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Firmes y Merecedores: Sapelli y Pence

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Jorge Sapelli fue uno de los tantos ejemplos de demócratas y republicanos que hemos tenido en toda la historia política del Uruguay. Fue un ingeniero y empresario que derivó en político, siendo afín al Partido Colorado. Supo ser Ministro de Trabajo y Seguridad Social en el gobierno de Pacheco Areco y posteriormente Vicepresidente, electo democráticamente en el año 1972. Este último cargo, que de haberlo podido desempeñar en forma “normal”, hubiese demostrado su gran aptitud para el mismo. Esto dado sus grandes principios éticos, morales y fieles al Estado de Derecho.

De hecho, estos principios de Jorge Sapelli se denotan en su máxima expresión cuando en el año 1973 le da la espalda a las autoridades que la población eligió democráticamente, pero que cuando el poder llegó a sus manos, claudicaron. Les da la espalda a las autoridades de facto. Sapelli, siendo Vicepresidente de la República y por tanto Presidente de la Asamblea General, se opone totalmente al golpe de Estado de junio del 73’. Hizo todo lo que pudo para que no se propicie el mismo, buscando que no se disuelvan las cámaras, pero el 27 de junio no pudo presidir la sesión porque estaba moviendo cielo y tierra para que el Poder Ejecutivo no se desviase de los mandatos de la Constitución. De hecho, según el actual Ministro de Defensa Javier García, Wilson y Eduardo Paz Aguirre (quién presidió) lo convencieron de que no presida la sesión para que fuese a hacer lo que pudiera contra quienes atentaban contra la democracia. Postergación, rendición, tregua, algo.

”Bien se podría hacer un paralelismo entre la figura de Baltasar Brum, quien en la dictadura de Terra segó su vida para marcar a fuego esa dictadura, y la de Sapelli, quien resistió el quebranto institucional y sostuvo su investidura vicepresidencial contra viento y marea. Esto es tan importante que en el retorno a la democracia la imagen de Sapelli estuvo ubicada en ese contexto exacto”.

Diputado Washington Abdala – 1º DE JULIO DE 2008

Jorge Sapelli se negó rotundamente a aceptar la presidencia del Consejo de Estado que se le había ofrecido cuando se instauró el golpe de estado, así como también la jubilación de su cargo de Vicepresidente en ese momento. Entendía que el pueblo lo había elegido a él para las funciones correspondientes a la vicepresidencia y no fue hasta el 1 de marzo de 1977 que hizo el trámite jubilatorio porque la Constitución así lo dispone. Jubilación que no le dio réditos monetarios dado que en el periodo de facto no se le pagó el sueldo. Entendía que renunciar a la vicepresidencia o jubilarse era estar de acuerdo con el golpe de Estado, por tanto ser cómplice. Incluso, se dice que en el periodo que le correspondía como Vicepresidente, llegó a instalar una ‘‘vicepresidencia’’ en su apartamento de calle Julio Herrera y 18 de Julio.

Me atrevo a tomar una referencia histórica que ha hecho el político Aníbal Gloodtdofsky en sus redes sociales para transmitirla en este artículo. Jorge Sapelli se ha comportado como lo ha hecho Mike Pence esta semana en el Capitolo de los Estados Unidos de América, o mejor dicho, Pence se ha comportado como Sapelli, por más de que parezca raro. El actual Vicepresidente de Estados Unidos ha actuado, al menos hasta ahora, con grandes valores y principios demócratas y republicanos, defendiendo y remarcando su lealtad hacia la democracia y la Constitución, no dejando que se avasallase su investidura ni el cuerpo legislativo en su totalidad. No dejando que la separación de poderes sea una mera teoría y respetándose así el tan importante sistema de pesos y contrapesos.

‘‘Para Trump fue una traición. Para los Estados Unidos una luz de esperanza’’

He de dudar de que exista una descripción tan acertada como esta sobre el comportamiento de Pence en estas últimas horas. Creo que nadie querría estar en su piel durante estos momentos, dado que debe de ser la persona con más presión en toda la nación norteamericana, a la que se le reclama la invocación de la 25ª enmienda para destituir a Presidente Trump. Idea que seguramente le sea de rechazo dada la efervescencia que la sociedad estadounidense está experimentando después del ataque al Capitolio en manos de ‘‘manifestantes’’. Destituir al Presidente (a no ser que sea por un juicio político) en este momento sería una medida drástica que podría generar caos en la sociedad y en las instituciones. Más caos del que ya existe.

