El Día

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Mirar al porvenir

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Artículo escrito por Carlos Benítez y Paula Pelaez

La historia es irreversible, lo que pasó no puede cambiarse y de nada nos sirve pensar o teorizar sobre ‘’qué hubiera pasado si…’’, sin embargo, el pasado reciente de nuestro país no deja de interferir en el presente, retrasando aun más nuestro porvenir. En palabras de Abel Posse,‘’la violencia de los muertos acecha la paz de los vivos’’.

Retrocedamos en el tiempo hasta febrero de 1973, cuando el Ejército emite los conocidos comunicados 4 y 7, desacatando las órdenes de Juan María Bordaberry, quien era el entonces Presidente de la República, y pese al apoyo del Contralmirante Zorrilla a cargo de la Armada, el Presidente firma el acuerdo de Boiso Lanza, donde se establecen las formas en las que podían participar los militares en la actividad político-administrativa, entre otras cosas. El proceso que llevó a cabo la decadencia de nuestra democracia culminó el 27 de junio de este mismo año, cuando el Ejército “cerró” el Parlamento y fue ocupado por la fuerza, poniendo fin a una larga década de enfrentamientos iniciada con movimientos subversivos que intentaron sustituir nuestra democracia por un gobierno revolucionario similar al de Cuba.

 Finalmente, nuestro país retornó a la democracia en el año 1985, luego de largos años de enfrentamientos violentos. Tanto en el 85´ como en el año posterior, se dictaron dos leyes destinadas a pacificar nuestro país. La primera de ellas, buscó la amnistía de la pena a los terroristas y subversivos que habían secuestrado, robado y matado desde enero del 62´ en adelante. En la segunda se declaró que había caducado la pretensión punitiva del Estado contra militares y policías que habían actuado en la represión, sin embargo, esta ley excluyó a los civiles que habían ocupado cargos de gobierno, como fue el caso de Juan María Bordaberry. Al tener esta última tal característica el antiguo dictador quedaría fuera de la amnistía. Años después, su hijo Pedro declaró en su libro ‘’Que me desmientan’’, que era una ley ‘’con nombre y apellido’’.

A comienzos del siglo XXI, más específicamente en el año 2005, el Frente Amplio llega al poder, y desde un principio pretendió -y logró- contar lo sucedido antes, durante y después del golpe de Estado desde un punto de vista muy subjetivo. Se limitaron a contar una verdad: la suya; es así como al día de hoy encontramos a una gran parte de nuestra juventud con solo una porción de la historia, partiendo de una perspectiva poco realista o tergiversada. Como por ejemplo que los “tupamaros” lucharon contra la dictadura, algo totalmente falso.

El Frente Amplio solo ve el crimen militar, mientras que los partidos tradicionales reconocen los delitos militares, pero también los delitos guerrilleros llevados a cabo por el Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros, que en la etapa anterior a la dictadura trajeron la violencia al país, y junto a ella, la desestabilización de las instituciones, dándole a los militares la excusa perfecta para salir de los cuarteles.

Otros grupos como el OPR-33 (de ideología anarco-comunista), dañaron la patria al robar la bandera de los Treinta y Tres, y junto con ella, robaron también parte de su historia al pueblo uruguayo, hasta el día de hoy el paradero de este símbolo es incierto, ya que quienes lo conocen se niegan a revelarlo.

En el adoctrinamiento llevado a cabo durante el Gobierno de quienes hoy son oposición, se olvidaron de contarle a los jóvenes como la izquierda, encabezada por el Partido Comunista, que hoy forma parte de la coalición del Frente Amplio apoyó al golpe militar en febrero del 73´, y a su vez, fueron en parte responsables de la dictadura al apoyar y justificar la guerrilla.

Finalmente, la transición a la democracia se dio de manera pacífica, basada no en el olvido, sino en el perdón, y el perdón para todos: guerrilleros y militares. En el primer caso nadie estuvo en contra, aunque beneficiaba a aquellos que habían cometido delitos violentos, en el segundo, con una moral retorcida y discriminatoria, opositores en aquel momento insistieron en la necesidad de ‘’juicio y castigo’’, sin embargo, el pueblo uruguayo confirmó dos veces el apoyo a la ley que amnistió a los militares, pero ni la decisión popular detuvo la sed de venganza de cierta fuerza política. El argumento que han brindado refiere a que los delitos militares deben ser tratados de manera diferente al de los guerrilleros, afirmando que los segundos mataron, secuestraron y pusieron bombas en lugares concurridos en nombre de la revolución deben ser perdonados, ya que obedecían a ‘’una causa superior’’.

            Aquellos que hoy, tan fervientemente reclaman que el Ejército pida perdón están pasando por alto que fueron actos individuales de personas que en ese momento estaban ahí y violentaron su voto de respeto a la patria. Hoy en día el Ejército está integrado por otras personas, que se encuentran lejos de haber vivido esos años y es injusto exigirles que pidan perdón por delitos que no cometieron. Las instituciones no deben pedir perdón, sería impropio que lo hagan.

Otros reclaman por los derechos humanos de los desaparecidos a manos del Gobierno de facto, pero, ¿Quién reclama por los derechos humanos de quienes sufrieron atentados por parte de la guerrilla? ¿Quién reclama por Pascacio Báez? Quien fuera un peón rural que cometió el “error” de encontrar una tatucera, y luego de dos meses como prisionero, los guerrilleros decidieron ejecutarlo así no los delataba. Este crimen fue reconocido por Jorge Zabalza (ex guerrillero), quien dijo que fue “un delito de guerra contra un ciudadano totalmente ajeno a la confrontación que se desarrollaba en el Uruguay”.

Nunca se pidió justicia por los 66 muertos a manos de la guerrilla en su camino hacia su intento de revolución, estos, de quienes la izquierda se olvida, fueron víctimas del terrorismo que intentó desvanecer nuestro sistema democrático para instalar un régimen como el de Fidel Castro en Cuba, incluso tomaron este camino en contra de las recomendaciones del Che Guevara, quien les dijo que una vez que se tomaba el camino de las armas no había vuelta atrás, agregando también que Uruguay gozaba de una democracia plena y era posible llegar al poder de manera pacífica.

Entre las víctimas había militares y policías, pero también civiles, de quienes la historia no se acuerda, de quienes no vemos las caras en los carteles de la marcha del silencio.

Para concluir, lo que buscamos es mostrar que hubo delitos repudiables por ambos “lados”, y seguir buscando un solo culpable nos polariza aun más como sociedad. Consideramos pertinente comenzar a mirar hacia el futuro de nuestro país, dejando atrás lo sucedido y trabajando en el porvenir, no basándonos en el olvido, sino en el perdón en pos de dar paz a las familias que lo necesitan, sin usar los delitos del pasado como arma política del presente.


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1 comentario

  • Monica Pelaez
    Monica Pelaez

    Impecable la exposición de este tema qie fue parte de nuestra historia. Cada uno guarda dentro de su ser aquella época que nos marcó para siempre. Para mí siempre debemos mirar hacia adelante. Avanzar. Crecer como humano. El pasado solo se acepta pues ya fue. Con él debemos construir de la mejor manera un futuro en Paz para todos. Si sólo mirámos atrás con rencores y rabia por lo que pasó no vemos el camino adelante. Fue horrible lo que se vivió. Pero todos somos responsables por lo que ahora sigue. Y debemos un mundo mejor para los que siguen. Gracias

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