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Comunismo Democrático

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Las recientes manifestaciones y protestas que se están desarrollando en Cuba por las faltas de libertades civiles y la incapacidad del gobierno en enfrentar la situación sanitaria exitosamente ha dejado expuesto el autoritarismo real que existe en la isla caribeña. Este hecho ha conmocionado el escenario político, con líderes de todos los países americanos comentando sobre los desenlaces que ocurren en dicho país. A nivel local, este hecho ha servido para seguir acrecentando la división entre los partidos que componen la “coalición multicolor” y el Frente Amplio, con los primeros proclamando su apoyo a los manifestantes cubanos, y los segundos, al gobierno y el proceso revolucionario.

Esto ha generado críticas para con la coalición de izquierda y, en particular, el Partido Comunista quien, apoyando abiertamente al gobierno cubano, es acusado de autoritario. El problema con las críticas es que se basan en la idea de que el Partido Comunista se rige bajo los mismos principios filosóficos que los que fundaron nuestra República: los valores de la ilustración y el liberalismo. El Partido Comunista basa su accionar bajo la dialéctica materialista, definida como “la tesis de que la producción y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos, y junto a ella la división social de los hombres en clases o estamentos, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos”. En el primer artículo de los estatutos aprobados por el 5to Congreso Extraordinario en el año 2007, se establece que el Partido Comunista “es la unión voluntaria y combativa de los comunistas, que orientados por la ideología científica del marxismo leninismo, luchan para que la clase obrera uruguaya desempeñe su misión histórica, social, política, ideológica y guíe la marcha de los trabajadores y el pueblo uruguayo hacia el socialismo y la posterior edificación del comunismo”. 

Para entender las implicaciones del artículo mencionado, es necesario tener claras las concepciones teóricas de Marx y Lenin sobre la democracia y el liberalismo. En el Manifiesto Comunista escrito en 1848 por Karl Marx y Friedrich Engels, postulan que a través de toda la historia humana, la sociedad se dividió en 2 clases sociales antagónicas: los explotadores que, siendo minoría, controlan los medios de producción (su versión actual siendo la burguesía) y los explotados que, siendo la mayoría, sobreviven apenas para darles los frutos de sus esfuerzos al primer grupo (la clase proletaria). Según los autores, la burguesía se ha desarrollado en base a su capacidad de explotar a los proletarios cada vez a mayor escala, y es debido al crecimiento del nivel de explotación que los antagonismos entre las clases y las contradicciones del sistema económico en el que se encuentran culminará en la emancipación de los vulnerados mediante una revolución violenta, una centralización y división ecuánime de los medios de producción en manos del Estado. Como consecuencia del fin de la explotación, el Estado (cuyo motivo de existencia es la facilitación de la explotación y represión burgués) se extingue bajo el peso de sus propias contradicciones, creando así una sociedad sin clases sociales, opresores y oprimidos conocidos como el comunismo. En sus palabras, “El proletariado se valdrá del del poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posibles las energías productivas”.

Este proceso fue desarrollado en mayor profundidad por el revolucionario ruso Vladimir Ilich Lenin quien en su obra Estado y Revolución hace mención a la democracia y al republicanismo como elementos del aparato estatal opresor y, por ende, objetos a ser disueltos. Entiende a la República democrática como “la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de todas, cimenta su poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este poder.” Sobre la democracia, considera que “es una forma de Estado, una de las variedades del Estado. Y, consiguientemente, representa, como todo Estado, la aplicación organizada y sistemática de la violencia sobre los hombres.” Argumenta que el peligro del parlamentarismo está en su forma de aplacar el fervor revolucionario, “decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, no sólo en las monarquías constitucionales parlamentarias, sino en las repúblicas más democráticas”. De esta forma, queda claro que para el marxismo-leninismo la democracia liberal y el republicanismo no son más que un privilegio burgués que funciona en pos de mantener vigente al Estado opresor y, como consecuencia, debe ser llevado a la extinción una vez realizada la revolución proletaria.

Retomando las manifestaciones en Cuba y la postura adoptada por el Partido Comunista de Uruguay, uno entiende que es completamente coherente con la filosofía desarrollada. El problema no es con la coherencia sino la convivencia, y acá surgen las interrogantes ¿Cómo puede coexistir en nuestro sistema republicano un partido que abiertamente rechaza sus bases filosóficas? y ¿Cómo puede un partido político buscar perfeccionar a la República democrática cuando su objetivo es destruirla?

Bibliografía:

  • Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico. Engels, F. (1880).
  • Estatutos del Partido Comunista de Uruguay (2007).
  • Estado y Revolución. Lenin, V. I., (1917).
  • Manifiesto Comunista. Marx, C. & Engles, F. (1848).

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