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En una sociedad todos cumplimos un rol, un cometido que - por acción o por omisión – desempeñamos;

Este rol ejercido por cada uno de nosotros, va formando con el paso del tiempo la identidad de nuestra sociedad, sus colores. El rol más importante es quizá aquel que desempeñamos por omisión, es decir cuando no actuamos, cuando dejamos que otros decidan por nosotros y el statu quo se perpetúa.

De nada sirve quejarnos de cómo actúan los sindicatos, los grupos feministas, los movimientos sociales en general, si luego permanecemos indiferentes y no llevamos nuestra voz y nuestra acción para ser parte del cambio.

La acción es clave, todo pueblo que aspire a progresar necesita del compromiso de una sociedad civil activa que participe e integre grupos fuertes; grupos donde las diferentes voces se encuentren.

Los sindicatos necesitan de la participación de cada uno de nosotros, una participación real e informada que haga valer su voz; los “mismos de siempre”, los que llevan varios lustros en su cúpula están allí por nuestra inacción, sin decidir de hecho estamos decidiendo, permitiendo que todo siga igual.

Uno debe ser el cambio que quiere ver en el mundo, poner un pie delante del otro y emprender el camino; será difícil, desde luego, existen pocas cosas más resistentes que el anhelo de permanencia en el poder de quienes lo ostentan, pero igual – o más - importante.


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