Compartí este artículo con tus amigos

El semanario Búsqueda informó hace algunos días, que Pedro Bordaberry habría anunciado a dirigentes de nuestra colectividad que mantendría su decisión de abandonar la política, pidiéndoles que “no hablaran más de él”.

Desconocemos la veracidad de esa mala noticia -el semanario se reserva las fuentes- pero, aún en caso de que no se llegara a confirmar de boca de Bordaberry mismo, de todas maneras sirve para reflexionar sobre la actual situación de liderazgo en nuestro partido.

En los últimos años, los colorados hemos vivido una peculiar crisis en lo que tiene que ver con las candidaturas. Al fallecimiento de quien fuera sin duda el más grande presidente del siglo XXI, Jorge Batlle, se sucedió un ascendente protagonismo de Bordaberry, quien confirmó además ser uno de los legisladores con más capacidad de propuesta del sistema político, algo reconocido en su momento por dirigentes de todos los partidos.

Pero después de un coyuntural revés electoral en 2014, cuando el Partido Nacional supera en votos al Colorado y accede al balotaje en competencia con el Frente Amplio, Bordaberry decide abandonar la política y el partido queda acéfalo.

Pido al lector que recuerde la vertiginosa dinámica de los hechos en el año previo a las elecciones de 2019. La candidatura de Talvi, en solitario, generaba al principio una escasa adhesión, comprensible porque el nivel de conocimiento que la ciudadanía tenía de él era aún insuficiente.

Cuando Julio María Sanguinetti sale al ruedo con la intención generosa de agitar la interna colorada, se revela un crecimiento exponencial de la adhesión al partido según todas las encuestas. Talvi gana la interna con un discurso liberal-progresista que, por un lado, nos hace perder votos del ala más conservadora, que pasan a Cabildo Abierto, pero por el otro, nos hace ganar muchos otros que vienen de ex frenteamplistas moderados, claramente desencantados con el proceso de radicalización de la coalición de izquierda.

Si algo debe reconocerse a Talvi es que refrescó la imagen partidaria y recuperó en buena parte la mística batllista, en su referencia recurrente al “pequeño país modelo” que debíamos reconstruir después de tres lustros de colectivismo frenteamplista. Tuvo además un brillante desempeño en el breve período en que fue canciller, generando en el episodio del Greg Mortimer un pico de simpatía de la opinión pública.

Por ello, su renuncia al cargo y a la actividad política fue un nuevo balde de agua fría, la repetición de un karma que parece afectar a nuestra colectividad, como si el destino nos hiciera compensar ahora el protagonismo que tuvimos en la vida del país durante la mayor parte del siglo XX.

En ese contexto tan desafortunado, no podemos menos que admirar y aplaudir la abnegación con que Sanguinetti sigue conduciendo al Partido desde la secretaría general y dando apoyo a una coalición republicana que él mismo forjó, en aquella no lejana reunión que propició con Lacalle Pou y Larrañaga, para motivarlos a dar ese salto cualitativo que a la postre resultó exitoso.

Hoy nuestro querido presidente Sanguinetti es una de las espadas más inteligentes y eficientes en la defensa del gobierno, y el correspondiente ataque a una oposición que, por su carencia de liderazgos, demuestra un nivel de improvisación y falta de solidez realmente alarmante.

Pues bien: ¿y ahora qué? ¿Cuál es el futuro? ¿Hacia dónde deberíamos dirigirnos?

Hay interesantes dirigentes jóvenes que están emergiendo: sin duda el presidente de ANEP Robert Silva es uno de ellos, y no es el único.

El mensaje que me parece importante dar, sin embargo, es que los colorados no debemos ni llorar sobre la leche derramada, ni tratar de resolver el problema con reuniones entre cuatro paredes. Todo lo contrario.

Ahora más que nunca, hay que salir a los barrios y a todos los departamentos del país. Ganar la calle. Tocar puertas. Organizar reuniones. Acercarse a la gente, escuchar sus problemas y brindarles nuestras soluciones, las que ofrece un partido con experiencia de gobierno, que aúna pragmatismo político y económico con una profunda sensibilidad social.

Nuestra misión hoy no pasa por tirar nombres a la prensa, sino por trabajar todos juntos en el territorio.

Divulgando nuestro pensamiento batllista, con lealtad al proyecto de la coalición republicana, pero dando relevancia a los matices que nos identifican.

Esa ha sido mi lucha desde que empecé en política, y me parece importante que todos los colorados la sintamos como propia.

No se crece electoralmente desde twitter: hay que convencer a los compatriotas, mirándolos a los ojos, escuchándolos y mostrándoles que estamos de su lado.

Solo teniendo esto bien claro y actuando en consecuencia, transformaremos la crisis en oportunidad.


Compartí este artículo con tus amigos
A %d blogueros les gusta esto: