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Rivera y el episodio en Salsipuedes ¿Fue genocidio?

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“Yo creo que se han dicho muchas barbaridades en la historia nacional, pero tal vez la más grande es acusar a Rivera de genocidio por una batalla que tiene 40 muertos” Lincoln Maiztegui, historiador.

Daba inicio en la década del 30, allá por el siglo XIX, el nacimiento de un pequeño país, nuestro Uruguay. Su primera Constitución otorgaba cierta autonomía luego de un largo proceso atado a las complejidades. El contexto de nuestra flamante nación era el de un vacío demográfico de una población de alrededor de 75.000 habitantes que tomaban la ganadería y agricultura como medio de vida, con descendencia y antecedentes coloniales, pero lo que más llama la atención en esta nueva etapa es la aparición de una figura omnipotente, se exhibe el Estado. El nuevo orden es encabezado por Fructuoso Rivera. Los inicios del territorio independiente no fueron sencillos, los gobernantes se encontraron con instituciones primitivas e inexperientes de todo tipo de gestión, qué además, cargaban con numerosas deudas económicas y principalmente, demandas sociales.

Marcada estaba la ruta para la civilización de la joven sociedad uruguaya, pero entre las súplicas urgentes que acomplejaba la comunidad, presentábase buscar una pronta solución para los bárbaros indios Charrúas, quienes atentaban con el anhelado proyecto modernizador, que en sus cometidos figuraba asentar las bases para el futuro. Estos, en su mayoría no se integraban al plan debido a las atrocidades que cometían, como por ejemplo: asaltar estancias, robo de cabezas de ganado, atentar contra la propiedad, violaciones, rapto de mujeres, y así, otros actos de índole troglodita.

A percepción de todos había un choque de civilizaciones, aplicados enfrentados a una etnia amenazante. Mancomunados vivían los pobladores por el cansancio de presenciar los actos mencionados. Figuras preponderantes cómo el comandante militar Juan Antonio Lavalleja dan órdenes y aprobaciones para actuar ante los escasos indígenas, donde el mismo le aconsejaba “tome las providencias más activas y eficaces…”. Es por ello que frente a la unanimidad de los grupos que configuraban la sociedad es que el presidente Rivera forma un plan para satisfacer la demanda.

En Salsipuedes, un 11 de abril de 1831 el ejército del caudillo accionó frente alrededor de unos 300 o 400 indios, en estos números se cuenta la presencia de sus familias, dejando entre 20 y 40 decesos charrúas. Ocurrió uno de los episodios más controversiales de la historia nacional. ¿Fue un genocidio?

A partir del hecho hasta el presente, paulatinamente ha tomado fuerza el relato de se ha de fundamentar el suceso como un genocidio. Lo cual es totalmente ilógico si uno lo piensa coherentemente, ya que no se buscaba terminar con ellos por el fundamento de que fuesen indios, el motivo era culminar con sus feroces actos charruistas que atemorizaban la sociedad. La batalla con los mencionados data de principios de 1700, donde jesuitas los atacaron dejando un saldo de aproximadamente 500 muertos, o décadas más tarde cuando el gobernador de Buenos Aires levanta una fuerte persecución en su contra; venidos a menos cuantitativamente por reiterados acciones en su oposición se encontraban, por lo que es de afirmar que en tal ocasión, el mal llamado “genocidio” provendría desde la época de la colonia si se quiere, siendo en todo caso este el fin de un extendido proceso, en el que el factor común en medio de quienes los arremetían es el mismo: su estilo de vida atentaba al resto. ¿Alguien alguna vez escuchó que José Joaquín De Viana fue un genocida? El gobernante de Montevideo mató inmensas cantidades de indios y jamás se le ha adjudicado tal distintivo. Salsipuedes sería un episodio diminuto en una larga lucha versus un sobrante que no se acoplaban a la criolla manera de vivir. Además, han intentado adjudicarle a Rivera un acto de racismo, es otro error, teniendo en cuenta que poseía popularidad entre los mismos y que principalmente, su ejército estaba compuesto en su mayoría por indígenas guaraníes.

Como le tocó al primer presidente le pudo suceder al segundo, lo sostienen varios historiadores. Don Frutos Rivera, fue el caudillo más grande que la patria dio, un oriental liso y llano como se lo describe. La soberanía que hoy gozamos en parte se la debemos a su heroísmo. Por su honor y por respeto a la historia, tenemos el deber de dar batalla cultural al malintencionado relato que se quiere imponer.


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