El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

El éxito y la programación en los lideres

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Desde niños nos enseñan que la realidad que
vemos, o lo que con nuestros otros cuatro sentidos captamos ha de estar
orientado a la búsqueda de riquezas que puedan tocarse, verse, olerse, saborearse.
Nos hemos acostumbrado al dinero, a la abundancia que podemos presumir ante
otros y al reconocimiento colgado en las paredes. Nos han enseñado que sólo lo
que puede probar la ciencia es lo cierto y constituye lo
verdadero. Contados son los que se sienten orgullosos, felices y triunfadores
por reconocer lo que hay dentro de ellos, aunque no se pueda
comprobar científicamente, en lugar de sólo sentirse satisfechos por lo
que pueden comprobar físicamente a su alrededor.

En la mayoría de niños, adolescentes, jóvenes, y
también de adultos es común que admiren a personajes como deportistas,
artistas, empresarios o gobernantes que han sido exitosos en su desempeño
profesional, buscan así imitarlos y aprender de ellos, sin comprender que
están perpetrando el modelo cotidiano de otras personas y no el modelo
extraordinario que ellos podrían llegar a ser. Nos han enseñado que
nuestra vocación siempre está ligada a nuestras capacidades, cualidades o
gustos terrenales, y por eso nos volvemos cómodos, pero son muchas las personas
que confunden su vocación con su profesión y se enfocan día y noche en lograr
tan sólo metas terrenales y materiales. 

La vocación de cada uno es única, y actualmente
estamos llenos de personas que cobran mucho dinero, pero que en realidad
ejecutan pocas obras de trascendencia humana y por lo general no hacen lo que
les apasiona.

Cuando algo te apasiona el sueldo es lo de menos
y el dinero llega como una consecuencia de agregar un alto valor y esto se
logra cuando realmente trabajas por pasión y no por obligación. Como el
cuento de los cangrejos en el interior de una cubeta, cuando un cangrejo va
trepando por la pared de la cubeta para alcanzar su libertad, los otros cangrejos
lo jalan para evitar que salga, quedando manifiesta así la envidia de los
demás cangrejos que no han podido trepar, así piensan y obran muchas personas
que prefieren mantener abajo a otros en lugar de ayudarlos. Lo cierto es
que la envidia proviene de la creencia de que vivimos en escasez y que
cuando alguien alcanza la cima, ese espacio quedará ocupado y, en vista de
que creemos que hay “pocas cimas”, entonces asumimos –en forma consciente o
inconsciente– que ya no nos tocará nada a nosotros. Lo mismo sucede con
posiciones de liderazgo, en la política tanto como en los negocios
pensamos que hay pocas posiciones de liderazgo, pero si miramos a nuestro
alrededor con nuevos ojos, posiciones de liderazgo hay muchísimas, tanto a
nivel social y político como cultural y empresarial, además de las muchas que
están por crearse, y así comprenderemos que en realidad nadie
compite contra nosotros.

Deja de competir y dejarás de ver espacios
limitados de liderazgo. Descubre quién eres, descubre tu vocación, y serás
único y extraordinario en lo que hagas. Aquí reside una de las grandes misiones
de los líderes actuales: crear espacios, formas, mecanismos tanto para ayudar
a lograr nuevas oportunidades de responsabilidad, acción y liderazgo, como también
para ayudarlos ascender a posiciones de mayor responsabilidad. Muchos políticos
y administradores públicos buscan aprovecharse de sus posiciones de
liderazgo para controlar a otros.

Considero entonces que el mejor liderazgo es
aquel que les permite a las personas contagiar desde el buen ejemplo, sin imposiciones.
La mayoría de las personas quieren ser exitosas. El éxito es un concepto
que mueve a muchísimas personas, y sin lugar a dudas también mueve a los
líderes ya sea de una manera consciente o en forma inconsciente. Lo cierto es
que este concepto poderoso, y que nos mueve todo el tiempo a hacer lo que
hacemos, nos fue sembrado desde muy pequeños. El éxito es igual a la autoaceptación,
a agregar valor a la sociedad sin ver primero la utilidad económica de
ello. Nuestro sistema emocional está esclavizado por el qué tan exitosos o
que tan fracasados nos sentimos. Si un día nos sentimos exitosos estamos
felices y satisfechos y lo presumimos en todas las redes sociales. Si un día sentimos
que hemos fracasado en muchos de los planes que teníamos, o que nos habían
impuesto consciente o inconscientemente, entonces nos podemos sentir deprimidos,
tristes, enojados o hasta culpables. Sin embargo, cuando logras expresar con
plenitud la satisfacción que emerge del interior, sin sustento en posesiones
externas, llega a cambiar tu visión de por vida.

Desde niños nos han enseñado, de manera
consciente o inconsciente, que hay que tratar de tener, poseer, controlar, y
una vez logrado eso administrar lo que se tiene, se posee, se controla, pero en
realidad amar no es poseer, sino liberar, soltar. Al querer atar y manipular a
otra persona le robamos su individualidad y vamos en contra de la creación
misma que desea seres únicos y extraordinarios.

Hemos aprendido a querer imponer nuestra
voluntad e ideas en otros y por eso hemos desarrollado capacidades para
controlar en lugar de construir capacidades para escuchar, aceptar, admirar.
Cuando nuestro enfoque único está en acumular, dominar, controlar u ocupar un
cargo específico, se pierde el enfoque del cómo llegar a estos objetivos. En realidad,
es en el proceso en donde demostramos nuestros valores, nuestra ética y
nuestras virtudes. Se nos hace pensar que al llegar a la cima tendremos el control
sobre todos y, sobre todo.

Se nos ha hecho pensar que al llegar a la cima
seremos respetados, admirados y reconocidos por los demás, e incluso temidos.
Nada más equivocado que esto. Esa es una visión egoísta tanto en los negocios
como en el Gobierno. Implica más velar por los demás que por ti, ser más
humilde que nunca, y comprender que allí necesitarás vivir y aplicar todas
las virtudes que has podido construir en tu camino. Por todo esto permítete
con paciencia y humildad, recorrer el proceso para convertirte en un gran líder
inteligente, capaz de cambiar tu entorno, pero no aceleres el proceso, ya
que podrás estar dejando de lado alguna estructura del cimiento, y después todo
se podrá venir abajo. Disfruta tu camino y no vivas a la expectativa de tus
objetivos. Los objetivos se materializan cuando lo das todo en cada paso del
camino. La cima, al final de cuentas, en cierta forma justo está donde estás
ahora mismo, mucho tienes por dar. 


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