Dejando de lado tales hipótesis y volviendo al comportamiento de Pence, la carta del 6 de enero de 2021 para el Colleague es digna de valorar, tanto por los principios constitucionales que se expresaron allí como por la valentía de su persona entendiendo la responsabilidad y las obligaciones de su cargo. A veces, las palabras se las lleva el viento y muchos buscan -justamente- hechos y no palabras, y este Vicepresidente sin temblarle el pulso rechazó las objeciones que tuvo que rechazar, siendo que algunas ni siquiera tenían los requisitos que dispone el United States Code para que sean válidas. En lo que sería y será un 6 de enero para la historia, donde Pence, después del ataque al Capitolio y reiniciada la sesión, toma la palabra y vuelve a dar clase de civismo. Es que el civismo no conoce de polarizaciones, estas que tanto se quieren imponer hoy en día. Reconocer que el ataque al Capitolio es algo intolerable y que los responsables de dicho acontecimiento son fascistas, no me hacen votante ni afín al Partido Demócrata, como no ser de Nacional no me hace de Peñarol y viceversa. ¿No le parece digno de un fascista atacar a un cuerpo elegido democráticamente (aun habiendo referentes del Partido Demócrata y del Partido Republicano) por el simple hecho de que no comparten lo que pienso, lo que digo o un resultado y por tanto no quiero que actúen porque no fallan a mi favor?

Umberto Eco en su libro ‘‘Contra el Fascismo’’, expresa las claves para reconocer el fascismo en lo que vendría a ser un especie de manifiesto (libro harto recomendable). En el mismo afirma que para los fascistas el desacuerdo es traición, tienen una obsesión por el complot, dan la vida para la lucha en donde el heroísmo es la norma (todos quieren serlo sin importar las consecuencias), proponen un populismo cualitativo en donde se oponen a los gobiernos parlamentarios, entre tantas cosas más. Me atrevería a añadir otro síntoma de algunos fascistas, el conspiracionismo indeliberado.

¿Acaso estoy insinuando que los seguidores de Trump son todos fascistas? No, para nada, pero tampoco dudo en condenar a los fascistas que disfrazados en las mareas de movimientos sociales benignos han atacado instituciones y a la sociedad. Fascismo hay en todos lados y es nuestro deber detectarlo, señalarlo y erradicarlo, provenga de donde provenga, sea de izquierda, derecha, de arriba o de abajo.

‘‘Me atrevo a afirmar que, si la democracia americana deja de progresar como una fuerza viva, intentando mejorar día y noche con medios pacíficos las condiciones de nuestros ciudadanos, la fuerza del fascismo crecerá en nuestro país’’ (4 de noviembre de 1938).

Eco, en el libro mencionado añade una frase de Roosevelt. Bastante válida por cierto.

A esta altura del artículo el lector se preguntará que tiene que ver el Vicepresidente Sapelli con el Vicepresidente Pence: dos personas actuando con sus respectivos valores demócratas y republicanos que defienden las instituciones a viva voz. Así como tantos y como pocos. Sapelli, junto con Wilson Ferreira Aldunate, Hierro Gambardella, Amílcar Vasconcellos, Eduardo Paz Aguirre (como primer vicepresidente del cuerpo), así como otros miembros del Poder Legislativo de entonces, lucharon hasta el último momento con sus discursos y sus personalidades para que el golpe de Estado no se consumara. Todo esto con una gran hidalguía. Como es sabido, muchos claudicaron y decidieron desviar los destinos de la República, lamentablemente teniendo éxito. Hoy, Mike Pence tiene el desafío de evitar desastres institucionales y sociales en una sociedad polarizada y ya ha dado señales de civismo y coherencia. Ha decidido seguir a sus convicciones e ideas y no a su ex aliado político, ha decidido ser leal con la República.

Es fundamental que cada uno de nosotros debemos remarcar estas actitudes y hacerles frente a otras de índole fascista, que, siguiendo la metáfora de moda del año 2020, es otra de las tantas pandemias y virus que están ocultos y siempre buscan renacer. No olvidemos.


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