El Día

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El Derecho es una estrategia creadora de género

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Como sociedad deberíamos tomarnos un minuto para cuestionarnos la razón de la habitualidad de las noticias en los medios de comunicación sobre femicidios y violencia contra la mujer. Ya todos sabemos que estas cosas suceden y se ha vuelto una terrible costumbre.

Anteriormente el Estado veía a los crímenes contra la mujer como crímenes de la intimidad, del deseo, crímenes de alcoba, pero ¿Esto realmente ha cambiado?

El crimen de alcoba es una estructura moral que afecta incluso al Derecho, la selectividad de la justicia en términos de raza y de género se vuelca con toda su fuerza contra los pobres, contra las personas que no son blancas, contra las mujeres, contra los homosexuales, transexuales, en fin, contra los colectivos excluidos históricamente. Cuando el derecho y el Estado piensan en género muchas veces vuelven a caer en el crimen menor porque pasan a ver el crimen de género como un crimen de la libido.

Los operadores jurídicos en la mayoría de los casos no tienen perspectiva de género, y nos podemos preguntar como personas que nunca sufrieron discriminación, que nunca sufrieron necesidad, que siempre estuvieron del lado del privilegio, ¿Cómo pueden juzgar? ¿Cómo se puede juzgar si no se ha cultivado una sensibilidad empática, o no se ha comprendido el dolor de estar del lado del derrotado en la historia?

Aún nos encontramos bajo un Derecho androcéntrico, que otorga al hombre y a su punto de vista una posición central en la comunidad, la historia y la cultura.

Lamentablemente por más normas que existan en nuestro ordenamiento jurídico sobre la protección de las mujeres, aún se sigue creyendo que son crímenes de la intimidad, el esquema mental sigue siendo el mismo, y estamos hablando de muchas normas de iure (por derecho) y no tantas de facto (de hecho).

No hay una buena relación entre el Derecho y el feminismo, la normativa en muchos casos sigue siendo sexista, han habido cambios, pero la mujer sigue siendo puesta un escalón más abajo que el hombre.Podemos llegar al punto de considerar al sistema jurídico como un mal padre que pretende proteger a las mujeres, pero que termina siendo autoritario. No lograremos un Derecho con perspectiva de género, ni un Estado protector de facto sin antes cambiar nuestra mentalidad como sociedad, el problema no es el Estado, ni el derecho, somos nosotros.

Muchas mujeres desatendidas, agredidas, que sufren injusticias y que acuden esperanzadas al Derecho para solucionar sus problemas, parece que el Derecho todo lo soluciona. Lo que no entendemos es que mientras sigamos pensando en las mujeres como el colectivo crucificado a ser discriminado eternamente, nada cambiará, y nunca existirá una perspectiva de género, ni de parte del Derecho, ni de parte del Estado, ni de parte de nadie.

Carol Smart, socióloga, feminista y académica de la Universidad de Manchester ha mencionado algo muy interesante refiriéndose al Derecho: habla de un “proceso de legalización de la vida cotidiana” es decir, el Derecho toma de la realidad distintos parámetros para efectivamente crear las normas que luego nos regularán como sociedad. Quiere decir que mientras no cambiemos de mentalidad, el Derecho seguirá con su clara estrategia creadora de género, en donde el hombre es el centro, y es el que durante la historia ha tenido el gran protagonismo importante. Pero indirectamente la estrategia la creamos nosotros, seres acostumbrados a ver noticias de la mujer violentada, ya lo internalizamos, lo vemos como natural, y por lo tanto no hacemos nada al respecto.

El Derecho es un estratega de género por la razón de que ha creado un concepto de “mujer” que en absoluto recoge la realidad de las mujeres y ha focalizado la figura de la mujer como madre y esposa. El verdadero sujeto es el hombre.  Las mujeres seguimos siendo pensadas con el objetivo de ser madres y de ser esposas, de lo contrario somos para nuestra sociedad “solteronas”, y el hombre es un “ganador”.

Es muy fácil constatar que cuando la legislación atribuye derechos a las personas, subyace en su modelo un varón, mayor de edad, y con una familia a la que dar apoyo y sobre todo mantener. Este hombre, además de realizar por excelencia el trabajo remunerado, ocupa los espacios públicos de la política, la economía y las finanzas. Aunque se nos quiera vender que la mujer está alcanzando los mismos niveles que el hombre, aún seguimos teniendo dificultades para llegar a los máximos de poder en la política, de conseguir un trabajo bien remunerado de una forma sencilla y de ser libres en cuanto a nuestro sentir.

Estamos hablando de un sentido común, un sentido común que se basa en los crímenes contra las mujeres como crímenes menores, y este es el sentido común de jueces, abogados, fiscales, y de toda la comunidad.

Hay un orden político que se reproduce en todas las personas, en todas las relaciones, el ojo patriarcal. No se puede concebir que un operador jurídico tenga el mismo sentido común que cualquier otra persona, y no haya trasformado su pensamiento de manera de ver la estructura patriarcal en la que vivimos, la fundante de todas las desigualdades. Una percepción de la realidad de los juristas que no visualiza que hay un orden político desigual. Un juez, que no ha trasformado su mentalidad pero que va a juzgar.

La violencia contra la mujer no terminará ni el Estado podrá cuidarnos, sin antes haber existido un cambio radical de mentalidad en la sociedad y sobre todo en los operadores jurídicos. 


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