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Marcha de la Diversidad: Las malditas etiquetas

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Los derechos humanos definidos en la declaración de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1948 protegen la dignidad humana y la libertad del individuo para desarrollar libremente su personalidad. Este reconocimiento integral de la condición humana ha traído como consecuencia que, en los países occidentales, la orientación sexual no sea una tacha para ejercer la libertad en plenitud, como no lo es el color de piel o la estatura.

Desde que cada persona tiene el derecho de buscar la mejor versión de sí mismo, no parece sensato dar explicaciones sobre la orientación sexual de cada quién, desde que cada quien es libre de manejar su cuerpo.

Esta realidad tangible en todo occidente convierte toda manifestación segregacionista, y la marcha de la diversidad lo es, en una nueva estrategia tendiente a dividirnos.

Padecemos una campaña inédita en tal sentido, alentada y financiada por la “nueva izquierda” que, bajo la falsa bandera de promover derechos y libertades, persigue privilegios que atentan contra las libertades y los derechos de todos. Se arrojan por la borda siglos de lucha por alcanzar un status en el que el individuo solo se defina por sus valores y virtudes.

Esto no quita que existan resabios en nuestra sociedad que alberguen prejuicios contra ciertas minorías, pero es en la educación en el respeto al otro en donde Uruguay ha eliminado toda discriminación.  

En esta carrera desaforada por fragmentarnos, el marxismo vuelve a separarnos en sexos, razas y tendencias sexuales, estableciendo etiquetas que van en el camino contrario a todo lo logrado en el último siglo. Dividirnos en tribus, llevando a la esfera política nuestras apetencias sexuales va en el camino contrario al desarrollo libre del individuo.

La agenda por fragmentarnos crece y hoy vemos cómo políticos jóvenes caen en el error de creer que, resaltando lo que nos hace diferentes podrán fortalecer las libertades, cuando en el camino de socialización del homo sapiens, se ha apelado a las semejanzas como base de la convivencia civilizada.

La tendencia sexual de cada persona no pude ser su manera de definirse ante la vida.

Detenernos en nuestras diferencias es regresivo, busca etiquetarnos, y las etiquetas son un camino que conduce fatalmente a la estigmatización. 


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