El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Malas políticas

Compartí este artículo con tus amigos

No sólo se incumplió con la sociedad, con el país, con cualquier regla de negociación, el contrato según leguleyos está fuera de la Constitución, no verifica las acciones y consecuencias ambientales, también cambia la matriz educativa y laboral de acuerdo a las conveniencias del particular UPM, para decidir si se instala o no en el Uruguay.

El Uruguay todo, pero fundamentalmente el gobierno, no se puede permitir cometer errores en materia de política inversionista. Contamos con  una población pequeña y con un alto porcentaje de adultos y adultos mayores que, habiendo cumplido ya con su vida útil de producción, se encuentran actualmente en la merecida etapa de ser beneficiarios de todo logro que el país pueda brindarles. Como contracara, la población productiva es escasa para las necesidades que requiere el país, por lo que, sin duda alguna, las inversiones extranjeras son esperanzadoras y deberían ser bien vistas.

En cuanto a UPM 2: esta inversión ha generado infinidad de controversias. En principio, la inversión requerida para la instalación de UPM 2 era tan grande que ni siquiera podemos imaginar la cantidad de años necesarios para que Uruguay se vea favorecido y/o compense los gastos que implicará tan enorme proyecto. Entre otras cosas, será necesario profundizar en estudios de impacto ambiental, los cuales hasta el momento no han sido claros; atreviéndome a indicar, incluso, que no han sido nada serios.

En el mundo actual, donde reina la incertidumbre -hoy más que nunca patente a raíz de la pandemia contra la que nos enfrentamos- debemos ser conscientes del mal comportamiento del ser humano frente a su hogar, nuestro planeta. La carencia social de tomar los temas ambientales de forma tan ligera, a la larga puede conllevar a que nuestro país se vea enfrentado a graves problemas sanitarios y alimenticios. 

El contrato firmado con UPM deja muchas interrogantes y una gran ausencia de reglamentación en lo que respecta a lo ambiental, como en otros tantos aspectos que iremos detallando oportunamente bajo nuestra mirada.

No podemos permitir hipotecar más al pueblo sin una garantía certera de un futuro promisorio, y las condiciones del contrato celebrado no se acercan ni a una mínima esperanza de que así sea. Sabido es que toda inversión, lamentablemente, aunque sea redituable a largo plazo, acarrea aumentos de impuestos, precios al alza de materias primas, paros gremiales en diferentes áreas, desajustes y controversias entre políticos, incluso dentro de un mismo sector. Mientras tanto, quienes los votamos para que nos representen pasamos a ser los menos atendidos y respetados.

No hay más que revisar minuciosamente cada paso a dar. No hay margen para equivocaciones. Quizás en otro momento podríamos obviar los problemas señalados, pero en el Uruguay de hoy la situación es grave y NO podemos ni queremos avalarla. Los costos económicos son muy grandes, y la sociedad no puede ni debe cargar con mochilas ajenas repletas de errores, cometidos por desidia o para conveniencia de algunos.

El Gobierno ha cambiado. El oficialismo de hoy ocupa su lugar porque la mayoría los elegimos. Tenemos, por tanto, el derecho a exigir se nos informe con veracidad y exhaustividad tanto los beneficios (que creo será trabajo por algún tiempo) como todos aquellos perjuicios que se derivan del contrato con UPM2.

El país entero lo reclama. No podemos empeñarnos y condenar a generaciones por un capricho o para el beneficio de unos pocos: debe quedar bien claro que el compromiso adquirido es solo con y para el país. Si no vemos que las inversiones se reflejen en un aumento de la capacidad de desarrollo de la sociedad, jamás se logrará llegar a posicionar al Uruguay como una nación seria, responsable y cuidadosa de sus finanzas, donde cada trabajador verá con orgullo que cada grano de arena aportado coloca en un peldaño cada vez más alto a nuestra República.

Contamos con excelente mano de obra, codiciada por muchos países del primer mundo; prestigiosos técnicos y profesionales, y no menos importante, condiciones naturales favorables. Asimismo, nuestra sociedad se abre cada vez más a una muy buena recepción de todo tipo de empresas, técnicos e inmigrantes que ya valoran nuestra calidad de vida que, no tenemos duda, puede mejorar al punto invitarlos a instalarse definitivamente en el Uruguay. Ese es el cometido que debemos llevar a cabo, y no aceptar inversiones con condiciones que comprometan el presente y futuro, atándonos de pies y manos a través de contratos de dudosa legitimidad y que a simple vista tienen una sola dirección.


Compartí este artículo con tus amigos
Mostrar más

Deja un comentario

Suscribite a nuestro boletín informativo

Suscribite a nuestro boletín informativo

Unite a nuestra comunidad y empezá a recibir nuestro boletín informativo, con todas las novedades y noticias sobre El Día.

El formulario de suscripción fue recibido correctamente.

A %d blogueros les gusta esto: