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El batllismo y su huella aplastante

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Observando la línea histórica de tiempo, desde que conoció nuestro país gobiernos constitucionales, el Partido Colorado predominó sobre la misma. Gran parte del mérito se lo lleva el batllismo, como fuerza de avanzada y seguidora de las ideas de José Batlle y Ordóñez. Esta última figura fue, sin lugar a dudas, dicho por propios y extraños, el hombre que logró las transformaciones sociales que crearon las bases del Uruguay hasta la actualidad. Trabajadores, estudiantes, mujeres, uruguayos afines a un Estado Laico, prácticamente toda la sociedad se vio y aun se ve contemplada.

Si el batllismo fue tan bueno, trascendió en tantos sectores de nuestra sociedad y el reconocimiento por parte de adversarios políticos es tal, ¿cuál es la razón que lo hizo llevar al Partido Colorado a una magra votación electoral y a tener una escasa representación? ¿Estará el batllismo hoy en el Partido Colorado? ¿Será hora de desafiar y repensar conceptos? ¿Resultará necesario dejar de hablar de batllismo y buscar nuevos horizontes construyendo lo propio? Intentaremos respondernos esas preguntas que seguramente se nos vienen a la cabeza a todos los que estamos involucrados en la arena política y principalmente a los colorados con ejemplos que pueden ser bastante gráficos.

En los últimos meses apareció en la palestra pública la figura de Luis Almagro, alguien que siempre se identificó como blanco, que tuvo un exitoso paso por el MPP, sector frenteamplista desde el cual emergió hasta la Cancillería de la República en el período de José Mujica y luego, hacia la Secretaría General de la OEA, cargo que ocupa en nuestros días. Sin embargo, pese a ese pasado blanco y frenteamplista que he mencionado anteriormente, se reivindicó como un “hijo del batllismo”, puesto que señaló, primero ante un auditorio puramente colorado en una videoconferencia con la Agrupación Por el Porvenir y luego ante toda la esfera pública que es hijo de la escuela pública, liceo público y universidad pública.

Hace algunos años, un extranjero mencionó que el Partido Colorado iba a morir, pero ¿por qué iba a morir? Porque la obra de José Batlle y Ordóñez trascendió a todos los sectores de la sociedad. Eso, al trascender a todos los sectores de la sociedad, inyectó de batllismo a todos los ciudadanos del Uruguay. Hoy, los herreristas del Siglo XXI, que siguen a Luis Lacalle Pou, no son los mismos que seguían a su padre Luis Alberto Lacalle y mucho menos a Luis Alberto de Herrera. Digamos que entonces, el batllismo, más allá del tiempo, dejó indeleble una tendencia a volcarse por esa sociedad del progreso.

Podemos seguir contabilizando con ejemplos e ir a una figura que ha dejado de estar físicamente junto a nosotros en los últimos días como la del Presidente Tabaré Vázquez. Si hay una persona que es claramente hija del batllismo, esa es la figura de Vázquez. ¿Cómo un hijo de obreros va a llegar a ser Presidente de la República, la distinción más alta que puede recibir un ciudadano uruguayo? Más allá de que tengamos diferencias ideológicas insalvables, no hay mejor ejemplo que el mencionado, y no hay dudas, que llegó a la Presidencia en 2004 capturando muchos votos de batllistas, quizás o no, decepcionados con el Partido Colorado.

Muchas veces se ha intentado comparar al batllismo en Uruguay con el peronismo en Argentina, pero no hay dos ideologías o dos formas de hacer política tan diferentes como estas. Mientras el batllismo llegó siempre a la primera magistratura por la vía democrática, en la Argentina el peronismo llegó en algunas ocasiones a sazón de golpes de estado. Mientras el batllismo fue reformista, realizó los cambios que la sociedad precisaba, el peronismo fue mucho más de la revolución y del populismo. Precisamente y hablando de las épocas de Perón, tenemos que irnos a esa altura de la historia, mitad del Siglo XX, cuando la figura emergente era Luis Batlle Berres. Por entonces, surgió la recurrente frase de “el que tenga sentimientos de izquierda, que venga con nosotros, el que tenga sentimientos de centro, que venga con nosotros y el que tenga sentimientos de derecha, que también venga y todos juntos construiremos el país”.

Parecería ser que en los últimos períodos electorales, el Partido Colorado no ha cumplido con esa frase. No ha encontrado las tres patas que marquen el equilibrio. Las puertas deben estar abiertas para todo aquel que quiera aportar sus ideas y su trabajo para una entidad tan histórica como el partido más glorioso que ha tenido nuestro país, porque así los números lo indican y a eso no hay con que darle.

Quizás el extranjero tenía algo de razón en que hay batllistas en todos lados, pero una cosa es que haya batllistas, desperdigados por ahí y otra cosa es que haya batllismo. El batllismo está en el Partido Colorado porque de allí surgió y es tarea del mismo trabajar para que todos quienes comulguen con sus ideas vuelvan a su casa. No es tarea sencilla, claro, pero para que el Partido Colorado vuelva a ser lo que fue en sus tiempos mozos, es necesario que siga por el camino que ha marcado con ejemplos claros en las últimas apariciones públicas: siendo el fiel de la balanza y yendo por el centro.


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