El Día

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Un Gobierno para evolucionar… ¡Y se nota!

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En la campaña del 2019, aquella que fue tan distinta y emocionante hasta -literalmente- el último segundo, Luis Lacalle Pou encaró su estrategia bajo el eslogan “Un gobierno para evolucionar”. Sin lugar a duda, el uso de esa frase en un país tibio, que le cuesta salir de su zona de confort, fue un gran acierto. Sin embargo, la cosa se pone brava cuando vamos a la definición biológica, que claramente es a la que refería la publicidad de Lacalle, de la palabra “evolucionar”, que según la RAE es: “Proceso de transformación de las especies a través de cambios producidos en sucesivas generaciones.”

   ¿Por qué se pone brava la cosa?, se preguntarán ustedes leyendo lo anterior. Bueno, es bien sencillo: “evolucionar” supone seguir dentro de la misma especie, cierto, mutando, pero todo dentro de lo mismo. ¿Y por qué sería malo esto?, podrían replicar, y yo me voy a poner exquisito y voy a referenciar a Aristóteles. Sucede que el crack de la filosofía que era este señor, en su momento habló de un concepto llamado “esencia”, donde -entre otros comentarios- él decía que las cosas, inclusive los seres vivos, tenemos aquello que denominaba “esencia”, y que ella limita lo que se conoce como nuestro “ser potencial”, es decir, lo que podemos llegar a ser. Por ejemplo, si yo nací ser humano, tengo la potencialidad de ser bombero, o periodista, pero nunca la potencialidad de volar como un ave porque eso no está en mi esencia. Ahora, la cosa se pone más fullera cuando Aristóteles habla de que dentro de esa esencia puede haber mutaciones, evoluciones o como le queramos decir, pero que esos cambios no podrán cambiar la materia que compone a nuestra esencia. En definitiva, vos podés teñirte el pelo, cambiar de género u otros cambios más grandes, pero tu esencia va a ser siempre la misma; la de ser humano. En consecuencia, cuando Lacalle Pou nos propone “un gobierno para evolucionar” y no armar un estilo de gobierno desde cero, nos dice que la esencia frenteamplista, que nos estanca en el pasado y está plagada de vicios, la podrán maquillar pero sigue siendo lo mismo.

   “A mí me gustan los gobiernos populares. Y cuanto más al centro, mejor.” Sin perjuicio de analizar qué es el centro y qué quiere decir que un gobierno sea “popular”, así como dejando de lado el olor a brisa bolivariana que tiene decir frases de ese tipo, esta cita del Presidente Lacalle Pou es una clara muestra de que la esencia frenteamplista no se ha ido. Hojaldre, no quiero decir que el Frente Amplio sea de centro, porque cada día está más a la izquierda que la propia Cristina Kirchner, pero esta frase se suma a un cúmulo de equivocaciones que podrían costarle el gobierno a la Coalición Multicolor. Por un lado, asumirse a uno mismo en el centro implica asumirse como un tibio, ni pelado, ni con dos pelucas, y aparte de calentar a un pueblo, porque no se es lo suficientemente pelado ni lo suficientemente peludo, significa que hay un rechazo a hacer los cambios que son tan necesarios. Pensemos por ejemplo en la desmonopolización de ANCAP, un tema que los Partidos Tradicionales en su mayoría mencionaban cuando éramos oposición y que no llevarla a cabo aumenta el IPC por todos lados. Sería lógico pensar que, una vez en el gobierno, Lacalle, que está a favor de esta iniciativa que es la ÚNICA opción para que el combustible sea más barato (aparte de bajar el IMESI, que no lo van a hacer porque tampoco quieren achicar el Estado producto de la tibieza), lo hiciera. Pero no, cedió ante la presión de los sectores amantes del Estado de toda la Coalición, incluso dentro de su partido, porque, aunque no lo quieran reconocer, el wilsonismo tampoco está a favor de esto. ¿No les parece que, en un país tan presidencialista, Lacalle Pou debió haber presionado más con esa reforma? Y lo peor es que somos tan desgraciados que se terminó alcanzando un acuerdo con el Frente Amplio, que son los padres del agujero de ANCAP, para no terminar el monopolio y tan solo el senador Germán Coutinho no votó dicho acuerdo e insistió con votar el artículo como venía de Presidencia, que era desmonopolizando. ¡Solo un senador en treinta y uno (incluyendo el voto de Argimón)!

   Es obvio, evidentemente hay una responsabilidad de los socios de la Coalición que no quisieron acompañar esas y otras propuestas, pero hubiera sido hasta justificable que Lacalle Pou le dijera a Manini “Si no me votás esto te dejo sin presupuesto en Vivienda”, o que a Talvi que le armara otro quilombo. De todos modos, no, este Presidente, al cual banco aunque me molesten estas actitudes, como en otras ocasiones prefirió quedarse en aguas calmas y tibias, priorizando su personalismo y poniendo al pobre Álvaro Delgado a justificar lo injustificable en cada conferencia donde se le pregunta por la suba de combustibles.

   Repito, como ese ejemplo hay millones, pero tampoco voy a aburrirlos tanto, porque como dicen, “para muestra basta un botón”. Ya ha pasado un año y medio de gobierno y uno nota que la mayoría de los temas clave que apremian a los uruguayos siguen igual, y desde mi punto de vista, no hay pandemia que sirva de excusa. Yo entiendo, al Presidente le toca lidiar con delirios socialistas a diario dentro de la Coalición, con gente que propone más regulaciones, más impuestos, más organismos y, en definitiva, más Estado, pero también pienso que es el momento de ponerse los pantalones y hacer lo que se le encomendó en noviembre de 2019: terminar con los vicios frenteamplistas, cosa que salvo en seguridad, no se nota que se esté haciendo o queriendo hacer. Sin dudas el ganar el referéndum de la LUC puede dar otro panorama y animar al gobierno a hacer más cambios, pero en el supuesto de que dicha elección se lleve a cabo en marzo del año que viene, Lacalle Pou tendrá un año y medio para hacer los cambios que se necesitan, ya que en agosto del 2023 comienzan los aires electorales, y eso es poco tiempo. De todos modos, yo soy optimista por naturaleza, por lo que deseo de corazón que dejemos de lado la evolución y pasemos a la transformación del Estado uruguayo, que tan necesaria es. Más vale perder con la conciencia tranquila que por ser la copia china y barata del Frente Amplio.


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