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El Covid-19 y las peligrosas secuelas en el personal de la salud

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El personal de la salud es el que más está sufriendo las consecuencias de esta pandemia, tanto física como psicológicamente. Los trabajadores de la salud llegan a sus casas angustiados por la situación que se está viviendo, por no poder hacer nada, dado que en varias ocasiones no hay camas y se debe de que elegir a quien salvar. Personas lamentándose por no poder estar junto a sus seres queridos cuando ingresan a CTI (Centro de Tratamiento Intensivo), muchos de los pacientes mueren en soledad deseando despedirse porque saben que se morirán, pero no, no pueden.

Pero, en esta pandemia, ¿Cuánto ha cambiado el valor que le damos a la vida? Hablar de fallecimientos es como hablar de cualquier otra cosa, lo naturalizamos completamente, en especial las personas a las que no les ha tocado vivir la situación de perder a un familiar o a una persona cercana. Imaginemos como lo vive el personal de la salud viendo fallecimientos cada día, lo dan todo de sí, pero poca comprensión reciben, poca atención tienen mientras que la salud de éstos está totalmente comprometida, y sobre todo la salud mental, puesto que afecta en forma indudable el ver morir todos los días a personas que quizá podrían haber vivido más, pero que murieron porque no había camas para atenderlos o porque no había suficientes respiradores. Imaginemos entonces por un segundo el miedo y la impotencia que todos los días tienen que vivenciar los integrantes de la salud en nuestro país. 

Hace meses atrás, cuando teníamos pocos casos activos en Uruguay, salíamos a los balcones a aplaudirlos. Al parecer sentíamos mucha empatía, nos poníamos en su lugar y como acto de agradecimiento los aplaudíamos, pero me pregunto por qué hoy ya no lo hacemos, creo que es algo propio de la sociedad el olvido y la costumbre. Esta pandemia se volvió una costumbre, ya no nos importa tener que vivir en medio de una pandemia mundial, ya no nos importa el otro, lo único que nos pretendemos es volver a ver a nuestros amigos, abuelos y padres, y ello está bien, es parte del ser humano, pero pensemos que saliendo y viendo a nuestros seres queridos lo único que logramos es que se detenga el avance contra la pandemia y que el personal de la salud siga sufriendo las consecuencias, sin ellos no podríamos salir de ésta situación y no les damos el papel de protagonismo que merecen.

La salud mental de los uruguayos durante el aislamiento no es buena, como mencioné, las personas son seres sociables que necesitan interactuar con otros individuos. No es algo saludable estar encerrado entre cuatro paredes por mucho tiempo, incluso sin ver la luz del día. Lo cierto es que la situación de estos trabajadores no es para nada agradable, no permanecen “encerrados”, pero tienen que ir a trabajar a un hospital a diario, apeligrando su salud y la de los que conviven con ellos. Contraer el virus es tarea sencilla en este contexto, por más cuidados que tengan, faltando un mínimo detalle, podrían contagiarse.

Está claro que el Covid-19 no es una “gripecita”, puede llevar a la muerte a muchas personas, no solamente a los ancianos también a jóvenes, puesto que no depende simplemente de la edad, sino de cómo se encuentre nuestro cuerpo en ese momento. Es abrumador que transcurrido tanto tiempo desde aquel 13 de marzo aún sigamos pensando en salir y repitiendo “los demás no me importan, a mí no me va a pasar nada”.

Las fiestas clandestinas, las juntadas familiares, las ganas de la gente de salir corriendo a aglomerarse a una plaza, el discurso de algunos políticos mencionando: “Son jóvenes, tienen que salir”, es un poco desalentador; si, tienen que salir, a los jóvenes nos gusta salir, pero ahora no podemos hacerlo, podemos hacer otras cosas que nos gusten, que no impliquen poner en riesgo la salud de otras personas, y seguir recargando el trabajo del personal de la salud, que ya no da abasto.

Sé que es difícil de entender, sobre todo para aquellos que no tienen una madre o padre trabajando en la salud, muchas veces nos cuesta sentir empatía sobre algo que no nos toca de cerca, pero es muy triste ver a un ser querido llegar de su trabajo, estresado, preocupado, quizá enfermo y angustiado por la falta de compañerismo y sensibilidad de los demás. Esto es responsabilidad de todos y depende de nosotros cuando será la llegada de esa nueva normalidad que tanto estamos esperando.

La Organización Panamericana de la Salud llamó a los países de la región de las Américas a adoptar medidas que protejan a los profesionales de la salud con el objetivo de que sigan atendiendo de manera segura a personas con coronavirus, nuestro país ha atendido a este llamado, se ha tratado de fortalecer las capacidades del personal de la salud para poder brindarle una mejor atención a los pacientes con Covid-19, pero, ¿Qué estamos haciendo como país para proteger a los trabajadores de la salud? ¿Acaso están recibiendo atención psicológica más allá de las cuestiones sanitarias? Concurrir con un psicólogo no siempre está al alcance de todos, y menos en tiempos de pandemia donde la mayoría estamos limitados en cuanto a nuestra capacidad económica. Como país no estamos protegiendo a estos trabajadores en materia de salud mental, sería fundamental que se implementara atención psicológica gratuita o por lo menos más accesible de lo que sería en general concurrir con un profesional. 

Con esto no estamos diciendo que nuestro Gobierno no le haya otorgado ciertos beneficios a los trabajadores de la salud, claro que lo hizo, como sabemos el Banco de Seguros del Estado cubre las enfermedades profesionales  de acuerdo a lo establecido en la Ley N.º16.074 de fecha 10 de octubre de 1989, pero se han establecido nuevos beneficios, por ejemplo tener cubiertos los primeros tres días de la licencia médica si deben entrar en cuarentena luego de que el Poder Legislativo durante el martes 24 de marzo aprobase un proyecto de Ley que incluía el Covid-19 como enfermedad profesional, comprendiendo así al personal de la salud que trabaje directa o indirectamente con pacientes infectados por el virus y en este caso el Banco de Seguros del Estado ha asumido el pago de una renta temporaria durante el periodo de la enfermedad y con el límite máximo de 45 días. Por otro lado, el 6 de abril el Senado y la Cámara de Representantes aprobaron el proyecto de Ley remitido por el Poder Ejecutivo al Parlamento para otorgar el derecho de concurrir a vacunarse en horario laboral.

Todo lo mencionado en el anterior párrafo resulta sumamente positivo, pero el personal de la salud está sufriendo y va a pagar ese sufrimiento con su estabilidad emocional, secuelas quedarán en estas personas, y como país deberíamos solidarizarnos un poco más, no solo el Gobierno estableciendo medidas en materia de salud mental, sino también toda la comunidad cuidándonos para hacerles sobrellevar mejor su trabajo.


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1 comentario

  • Giovanna Arrieta
    Giovanna Arrieta

    Felicitaciones !! muy buen trabajo, ojalá muchos jóvenes, utilizarán tiempos como estos para reflexionar ,y crecer como personas.

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