El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

La solución siempre está del lado de las libertades.

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Desde sus orígenes el Partido Colorado ha sido el gran defensor de las libertades
personales y económicas de la gente. En los agitados años que siguieron a su surgimiento,
Fructuoso Rivera supo transitar con firmeza ese camino, enfrentándose al conservadurismo
económico de Manuel de Rosas quien se negaba a abrir a su país al libre mercado en el
preludio de la Guerra Grande, o bien expresándose a favor de la libertad de prensa sin temor a
que sea utilizada en su contra aun siendo presidente. Fueron muchos los colorados que
siguieron su ejemplo y honraron el espíritu liberal del partido durante todo el siglo XIX, sin
embargo es necesario reconocer que en ese período de la historia de nuestro país no todos los
sectores de la sociedad gozaban de plenas libertades, y en eso el partido debe asumir su
responsabilidad ya que fue el partido que gobernó mayoritariamente. Las mujeres, los peones
en relación de dependencia, los analfabetos y hasta la gente endeudada con el Estado no
tenían siquiera derecho al voto, fiel expresión de la libertad de pensamiento. Por otro lado las
clases económicas menos acomodadas no contaban con un acceso adecuado a los servicios
públicos, y sus hijos difícilmente accedían a la educación secundaria y superior. Estas
restricciones en las libertades personales de la gente terminaban por incidir en sus libertades
económicas, desde el momento en que se presentaban como un obstáculo que les impedía
desarrollarse ya sea como nuevos emprendedores o como asalariados calificados. El mundo
estaba cambiando y rompía los ojos que aquel concepto de libertades personales no se
ajustaba a los requerimientos de una sociedad uruguaya cada vez más convulsionada y
dividida.

Hacia principios del siglo pasado la redención para el partido de las libertades llegó de
la mano de don José Batlle y Ordóñez. Hijo de un expresidente tuvo la posibilidad de viajar a
Europa donde tomó contacto con las ideas del momento. Influenciado por el Jacobinismo y la
ilustración, una vez en el poder logró generar el conjunto de reformas sociales y económicas
más grande que conociera nuestro país. La sociedad uruguaya tenía un problema a resolver y
como toda solución justa tenía que venir por el lado de las libertades (concepto que ya estaba
en el ADN de don Pepe y presente también en el de su sobrino nieto Jorge quien más de una
vez lo aludió), y la reforma de aquel primer Batllismo no fue otra cosa que una ampliación
humanista de las libertades personales que alcanzó a las clases sociales más rezagadas. De esta
manera surge con claridad la diferencia entre la finalidad de la reforma: el progreso económico
y personal de la gente, y los medios utilizados para su concreción: el republicanismo y la
presencia de un Estado protector signado como el “Escudo de los débiles”. Siempre con el
propósito de lograr una mejor distribución de la riqueza el Batllismo respaldó tanto a los
trabajadores como a los nuevos emprendedores, potenciando sus libertades personales y
poniéndolas al servicio de sus libertades económicas. Las políticas instrumentadas buscaban
sostener una sociedad competitiva, apuntando menos al reparto de la riqueza ya distribuida y
más al reparto de la riqueza futura, a la que todos deberían tener la misma oportunidad de
acceder. Fe de ello lo da el altercado en la ARU donde Baltazar Brum, entonces Ministro del
interior en representación de pequeños productores agrícolas y trabajadores rurales, se
enfrentó a Carlos Reyles, asambleísta de la asociación que nucleaba a los más grandes terratenientes del momento, quienes veían a las nuevas políticas gubernamentales como una
amenaza a sus intereses económicos, pues claramente el gobierno pretendía que “la torta” se
partiera en una mayor cantidad de pedazos.

En definitiva la ampliación del Estado a través de la creación de empresas y
monopolios públicos, la implementación de políticas sociales y la extensión del proyecto de la
educación pública fueron los principales facilitadores de la reforma. Esto generaba confusión
en algunos y a menudo se le preguntaba a Don Batlle si era socialista, y él respondía que era un
“hombre de acción”. Con esta respuesta buscaba desmarcarse del socialismo y de su
concepción de lucha de clases y limitación de la propiedad privada, ideas provenientes del
marxismo, incompatibles con un país republicano de libertades plenas como el nuestro. La
reforma Batllista fue sumamente innovadora e introdujo en el país el concepto de progresismo
liberal, el cual es de difícil compresión para espíritus radicalizados. Para ello es necesario
reconocer que a diferencia de los social demócratas que se desplazan hacia el centro del
espectro político desde la izquierda marxista y cargando con la frustración del fracaso de sus
ideas en la dimensión económica, el Batllismo lo hace desde la derecha conservadora,
aceptando el sistema capitalista pero regulándolo por medio de un Estado que lo único que
busca es que la gente progrese social y económicamente en un contexto de libre mercado y de
libertades personales.


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