando sus banderas. A estos últimos quiero transmitirles un mensaje: Retroceder no solo es prohibir y derogar. No avanzar es también retroceder. No perfeccionar, no ir por más y ser rehenes del status quo, también es retroceder.

Si todo esto pasó a ser menos importante que la política económica, y si nuestro único objetivo, a cualquier costo, es derrotar a uno de los dos bloques políticos que parece se han conformado, fomentando la polarización, disolviendo las identidades partidarias y como consecuencia dañando la salud de nuestra democracia, en vez de enfocarnos en qué proyecto y visiones de país tenemos nosotros, como colectividad política que gobernó al país por tanto tiempo bajo los ideales de justicia y progreso a través de la reforma, entonces el Partido Colorado y el Batllismo habrán perdido su razón de ser. En caso contrario, y confío en que así sea, quizás y a pesar de todo, todavía tengamos la oportunidad de dejar atrás el rosa desteñido y volver al vivo colorado.

“El Batllismo nunca respondió a un sistema rígido de ideas ni a un conocimiento dogmático del mundo. […] No se propone alcanzar una forma ideal de sociedad. Cree simplemente en el hombre, en su perfectibilidad, en los poderes creadores de su espíritu. Cree que los sistemas sociales evolucionan y que la ciencia crea constantemente nuevas condiciones capaces de afirmar cada vez más el reino de la justicia. Por eso, nuestro Partido, nunca fue otra cosa que una forma agnóstica y positiva de servir a la comunidad. Dentro de soluciones basadas en la idea de la libertad y en el respeto de la dignidad humana, busca en cada momento del desarrollo histórico los niveles de vida económica y social de los países más adelantados, sin considerar si la nueva situación creada gracias al progreso, corresponde a una concepción determinada de la sociedad o de la historia. Le basta saber a su espíritu que el paso dado hacia adelante sirve para consolidar los principios eternos: paz, fraternidad, libertad y justicia.

Por eso no sigue ninguna de las tendencias corrientes. Tiene, en primer término, frente al marxismo, una actitud clara y combativa. Entiende que el socialismo y el comunismo nada tienen que ver con nuestro tiempo profundamente revolucionario ni con nuestros graves problemas de desarrollo ni con los pecados de nuestra época. Nuestro Partido cree que las ideas de Marx solamente pueden subsistir políticamente como una simple creencia popular…

Tiene también una posición clara y combativa frente al viejo liberalismo político y una expresión de enérgico repudio para los crímenes y desigualdades que toleró.

No desconocemos la significación ni las dificultades de la lucha que debemos iniciar, pero recordamos que si Batlle llegó al poder y si formó luego un gran partido político, fue por su indeclinable actitud combatiente.

Al aceptar esta alternativa, no nos olvidamos de la vida de los grandes líderes: Rivera, Joaquín Suárez, Garibaldi, Flores, César Díaz, Manini Ríos, Brum, Serrato, Arena y recordamos que Batlle y Ordóñez luchó contra la religión, contra el latifundio, contra el caudillismo, contra todas las fuerzas avasalladoras del pasado, sin detenerse nunca a medir el poder real o aparente de sus enemigos. Le bastó únicamente estar convencido de que defendía una causa justa. Su fuerza era la razón y su arma la discusión pública. Cuando él creía poseer la verdad, la lanzaba a todos los vientos y de todos los vientos venían las simientes de la victoria. Por eso, con la razón, venció a las oscuras fuerzas del pasado.

Por eso -si tenemos algo que decir en este momento- siguiendo su enseñanza, digámoslo con valor y claridad. Si Batlle, hubiera entrado en especulaciones […] y si hubiera vacilado, […] si se hubiera detenido […] no hubiera surgido seguramente -en este tibio meridiano de América- una democracia pequeña pero venturosa, que hoy sirve de ejemplo y orgullo a todo el continente.” ¹

