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Un 9 de setiembre de 1942 por decreto del presidente Baldomir se aprobaba la ley que daba creación a la Universidad del Trabajo, en sustitución de la Escuela de Artes y Oficios. Ese mismo día, pero de 1913, en esos años de grandes transformaciones sociales, se había concretado la ley 4.802 que le otorgaba a la mujer el derecho a solicitar el divorcio por su propia voluntad.

Concreciones con un profundo contenido social y de derechos.

El 9 de setiembre parece ser un día clave para la vida del país, porque también en esa fecha, pero un siglo antes, en 1834, se fundaba la Villa Cosmópolis, el histórico y popular barrio que conocemos como Villa del Cerro.

En un país que comenzaba a abrir sus puertas y a extender sus brazos solidarios para recibir a los inmigrantes que huyendo de la guerra y que con valijas con poca cosa material pero repletas de sueños, arribaba a nuestras costas. Familias de las más diversas procedencias, que se afincaron mayormente en esa zona de nuestro país, rusos, polacos, lituanos, italianos, armenios, españoles entre tantas otras nacionalidades.

En un censo de 1852 se calculaba que el 85% de los habitantes de esa zona eran extranjeros. Como forma de un necesario ordenamiento territorial se les asignaría a las calles de la Villa Cosmópolis en 1867 con el gobierno de Venancio Flores el nombre de los más lejanos países de procedencia de esos inmigrantes.

Un barrio de gente trabajadora que con los saladeros primero y los frigoríficos después ocupaba a buena parte de sus habitantes. Con una fortaleza que desde lo más alto observaba atenta. Ese Cerro de Montevideo que dice presente en la cuarta superior derecha de nuestro escudo patrio, como representación de fuerza.

Familias que en muchos casos dividen su corazón entre los colores rojo y verde con su añejo Parque Nelson de la calle Turquía e Inglaterra, si allí con la ciudad a sus pies y besando la bahía y los albicelestes que con su reducto del lado norte del Cerro lleva el nombre de su gran impulsor don Luis Tròccoli.

Rivalidades que eran irreconciliables, pero respetuosas y tolerantes

Una populosa zona que supo tener momentos de gran prosperidad y otros con dificultades propias del momento que se vivía.

Con el pasar del tiempo el Cerro no estuvo ajeno a lo que acontecía en el país y entre ellos al gradual deterioro de valores que ha sufrido la sociedad toda. Donde por el accionar intolerante de unos pocos parecía que esa historia tan rica, de brazos abiertos, grandeza, solidaridad, se rendìan ante el enojo, la intolerancia y la mezquindad. Donde el talante solidario cedía su espacio al puño crispado y la actitud agresiva.

Donde las libertades parecen encorsetadas por la actitud totalitaria que avanza. Donde se pretende amordazar al que piensa diferente.

Esa rara forma de practicar la libertad de expresión, donde solo se permite escuchar una única voz.

El trabajador que protesta con firmeza y que lucha por sus reivindicaciones justas parece debilitarse frente al griterío, insulto y agresión de un puñado.

Esa vidriosa y turbia forma de manifestarse, que no representa la voluntad ni el proceder respetuoso de la amplia mayoría, a rostro tapado, capucha, violencia verbal y material.

Un puñado de fanáticos que pretenden apoderarse de un barrio: “Fuera oligarcas del Cerro”, se les escuchaba gritarle al presidente del Codicen, cuyo único pecado fue ofrecer una charla, como en tantos otros puntos del país, para intentar explicar la transformación educativa que se viene.

“Entraste al Cerro veremos cómo vas a hacer para salir” expresaban en tono amenazante, no sin antes romperle a golpes los vidrios del auto en el que se trasladaba.

Paradojalmente y para vergüenza de la amplia mayoría de los uruguayos y de los habitantes de la zona, este hecho se producía nada más ni nada menos que en el Centro Cultural del Cerro (ex liceo 11) y protagonizado por docentes. Si, de aquellos encargados de educar en valores a nuestros jóvenes.

Hace un tiempo atrás al propio presidente del Codicen Robert Silva cuando lo integraba en representación de los docentes, se emitió por parte de ADES una declaración considerándolo: “persona no grata”, por el solo hecho de solicitar informes por una jornada desarrollada en un centro educativo. “Fuera al represor de nuestro liceo” le gritaban en el 2018 cuando concurría al liceo 32 y abandonaron el edificio por su sola presencia.

En marzo cuando se debatía la ley de urgente consideración, unos jóvenes que hacían campaña por el NO fueron insultados por un provocador que intentaba expulsarlos al grito de: “en el Cerro solo puede entrar el SI”

Esos inadaptados que parecen potenciarse mutuamente, que se envalentonan en manada, pero como sucede en estos casos, de a uno no pasan de ser unos simples perritos falderos.

Esos promotores del odio que con provocaciones continuas parecen querer buscar la reacción pero que no son representativos de una muy amplia mayoría de uruguayos en general y de cerrenses en particular.

Unos pocos pretendiendo llevarse por delante a los más. Un puñado, intentando amordazar la opinión del otro.

Una transformación educativa necesaria como urgente y una expresión clara de esa “educación” y de esos “docentes” que proponen los inadaptados que no queremos en nuestra sociedad.

A los patoteros de siempre les tengo malas noticias, los cambios educativos se van a hacer realidad, después de 15 años de inoperancia y de decadencia de valores. Deberíamos estar todos en el mismo camino.

LOS OLIGARCAS Y EL HOSPITAL DEL CERRO

A los que pretenden dividir a la sociedad entre malos y buenos, conservadores y progresistas, entre pueblo u oligarcas les debemos recordar que esos “malos, conservadores y oligarcas” están construyendo un hospital en pleno corazón del Cerro. Una vieja reivindicación. Que va a poder atender a la población de menos recursos de esa zona oeste, ya que más del 70% que se atiende a través de Asse provienen de esa zona del departamento. Permitirá alivianar la tarea muchas veces saturada del Hospital Maciel.

Tuvo que llegar la coalición republicana para transformarla en realidad.

Un barrio de todos, un hospital para todos.

A la sociedad toda le hace mal el accionar de esos patoteros de cuarta, le hace mal a la democracia, a la república, a la libertad, le hacen mal al partido político que muchas veces dicen responder, le hacen mal a la actividad sindical a la que dicen dedicarse y le hacen mucho mal a la rica historia de una barriada como la Villa del Cerro que merece mucho más que eso.


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