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¡El Partido Comunista Miente! II

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“Yo rechazo la mentira porque sé que la ignorancia ha sido la gran aliada de la opresión a lo largo de la historia”.

Fidel Castro

Como fue señalado en la anterior columna, la tarde del pasado martes 03 de noviembre del pasado año, en el marco de los 100 años del Partido Comunista del Uruguay, se realizó mediante una Sesión Extraordinaria en la Cámara de Representantes un homenaje a este, solicitada por el Diputado Gerardo Núñez y votada por unanimidad. En la pasada columna como bien sabrá el lector, se abordó una de las falacias sostenida por el Partido Comunista del Uruguay, en ese caso particular, la apropiación indebida de un hecho histórico, el de vanagloriarse de haber tenido en sus filas a la que fuera la primera Senadora en nuestro país, premisa que es falsa y que nos lleva a concluir que miente. Ahora bien, la otra cuestión es indagar si se miente a sabiendas, si se miente por negligencia empírica, o si se miente por oportunismo político ¿usted qué opina?

Dicho eso, el objeto del presente es analizar otra de las premisas sostenidas en el marco de ese homenaje. Entre la lista de oradores, el Diputado comunista Ubaldo Aita haciendo un recorrido histórico de su partido señaló el “compromiso con la lucha por la libertad, por la justicia, contra la impunidad y nunca más dictadura”, en la misma línea de pensamiento el Diputado Gabriel Mazzarovich hacía referencia a que  “seguimos dispuestos a luchar por verdad y justicia, y nunca más dictadura en esta tierra”, el Diputado comunista Gerardo Núñez mediante Twitter agrega que el PCU “enfrento cada golpe de Estado en nuestro país y defendió la democracia ”.

Si bien es cierto que el PCU se ha incorporado a una democracia liberal, participando de ella, apostando a la vía electoral y acatando las “normas de juego”, su vínculo con dicha democracia muchas veces es puesto en debate y es objeto de discusión por la ambigüedad del relato en circunscripción con los hechos. En este sentido y tomando como marco algunas de las palabras de los discursos que abogan por un Partido Comunista que siempre defendió y peleó por la democracia y en contra de la dictadura, los hechos relatan otro sentir, una suerte de hemiplejia conceptual, empírica y ontológica.

El pasado 18 de octubre del corriente el Semanario “El Popular” (perteneciente y dirigido por el PCU) en su editorial afirmaba que “El Partido Comunista del Uruguay cumple un siglo de militancia, de compromiso, de lucha por la libertad y la igualdad, por un mundo distinto. Un siglo de organizar la rebeldía para transformarla en fuerza material transformadora. Un siglo de construir revolución”, el mismo semanario que otrora apoyara de forma ferviente, esperanzadora y con alegría, el golpe de Estado de nuestro país, mediante el apoyo de los comunicados N°4 y N°7.

Semanario que definía por ese entonces como “hombre inteligente, progresista y luchador, que pertenece a una familia enraizada en las mejores tradiciones del Uruguay. Hombre de empuje, el General Álvarez le ha entregado lo mejor de su juventud a su patria” a la figura de Gregorio Álvarez. El 10 de febrero de 1973, dicho semanario publica el apoyo crítico por parte de la CNT al levantamiento militar: “para el logro de estos objetivos no hay fronteras entre los orientales honestos: civiles y militares, sacerdotes y laicos, obreros y estudiantes, profesionales, jubilados”. En la misma tarde el PCU hizo pública una declaración donde entre otras premisas sostenía que: “Sin duda, los hechos ocurridos en estos días han asestado un duro golpe a la política pachequista y el país atraviesa un momento que, mirado en la perspectiva histórica, tiene un signo positivo…Por sobre la divisoria real y profunda de la sociedad uruguaya, el enfrentamiento irreconciliable entre la oligarquía y el pueblo sigue plenamente vigente. Y es, en definitiva, en el pueblo, en la unión de los orientales civiles y militares, donde reside la supremacía de la victoria en la lucha”.

Al día siguiente “El Popular” en su editorial titulada “Los objetivos expuestos por las Fuerzas Armadas” sostiene que: “El país necesita cambios, el pueblo quiere cambios…en esa conciencia nacional que se ha ido formando en los últimos años, se inscribe el documento dado a conocer por los comandantes del ejército y la fuerza aérea, precisando los objetivos económicos y sociales a su juicio necesarios para transformar una realidad que con razón estiman como grave. Pensamos que es razonable que las Fuerzas Armadas, que no se consideran una simple fuerza de represión o vigilancia quieran dar su opinión…Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre poder civil y poder militar; que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de este caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del pueblo, para terminar con el dominio de la rosca oligárquica… ¿Por qué nos parece, en general, positivo el documento de las Fuerzas Armadas (complementado por el comunicado 7/73)? Porque plantea la preservación de la soberanía, no solo la defensa territorial de la patria, sino también, y muy especialmente, la de su más absoluta libertad de decisión, tanto referido a los asuntos internos como a los problemas de las relaciones internacionales”.