¹Fragmento de Los Ideales del Batllismo del Dr. Francisco De Ferrari


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3 comentarios

  • Ceviro
    Ceviro

    Comparto la inquietud del autor de este artículo respecto al devenir del Partido Colorado y del Batllismo. Creo que la impronta liberal en lo político nunca se perdió, a diferencia de la sensibilidad social que gradualmente fue cediendo espacio en aras de un enfoque liberal en lo económico. Nadie puede negar la vital importancia de una Economía saneada para la concreción de aquellas políticas de gobierno que permitan no sólo un buen funcionamiento administrativo sino también una constante evolución en la calidad de vida de la sociedad, pero lo que desde siempre diferenció al Batllismo de otras opciones fue su característica humanista que ponía en el centro el desarrollo personal, de modo que lo económico debe supeditarse al servicio de la sociedad y nunca al revés.
    Las referencias sobre el Batllismo del Dr. Francisco de Ferrari, así como la frase del propio Batlle y Ordóñez : “Fuerza es legislar con arreglo a lo que sucede” son ejemplificantes de lo que fue, es y debe seguir siendo el Batllismo. Algún comentario que aquí se observa debe analizarse como de quien proviene, que obviamente no es batllista. Tratar de simplificar aduciendo que se trata de “cazar el voto de 3 frentistas desencantados” o de “salvar al Partido Colorado” por el hecho de preocuparse por rescatar la matriz social del Batllismo, implica desconocer que el Partido Colorado ha sido históricamente y debe volver a ser la mejor herramienta para mejorar la calidad de vida de los uruguayos desde el país modelo que supo construir, lo que requiere obviamente volver a crecer electoralmente, para lo cual lo primero que se necesita es que vuelvan los “colorados desencantados” que dejaron de votarnos, sin preguntar de donde vienen. El Batllismo es reformista, pragmático frente a los nuevos desafíos, pero manteniendo esa impronta social que parece molestar a algunos, al punto que tachan de “anacrónico” el mantener políticas que propendan a mejorar las condiciones de vida de los más postergados, lo que no debe confundirse con el mero asistencialismo frentista. Batllismo no es populismo. Si bien el volver a las raíces no asegura el crecimiento electoral, lo que está garantido por la experiencia es que desde que el Batllismo fue arriando banderas el Partido Colorado no dejó de reducir su caudal electoral hasta el magro porcentaje actual, y a desdibujarse al punto de que no resulta fácil hoy diferenciarse de otros integrantes de la coalición, lo que puede resultar funcional a quienes critican abiertamente este artículo. Como colorado y batllista, aplaudo que en El Día se efectúen planteamientos como el que sugiere el autor de este artículo.

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  • Fernando Bonilla
    Fernando Bonilla

    Usted comienza diciendo que los partidos y su correcto funcionamiento se deben a la solidez y vigencia de sus ideas y principios, y se olvida de algo muy importante, se olvida de los valores, y los abandona totalmente, con el único fin de salir a cazar tres votos de frenteamplistas desencantados, que pudieran haberse ido del frente, buscando lo mismo que ahí le ofrecen, cosa difícil, salir a buscar lo que ya tienen.
    Cuando habla de que existe un especie de ruptura en la ideología colorada que comienza a fines del siglo XX, y genera una dicotomía Batllismo-Liberalismo, parece desconocer totalmente la historia del partido, que desde sus orígenes fue un partido liberal, que Battle y Ordoñez era un liberal, y lo peor, confunde el verdadero Batllismo con la predica actual, donde todos quieren ser batllistas, aunque todos piensan y actual diferente entre si.
    Estamos en un Uruguay donde el estado dejó de ser el “escudo de los débiles” y paso a ser cada día más, estado escudo de los vivos.
    Cuando establece que hay ciertos derechos fundamentales, como el acceso a una vivienda digna, reclama que esto tiene que ser mediante instituciones estatales, las cuales no faltan, y tampoco solucionan. El mundo es muy chico hoy en día, y es muy fácil ver que los países donde es el estado que se encarga de eso, precisamente es donde escasea, y donde la gente vive en viviendas decorosas, es donde cada uno se busca su propia solución, y no tiene al estado como lastre.
    Es fácil predicar que quien quiere desmonopolizar pretende “tirar por la borda el progreso social y pisotear los valores de esta sociedad”, cuando en cambio son esas “empresas publicas” las que vienen pisoteando un día si y otro también el progreso, la generación de oportunidades, y nos vienen costando bastante más que hacer viviendas decorosas.
    Es casi irrespetuoso predicar que quien entiende que la solución es más liberal que populista, quiere destruir esta “sociedad vanguardista”, usted esta atrasado 100 años, esa sociedad no existe hoy en el Uruguay, si existe, una sociedad en decadencia víctima de lo que usted predica, que es lo que se puso en practica no hace mucho.
    Los números verdes le parecen poca cosa, tal vez alguna vez escucho que “no hay almuerzo gratis” alguien paga la fiesta, si no es ahora, serán nuestros hijos y nietos, muy preocupado que parece por las generaciones futuras, y pretende que ellos le paguen el almuerzo, buen legado les quiere dejar.
    Usted debería saber que los países con mayor libertad económica, son los mismos países que tienen menor desocupación, mayor calidad de vida, son los países donde no existen los cantegriles como acá, donde todas las viviendas son decorosas, donde los deficit fiscales son bajos o no existen, porque uno considerado pobre en Suiza, vive mejor que un clase media nuestro, porque la gente gana bien y se soluciona sus problemas. Los populistas ofrecen mundos ficticios, en cambio el liberalismo te muestra acá en al tierra que los liberales de verdad viven de primera.
    Pareciera que le interesa mucho el respeto a la constitución y la ley, ahora, la constitución establece claramente en su Artículo 55.- “La ley reglamentará la distribución imparcial y equitativa del trabajo”. Nada lo vi decir de las ultimas leyes que violaron este articulo otorgando cuotas por distintos motivos, para el ingreso a la actividad publica, eso está muy lejos de que todos deberíamos ser iguales ante la ley.
    Me pregunto ¿su idea es predicar el respeto a la Constitución, o solo la parte que le gusta?
    Sin dudas, la educación es el gran problema, pero no solo el acceso a la misma, sino la calidad de esta. Es cada vez más difícil pasar por la Udelar y no salir adoctrinado, y lo peor es que ni cuenta se dan.
    Es triste ver cómo usted con su afán de “salvar al Partido Colorado”, no tiene miramientos en destruir la república, su receta no es original, es la del Frente Amplio, no hay nada nuevo en su vision, ya se probó, los resultados están a la vista.

