El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

No entiendo un joraca

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La historia de cómo la política se aleja cada vez más de los jóvenes.

Desde que tengo memoria, en mi casa se habla de política. A una edad muy temprana, me recuerdo intentando comprender de qué se trataban todas aquellas discusiones que involucraban palabras como “gobierno”, “senador”, “elecciones”, “presidente”, “partido” y alguna que otra puteada en el medio, así como elogios cuando se trataba de un referente del agrado de mis familiares.

El tiempo fue pasando y se acercó la campaña de 2014. Mi abuelo, Ney Castillo, que había sido candidato a la Intendencia de Montevideo cuatro años antes, se preparaba para repetir el desafío el año próximo y acompañaba a su amigo Pedro Bordaberry. Recuerdo que durante esa campaña empecé a comprender mejor de qué se trataba ese mundo de la política, lo que inmediatamente me hizo llevar el tema al aula de clase. ¡Para qué! Las llamadas de la maestra a mi madre no tardaron en llegar, pues en el colegio al que iba en ese momento estaba terminantemente prohibido hablar del tema. Fue entonces que aquel Bauti de sexto de escuela comprendió que la política era cosa seria, ya que representaba una clase de tabú.

Fiel a mi terco estilo, pese a que me decían que no podía, siempre terminaba encontrando un escape para mencionar el tema en clase durante los años que siguieron. Para mi sorpresa, en la mayoría de casas no se hablaba de política, cuando en la mía era lo más normal del mundo. De pronto -entre charla y charla- me encontré con que adolescentes de mi misma edad o más elevada, que quizás hasta podían votar en las próximas elecciones, no sabían ni quién era el Vicepresidente de la República. El colmo llegó en marzo del 2019, cuando en mi penúltimo año de liceo la profesora de Educación Ciudadana nos puso como prueba diagnóstica un desafío que venía a tiro con el año electoral que estábamos viviendo. El mismo consistía en identificar a 16 figuras del sistema político; ella ponía fotos y nosotros debíamos decir sus nombres y partido al que pertenecían. Solo dos pudimos completar la prueba exitosamente, mientras la
mayoría apenas pudo tener 1⁄4 de respuestas correctas. Pero: ¿por qué pasan estas cosas?

Algo tentador sería tildar a estos jóvenes de ignorantes, o a sus familiares, pero a mi entender esto sería muy injusto. La realidad es que, durante los últimos años, la política se ha ido alejando de ellos, los ha ido olvidando, y esto solo empeoró gracias al franco declive en la educación formal. En un mundo ágil, donde los mensajes efectivos se transmiten con palabras sencillas y de forma rápida, nosotros seguimos con una clase política a la que se le dificulta mucho empatizar con los jóvenes. Pero no empatizar en
el sentido de comprender o querer atender sus necesidades únicamente (algo que también está en el debe), sino en la forma de acercarse a ellos. Los discursos y debates de horas, más allá de que en el siglo XXI se justifican muy poco, hacen que las nuevas generaciones no le puedan seguir el hilo a la realidad del país. El lenguaje rebuscado, las
“palabras bonitas” y una disputa de poder que cada vez entretiene menos son la principal causa por la que los jóvenes se sienten alejados del sistema político. Y a esto deberíamos agregarle la soberbia del sistema, que opta por echarle la culpa a las nuevas generaciones en vez de hacer autocrítica.

Releo mis palabras y me doy cuenta de que el diagnóstico que hago es digno de una camilla en CTI. No obstante, creo que el sistema político tiene un balotaje. De hecho, la mera existencia de una iniciativa como la resurrección de El Día es una gran noticia. Darnos más espacio a los nuevos militantes, aggiornarse y trabajar para que cada vez más jóvenes puedan participar del sistema político es fundamental. Unirse a las redes
sociales del momento, buscar hacer discursos más accesibles y dejarse de tanta búsqueda de protagonismo por más de veinte minutos, son herramientas que la clase dirigente puede empezar a adoptar, a los efectos de causar interés en quienes el día de mañana dirigirán los destinos del país.

Organicémonos, trabajemos y esforcémonos, para que, el día de mañana, cuando un adolescente escuche una charla sobre política,
no diga “no entiendo un joraca”.


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2 comentarios

  • Stephan Rotondaro
    Stephan Rotondaro

    Contradicciones miles, porque bien que si se habla de política en la educación lo acusan de adoctrinamiento, pero después como consecuencia tenemos personas ignorantes en materia de política porque no se aprendió del tema. Sin duda que la educación al respecto era mejor una década antes que cuando Bautista Gil la obtuvo y de ahí podemos ver sus resultados.
    Por otro lado, que horror que haya un medio de comunicación sesgado por una ideología y que no sea objetivo…
    ¿Algunos de los integrantes del mismo habrán estudiado comunicación? ¿En la UDELAR o donde?

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  • Álvaro García
    Álvaro García

    Muy interesante el artículo de alguien que se, vive la política con gran intensidad. Creo que el artículo cae en algunas contradicciones cuando expresa que en parte la falta de interés en la política es por la crisis en la educación. Pobre educación!!! Cuando incurre en “la politica” se la critica por partidaria. Cuando no lo hace, se le hecha la culpa de no fomentar en los jóvenes el interés. Cabría la posibilidad de pensar en que roles cumplen las dirigencias partidarias en los lugares, incentivos y atractivos que generan para que los jóvenes intervengan en política. Es decir que la crítica y ahí comparto con el artículo, es generar espacios y estímulos para que los jóvenes intervengan. Que bueno que además haya espacios para que los jóvenes puedan intervenir. Como este, reafirmando las mejores tradiciones de los diarios batllistas donde los jóvenes pueden expresarse e ir iniciando su camino en la política.

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