El 15 de febrero de ese mismo año, publicación mediante, afirman que: “sorpresa le ha causado a El País que la prensa frenteamplista entendiera positivo el documento programático de los militares. Desazón, se la admitimos como plenamente lógica; sorpresa no. Porque en el pueblo y en sus organizaciones legítimas, siempre ha habido total coherencia en la defensa de las necesarias transformaciones ¿Qué hay en el programa omisiones o insuficiencias? Cierto, y así lo hemos dicho con total franqueza. Pero las propias FF.AA. han afirmado que los estudios que realizaban no estaban aún terminados; y nada es estático cuando hay en particular, como en el Uruguay, la necesidad, la conciencia y la necesidad…”.

Mismo semanario que el 19 de febrero en su editorial titulada “Insolencia Yanqui” en respuesta a un artículo publicado en el “New York Times”, sostienen que: “Los imperialistas norteamericanos que insultan a la Junta Peruana porque ha recuperado para la nación peruana importantes riquezas que estaban en manos extranjeras y tomado medidas que hieren a la oligarquía de dicho país, se expresan con disgusto y desdén por los objetivos expuestos por las Fuerzas Armadas en los comunicados 4 y 7, porque más allá de sus limitaciones, plantean la preservación de la soberanía y la libertad de decisión…Una reacción patriótica tiene que acudir a todos los orientales honestos. Los militares uruguayos, sin duda, rechazan los conceptos del New York Times, pero todo el país es el que debe repudiar la insolencia yanqui”

En ese entonces, el Senador comunista Jaime Pérez hace referencia a los comunicados de las Fuerzas Armadas sosteniendo que “hay en ellos un reflejo del clamor popular por transformaciones. Y por cierto que esto no cayó como maná del cielo. Por obra de una lucha de años del movimiento obrero, del Frente Amplio, de nuestro Partido, hay conceptos básicos que se han transformado en patrimonio de las más amplias masas…Los documentos de las Fuerzas Armadas abren una brecha clara entre sectores de la oligarquía y las Fuerzas Armadas: esto es positivo y es inédito. No era esta la situación de los años 68 en adelante ni la que imperaba luego del 14 de abril: 1) Antes las Fuerzas Armadas eran utilizadas para militarizar a los trabajadores, llevar presos a los que denunciaban los ilícitos, afirmar el poder de la oligarquía. 2) Ahora, los que están en el banquillo de los acusados son los partidos tradicionales, el reeleccionismo, la 15, los blancos baratos. Aparece descolocado Wilson Ferreira, que ahora sale a atacar al Frente Amplio”.

Para finalizar, dejo las palabras del entonces Senador y caudillo Wilson Ferreira Aldunate, en alusión al PCU: “Estamos al borde del golpe de estado, ahora, a minutos, de la instalación de una dictadura militar. Y que, si no quisiera el Partido Comunista, aquí no habría dictadura militar. Si las instituciones flaquean es simplemente porque hay un sector de presuntos reformadores revolucionarios, empeñados en mantener por encima de todo otro objetivo, como cosa primordial la posibilidad de seguir revistando burocráticamente como ejecutivo cómodo de organizaciones gremiales o como propietarios, porque es el único partido comunista revolucionario del mundo a quien conozco que cada vez compra más inmuebles, propietarios que quieren gozar de su derecho de propiedad sobre sedes sociales lujosas y mantener la condición de legalidad, que este caso dejaría de ser legalidad para transformarse simplemente en autorizada por el gobierno de que han gozado de hace más de medio siglo. Esta es la tragedia nacional, y al país y también a mucha gente la convencieron de que los intérpretes de la voluntad popular, las inquietudes de la gente era un núcleo de auto designados, revolucionarios o transformadores de la estructura social…”

Hasta aquí ha sido un breve recorrido de los hechos referentes al Partido Comunista del Uruguay en el marco de la antesala del golpe de estado militar, apoyado y celebrado con avaricia de dominio. A veces las palabras sobran y los silencios estridentes no hacen más que evidenciar y confirmar las mentiras que de forma constante se intentan desdibujar con falsa retórica y argumentaciones estériles, esta ambigüedad en el relato colabora a la devaluación de la institucionalidad, a la pérdida de legitimidad, al falso reconocimiento y peor aún, la erosión de los principios democráticos en un sistema republicano.


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1 comentario

  • Federico Heuer
    Federico Heuer

    La verdad histórica está en la biblioteca con los diarios de la época.

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