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Las dos caras del feminismo

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La palabra “feminismo” se encuentra totalmente desdibujada hoy en día. Es una palabra repudiada por una gran parte de la sociedad, lo curioso es que no muchos conocen su verdadero significado.

El feminismo es un movimiento social que pide para la mujer el reconocimiento de los derechos que tradicionalmente han estado reservados para los hombres. Más específicamente, es la toma de conciencia de las mujeres como grupo humano, de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto por parte del colectivo de varones en el seno del patriarcado, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera.

Ser feminista no significa odiar al hombre, no es una lucha de sexos en la que el sexo masculino es el opresor y hay que eliminarlo.

Herbert Marcuse, sociólogo y filósofo alemán-estadounidense, menciona que el movimiento feminista actúa a dos niveles: uno, el de la lucha por conseguir la igualdad completa en lo económico, en lo social y en lo cultural; otro, “más allá de la igualdad” tiene como contenido la construcción de una sociedad en la que quede superada la dicotomía hombre-mujer, una sociedad con un principio de la realidad nuevo y distinto.

Podemos reconocer al feminismo de distintas maneras, como la búsqueda de la igualdad entre el hombre y la mujer, o como algo más profundo, una realidad distinta para todos. Lo que es inadmisible para la evolución de nuestra sociedad es creer que ser feminista es ser una mujer fuerte, independiente y segura de sí misma. No confundamos los términos, estrictamente ser feminista es ser una persona que busca una sociedad igualitaria, en donde la mujer tiene los mismos derechos que el hombre.

¿Puedo ser una mujer insegura, víctima de violencia de género, y ser feminista? Claro que sí. El feminismo es una búsqueda interna, que luego se exterioriza, es un proceso lento y muy largo, para la sociedad y también para cada mujer feminista.  

Quitemos de nuestras ideas que ser feminista es ser la mujer perfecta a los ojos de los estereotipos. Para avanzar en este camino de lucha, tenemos que acompañar a esas mujeres que están sufriendo las consecuencias del machismo, que están siendo golpeadas, agredidas psicológicamente, que fueron aisladas de sus amigos y de su familia, y que claramente no pueden salir de esa situación solas, debemos acompañarlas y no condenarlas, porque ellas siguen siendo nuestras compañeras de lucha, siguen siendo feministas, luchan por la igualdad.

El feminismo de la actualidad tiene dos caras, aquella igualdad que tanto anhelamos, aquella nueva realidad, y la otra cara que no nos deja avanzar; el modelo hegemónico de la mujer feminista, que es feminista porque es independiente, segura y fuerte. Esta cara del feminismo es la que no nos permite llegar al objetivo: la liberación del hombre y de la mujer.  

Mary Wollstonecraft, una gran escritora y filosofa inglesa, considerada pionera del movimiento feminista en Europa mencionaba lo siguiente: “Educad a las mujeres como a los hombres. Ese es el objetivo que yo propongo. No deseo que tengan poder sobre ellos, sino sobre sí mismas”. No hemos logrado obtener la misma educación que se les da a los hombres, seguimos siendo educadas como aquellas niñas débiles, sensibles y pudorosas. No solo seguimos luchando contra la educación, sino que luchamos contra el nuevo concepto de feminismo de la actualidad, que sigue colocando a la mujer en situación de desventaja: lograr el objetivo de ser la mujer perfecta, no solo en apariencia física sino tambien en fuerza, independencia y seguridad.

Queremos que las mujeres sean fuertes, queremos que las mujeres sean independientes, queremos que las mujeres tengan poder sobre sí mismas. Que no lo hayan logrado no condiciona su feminismo, son mujeres que siguen intentando obtener su libertad y la de todas.

Los derechos que pedimos, son derechos humanos, porque las mujeres somos seres humanos, juzgar a una mujer que lucha por sus derechos solo porque no ha logrado ese modelo perfecto de mujer que todos esperan es desalentador. Y si aún odian la palabra “feminismo”, la palabra no es lo que importa, es la idea y la ambición que hay detrás de ella.


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