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  • Walter Raymond
    Walter Raymond

    Hace poco descubrí este “El Día”. Me pareció que entre los temas partidarios que no me convocan, aportaba sin embargo algunas ideas interesantes o por lo menos presenta aportes para una discusión. A través de Tw llegué a este artículo que me sorprende. Como ciudadano uruguayo residiendo en el exterior, pero trabajando parcialmente en Uruguay, no participo de la discusión política interna de los partidos aunque si tengo una clara posición en contra de los totalitarismos, populismos y agendas garantistas embozadas como progresismo.

    Se expresa en el artículo de referencia que “Procediendo con el análisis, es preciso identificar una ruptura en la ideología colorada que comienza en los últimos años del siglo XX y principios del XXI, consolidándose hasta la actualidad, caracterizada por la debilitación del Batllismo como corriente y la aparición tanto de un liberalismo económico más ortodoxo como de sectores nuevos con posturas conservadoras y discursos represivos que incluso compartían puntos de contacto con el Partido Nacional. Atrás fue quedando el Partido Colorado tan liberal en lo político como reformista, humanista y progresista en lo social”.

    Más allá de algunas afirmaciones cuestionables como lo de “discursos represivos”, creo que allí se señala un esbozo de evolución y una apertura a la discusión ideológica más acorde a los tiempos presentes, al rol que debe jugar el Estado y cómo debe administrar los recursos, que siempre debe tenerse presente es dinero que aporta el ciudadano producto de su trabajo para que el Estado organice y brinde la cobertura necesaria para el desarrollo individual y social: Seguridad, Salud básica, Educación básica, infraestructura y Justicia. A partir de allí, y con el uso pleno de sus libertades, los ciudadanos sabrán desarrollar su potencialidad individual beneficiando al conjunto.

    Debiera quedar claro que el Estado no está para proporcionar vivienda higiénica y económica ni llenar la panza de nadie. Debe sí, crear el ámbito propicio para que los ciudadanos puedan adquirir o construir su vivienda de acuerdo al esfuerzo que realicen o estar atento a la creación de empleos para que cada uno con el producto de su trabajo se alimente de la manera que crea más adecuada. La cuestión es clara, a mi entender, cuando se habla de Derechos Humanos y supuestos derechos de minorías o sectores, pero que estos se otorgan en desmedro del resto de la sociedad, se está intentando establecer una agenda garantista a expensas de los demás ciudadanos. Cuando se habla de “empresas fundamentales del Estado” se está aceptando que existe una manifiesta incapacidad de este para crear ámbitos adecuados para la libre competencia y empresa de sus ciudadanos. En el predio de la Exposición Rural de Buenos Aires existe un cartel desde hace decenas de años y que provoca urticaria a los populistas y estatistas: “Achicar el Estado es agrandar la Nación”. Es sublime. Sencillamente sublime frase acuñada por la denominada “oligarquía agro-ganadera” que no son más que productores independientes que ponen en juego su capital en cada siembra y que con su producto generan trabajo, ingresos al país y desarrollo. Entiendo que es por ahí el camino, el futuro de los países y en particular del Uruguay. Producir, bajar costos innecesarios, respetar las libertades individuales y de empresa y la propiedad privada. Desligarse de empresas monopólicas y deficitarias que no tienen razón de ser administradas por el Estado. Esto no es Cuba, es Uruguay. Después, cada ciudadano sabrá que hacer con su dinero bien ganado. Por ejemplo, la señorita que menciona el artículo que desea abortar podrá elegir libremente en qué establecimiento médico hacerlo de cuerdo a sus ingresos sin tener que preguntar a ningún burócrata ni que el resto de los ciudadanos le pague la intervención. También, que el señor que vive de manera indigna en una vivienda de cartón y chapas pueda ir comprando ladrillos y sumando hileras cada domingo. Porque pedir vivienda conveniente por estar escrito en la Constitución Nacional es de vivos. Indigno para los que pagan alquiler sin chistar. Que quién quiera tener más, comprarse algo o lo que sea, que trabaje más y mejor, que también estudie, para no tener que usurpar terrenos, viviendas, salir a pedir o robar.

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