El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

¿Qué pretenden conservar los conservadores?

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Los nostálgicos del ayer están allí intentando convencernos, sea por ignorancia o miedo, de que todo tiempo pasado fue mejor. No entienden, y esta incomprensión es sobre todo una voluntad,  que su afirmación se aleja de la verdad, que está llena de inexactitudes y evidencia solamente un desconocimiento profundo de las realidades que quedaron, afortunadamente, atrás.

Claro, tal vez lo que quieran decir es simplemente “todo tiempo pasado fue mejor… para gente como yo, con mis características” (no así para los homosexuales, para los pobres, para los no caucásicos, para las mujeres o para todos aquellos que tenían algo disonante que decir). En este caso, lo que se pone en manifiesto no es ignorancia histórica, sino egoísmo puro.


“No, —argumentarán— me refiero a los valores, que eran mejores”. ¿Cuáles “valores” merecen tanta defensa? ¿Los de discriminar abiertamente, los de normalizar el machismo, el abuso sexual (porque “son cosas que pasan”), los de absorber todos los derechos para un puñado de personas y limitarlos en los demás según su concentración de melanina o el país que el azar eligió como su patria? ¿Hablan de aquellos valores que se oponían al voto universal, a la educación universal, a la república y a la democracia, a la laicidad? ¿O es, quizás, simple puritanismo? Es decir, ¿añoran acaso a ese conjunto de creencias que lanzaba al ostracismo a quienes tuvieran la “impertinencia” de vivir plenamente su sexualidad, de divorciarse, de llevar una minifalda? ¿Lo que lo llena de miedos es, entonces, la libertad? ¿Cuál de todos estos mezquinos tiempos pasados fue mejor? ¿Cuál? 

Esta tortícolis temporal no deja ver (no es posible aprender conceptos nuevos cuando se vive mirando hacia atrás y romantizando recuerdos que tienen validez solo para unos pocos que, a nivel global, la pobreza extrema ha disminuido drásticamente, reitero que es a nivel global; existen casos puntuales como el venezolano que sufre la pésima administración de la dictadura socialista, tan autoritaria como corrupta, que arrastró al 90% de la población a la miseria). Si bien es cierto que los ricos son, en efecto, más ricos, también los pobres son más ricos, y esto desmitifica una de las mentiras más repetidas por quienes nada saben de economía: si alguien tiene más, es porque alguien tiene menos (a este fenómeno se le llama “juego de suma cero”). La riqueza no es una pizza que, si un comensal corta un trozo más grande para él, habrá menos para los otros. La riqueza se crea, y prueba de ello es que no solo los ricos son más ricos, sino que hay más ricos. Alguien como Jeff Bezos no podría haber acumulado la fortuna que hoy cuenta con un simple servicio de reparto en 1958.

Pero no solo los pobres son menos pobres, sino que esta tendencia continuará: los niños pobres de hoy tienen más acceso a la educación que los niños pobres de 1960 a nivel mundial, y educación es sinónimo de oportunidad.

Vamos: más gente vota hoy que hace 60 años. Más gente tiene acceso a agua potable hoy que hace 60 años. Más gente es libre de amar hoy que hace 60 años. Más gente accede a información libre hoy que hace 60 años. Más personas tienen acceso a medicamentos (que a su vez son mejores). ¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿De verdad?

Por supuesto (siempre hay algún distraído intelectual que necesita aclaraciones obvias), falta mucho por hacer. Necesitamos concentrar esfuerzos y desarrollar políticas dirigidas, dentro de los márgenes del humanismo siempre, a quienes más lo necesitan y bajo el lema de “ayudar a ayudarse”, es decir, no dar limosnas sino crear oportunidades. Pero creer que, porque los beneficios de la modernidad no han llegado a todos, todo es peor, no es distinto que sostener que, porque una medicina no cura o previene todas las enfermedades, es inútil. El razonamiento es torpe.

Usted, que tanto extraña “los buenos viejos tiempos”, ¿sabe cómo vivían los otros hace apenas décadas? Si lo sabe y sigue romantizando al pasado, entonces usted no es una buena persona. Sí puede suceder que usted no lo supiese: entre las muchas bondades de la vida moderna, la revolución en la comunicación nos mantiene más informados. En dos segundos (literales), hoy  puedo saber qué sucede en las calles de Minsk mientras el país se despierta contra la dictadura bielorrusa. Usted, nostálgico, no tenía una herramienta como la que tengo yo en mi bolsillo. Si usted no sabía, entonces deje de repetir lo que es claramente una mentira.

Tal vez los conservadores melancólicos deban reconocer que la única razón por la que “todo tiempo pasado fue mejor” es porque lo vivieron, es decir, porque lo conocen. No hay nada de impredecible en el pasado, mientras que un mundo que avanza a pasos agigantados está lleno de incertidumbres. El miedo a la incertidumbre es humano, y no hay vergüenza alguna en ello. Su época de falso idilio, muy afortunadamente para todos, no volverá. Y usted puede colaborar con las nuevas generaciones (porque tenemos un portaaviones lleno de desafíos, entre ellos, el cambio climático que usted aceleró) o encerrarse en su cueva de recuerdos selectivos y maquillados, en la que comete la ignominia casi imperdonable de rechazar lo que no conoce en pos únicamente de su confort emocional.


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