El Día

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Hacia un segundo renacimiento

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Desde los albores de 1930 el filósofo y escritor ruso Nicolás Berdiaev, nos advierte acerca de una nueva Edad Media. Esto se da en el entendido de la historia como un flujo constante en sentido vertical y espiralado, es decir, una evolución que regresa a un punto específico de partida, pero con la característica de estar en un estadio superior al primero. La Edad Media da inicio con la caída del Imperio Romano en el S.V, finalizando en el S.XV con el arribo de Cristóbal Colón al continente americano.

Dicho esto, es posible  identificar varios aspectos que hacen que la época actual sea similar a la pasada, en un paralelismo temporal. En primer lugar, podríamos señalar que al igual que en la edad media, hoy día vivimos en un momento de “herejes e inquisidores”, donde un grupo impone una verdad “revelada” y censura a todo aquel que proponga ideas fuera de ese relato, es decir, una censura ideológica a la pluralidad de pensamiento. Un ejemplo de esto lo constituye la reciente censura por parte de las distintas redes sociales a las cuentas del ex mandatario de los Estados Unidos Donald Trump. En esta situación, las redes sociales asumen el papel de “Inquisidor” como otrora fuera la Santa Iglesia, y en este ejemplo, Donald Trump el “Hereje”, otrora todo librepensador que ostentaba cuestionar o pensar distinto a la doctrina eclesiástica. Asimismo en nuestro presente, podemos atestiguar que el criterio goza de arbitrariedad si tenemos en cuenta el goce de sus redes sociales del dictador Nicolás Maduro, quien a sabiendas del lector, atenta y vulnera de manera sostenida los derechos humanos en tierras venezolanas.

En segundo lugar, podemos atestiguar diariamente que vivimos en tiempos de inseguridad y catastrofismo constante, referido en dos aspectos bien diferenciados. Primero, en el medievo se vivía bajo eminentes supersticiones constantes que relataban el fin del mundo al culminar el milenio, es decir, al llegar al año 1000; en las décadas pasadas y la actual esto tiene su comparación con el creciente miedo a una guerra de tipo nuclear y el fin del mundo conocido causado por el cambio climático. El segundo aspecto de este punto tiene que ver con la inseguridad vivida en los caminos romanos tras la invasión bárbara, siendo que en las décadas actuales esto puede compararse con la inseguridad que se vive en las calles de las ciudades, con el acecho de toda persona dispuesta a delinquir y atentar contra la vida e integridad de los ciudadanos de un territorio. En tercer lugar como aspecto comparativo con la Edad Media, tenemos la especialización tecnológica, es decir la automatización de los trabajos y la falta de habilidades relacionadas al dominio de la tecnología en el mercado laboral, comparable en los pasados vestigios, con la ausencia de mano de obra especializada en el tallamiento de piedras y la construcción de edificios. Por último, tenemos el intento de implementación de una lengua común, recordando que antaño, por toda Europa se elaboró un alfabeto en un intento de universalizar el latín, acto comparable en nuestras décadas en la universalización del inglés, no solo en lo cotidiano sino también en el comercio y en la actividad turística.

Estos aspectos mencionado hacen que diversos pensadores señalen el lapso comprendido desde la época de 1930 hasta la presente, como la nueva edad media, y en este sentido, podríamos atrevernos a advertir el inicio del final de este periodo, dando paso si se quiere, a un segundo renacimiento, el que intentaremos argumentar en los siguientes párrafos.

Como punto de partida explicaremos brevemente algunos de los elementos que impulsaron el primer renacimiento. La primer fuerza impulsora fue la racionalidad, esto se refiere a la necesidad del hombre de entender los fenómenos que lo rodeaban mediante una explicación racional que fuera ajena a la influencia de la iglesia. Esta nueva postura desembocó en un estudio desenfrenado del entorno que llevó a invenciones inimaginables para la época. 

Otro aspecto importante fue el dominio de la naturaleza, en el sentido del conocimiento profundo de esta y la transformación de la misma en aras de la expansión renacentista: el desarrollo y construcción de ciudades, la producción alimenticia y la organización de la misma.

El tercer motor fue la emancipación humana, la búsqueda de derechos básicos que permitan una convivencia sana entre los habitantes del planeta, lográndose prohibir cosas como la esclavitud, y conquistándose derechos básicos para los trabajadores. Este motor logró una convivencia pacífica entre personas, lo que los dispuso más al intercambio de ideas que al enfrentamiento, predisponiendo el entorno para el desarrollo.

El último elemento importante es la libertad. Libertad en sentido de que pasa a ser el hombre el centro del universo, es decir, el mismo es referencia de la estructura social y cultural, potenciandose a sí mismo, y por ende, su libertad de expresión, creación y pensamiento.

