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El Vaticano juega a las negras y a las blancas

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Irrespetuoso de quiénes padecen enfermedades mentales, el papa Francisco se ha referido en ocasiones a la “esquizofrenia asistencial”, la “esquizofrenia espiritual”, y la “esquizofrenia pastoral”. En todos estos casos, el pontífice aludió a la hipocresía. Pero estaría bien que deje a un lado a los enfermos – y cómo no, se informe mejor acerca de la psiquiatría y los trastornos mentales – por la salud de una Iglesia que poco a poco cae al más hondo precipicio, justamente por sus dobleces, mentiras, pecados, sátiras, y otros engaños.

El Vaticano juega en el tablero de ajedrez con las fichas negras y con las fichas blancas. Y no se trata de una enfermedad mental; sino de un plan macabro consistente en apaciguar las aguas para que no salgan más feligreses de los templos y no se vean mermados los ingresos económicos de la Santa Sede.

En efecto, “si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿Quién soy yo para juzgarlo?”, dijo Bergoglio en su primera conferencia de prensa tras ser electo. Pero en 2013, en el libro “Sobre el cielo y la tierra”, el papa dijo que equiparar legalmente las relaciones entre personas del mismo sexo con los matrimonios heterosexuales sería “una regresión antropológica”. El doble discurso del Vaticano ha quedado patentizado nuevamente, en otros hechos de no menor relevancia, como por ejemplo la reciente misiva papal al sacerdote James Martin – interpretado como un espaldarazo a la comunidad LGTBI – y a contrapelo la negativa de bendición de parejas del mismo sexo que según la Congregación para la Doctrina de la Fe, supondría la “bendición del pecado” (sic).

¿Qué ocurre verdaderamente en el Vaticano?. Elton John, lo ha revelado en un tuit: “Hipocresía: ¿cómo puede el Vaticano negarse a bendecir los matrimonios homosexuales porque son ‘pecado’ y, sin embargo, obtener ganancias alegremente al invertir millones en Rocketman, una película que celebra mi hallazgo de la felicidad con mi matrimonio con David?”.

Lo que está en juego de hoy en más es la credibilidad vaticana, tan venida a menos. La Santa Sede, se ha propuesto hablar a la comunidad internacional en dos frentes: unos que dicen de manera indirecta pero no contundente que apoyan a la comunidad LGTBI; otros que decididamente marcan el paso en la ortodoxia canónica.

En los hechos no se trata propiamente de una crisis de la Iglesia Católica; sino de una falta de moral auténticamente cristiana que señale el camino a seguir. En la película Las Sandalias del Pescador, el papa Cirilo I, hizo todo por salvar a la Humanidad de una guerra mundial, al extremo de enajenar las propiedades de la Iglesia para alimentar a una parte de la población en conflicto. Cirilo I, representa la voluntad de una Iglesia afanada por los problemas reales del mundo, y de seguir un camino con nobles valores y sin dobleces.

Pero, al parecer, el Vaticano no está dispuesto a la rectitud moral. Lo quiere todo: dinero, feligreses, y los dogmas canónicos. Lo más saludable, creo yo, sería que el papa y los miembros del antiguo Santo Oficio renuncien, o en su defecto, se llame a un Concilio Ecuménico para tratar los temas de mayor importancia en el siglo XXI. Pero mucho me temo, repito, que los vaticanistas lo quieren todo: el tablero de ajedrez y ambas fichas, negras y blancas, de su lado. Es una trampa, claro está. Y algo más que una trampa, quizás hasta un pecado.


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