Así como al primer renacimiento lo impulsaron los cuatro motores antes mencionados, en nuestra hipótesis creemos que los motores que van a impulsar al segundo renacimiento son: el desarrollo humano sustentable, la racionalidad/filosófica, la colaboración con la naturaleza, y la igualdad humana.

Después de cientos de años de probar modelos de desarrollo orientados únicamente a la economía, son muchos los teóricos (y no solo ellos, también políticos y funcionarios en distintas jerarquías) que apuestan por esta nueva forma de progreso, el desarrollo humano sustentable, el cual apunta a dar igualdad de oportunidades a todas las personas y a que los métodos con los que se proveen esas oportunidades permitan la sostenibilidad de las mismas para futuras generaciones. Es por esos dos grandes ideales que muchos países han comenzado a izar fervientemente la bandera del desarrollo humano sustentable, lo que llevaría a un nuevo nivel de progreso que no se verá frenado por el desgaste del entorno. Por esto, nosotros afirmamos que será uno de los motores del renacimiento venidero.

Pensando en el segundo motor, o sea, la armonía de la racionalidad con lo filosófico, podemos decir que en este sentido la humanidad está desarrollando mayor conocimiento que en toda su historia con el modelo racional: vivimos en una suerte de revolución intelectual constante. Esta racionalidad exponencial con bases científicas, es potenciada aún más de la mano de la innovación tecnológica, produciendo nuevos y diversos escenarios que antes nos era imposible imaginar. Dicho esto, es creciente en la sociedad el interés por lo espiritual y por lo filosófico: desde hace varios años es exponencial la aparición de divulgadores de filosofía, incluso la explotación de esta temática en la producción cinematográfica y plataformas digitales de streaming. Esto sucede porque, si bien el desarrollo en cuanto a técnicas y especializaciones ha alcanzado límites jamás antes pensados, la preocupación interna de cada individuo sigue atada a las grandes preguntas de todos los tiempos, aquellas que buscan un sentido a la existencia y a la muerte; más aún, en tiempos donde el tiempo es escaso y todo parece reducirse a rutinas automatizadas, a relaciones estériles víctimas de las emociones y a un desmedido mensaje de felicidad relacionado con la cantidad de productos a consumir. Un desarrollo integral del ser humano necesita y necesitará conciliar conocimiento externo y conocimiento interno en el sentido de un desarrollo más humanista, es decir, avances científicos acompañados de cuestionamientos y motivaciones filosóficas.

Como tercera idea impulsora tenemos la de colaborar con los procesos naturales. En los siglos pasados la humanidad desarrolló tecnologías y modelos productivos centrados en el dominio de la naturaleza: extraer, refinar, utilizar, sin pararnos a pensar demasiado en cómo afectamos los procesos internos de nuestro entorno. Mediante el estudio empedernido de dichos procesos causado por el aumento en la intensidad de los fenómenos naturales, surge la idea de colaborar con la naturaleza. Este ideal se orienta en creación de herramientas y procesos productivos que aprovechen los ciclos naturales de nuestro entorno dañándolos significativamente menos. Un claro ejemplo de este tipo de tecnología son las energías renovables. La iniciativa masiva de grandes empresas  de cambiar la totalidad de su matriz energética por una de energías renovables, marcan el enorme potencial de cambio que tiene esta bandera, reportando esto no solo una reducción significativa de costos económicos, sino que además reduce en la misma medida los costos ambientales. Es por eso que nosotros creemos que el desarrollo de este tipo de tecnologías será intensificada en el futuro, y así mismo afirmamos que este será uno de los motores del nuevo renacimiento.

El último motor del que vamos a hablar es la persecución de la igualdad. En el sentido de la igualdad humana, podemos atestiguar como cada vez son más los casos de solidaridad, de empatía, de preocupación verdadera por lo que piensa y siente el otro. En este sentido y atado al concepto de libertad, se busca derribar barreras que separan al amor de unos y otros, barreras artificiales que nos alejan y enfrentan. En este sentido hay un gran estallido cultural que lleva como bandera el amor como la próxima gran revolución, la de los lazos, la de la libertad de sentir, querer y amar.

Gracias a que la humanidad ya pasó por este proceso, hoy día somos capaces de percibir este tipo de cambios, dando la oportunidad colectiva e individual de ser protagonistas en dicha transformación. Esto representa oportunidades únicas para aquellos dispuestos a trabajar por el desarrollo integral de la humanidad. 

Los cuatros motores mencionados no son más que el punto de partida de una hipótesis en constante construcción, que necesariamente se alimenta con las experiencias y reflexiones de futuros pensadores, es así que también los invitamos a compartirnos sus teorías de que provocara el nuevo renacimiento.

En colaboracion con Nicolas Martinez


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