El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

El agónico febrero de 1973

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«Febrero amargo» ha sido denominado por varias figuras políticas de nuestra República como el punto de quiebre que profetiza la inminente y trágica caída de las Instituciones Democráticas de nuestro país, hecho que se consumaría luego durante el 27 de junio de 1973 cuando el Presidente Bordaberry disuelve las Cámaras y configura así un autogolpe de Estado.

Creo en tiempos donde la ética flaquea dentro de las instituciones partidarias, las cuales son a su vez el sustento de nuestra propia Democracia, es entonces momento en el que debemos mirar al pasado y evocar las memorias de nuestros prohombres. Aquellos tan honorables y con un fuerte espíritu de republicanismo integro, tal y como han sido figuras de la talla del Senador Vasconcellos, quien supo ser uno de los más grandes batllistas de la República, y en palabras del Presidente Sanguinetti fuera «el más duro opositor al desborde militar que terminó en el golpe de Estado».

Hoy debemos de recordar al Senador honesto y altamente respetado que supo servir a su República como opositor de quienes se proclamaban salvadores del pueblo y no eran en verdad nada más que un conjunto de «latorritos». Pero no solamente habremos de rememorar la figura del maestro Vasconcellos, sino que también desde las filas de las Fuerzas Armadas hubo una figura terriblemente singular que supo desoír a los mandos que anhelaban consagrar un coup d´etat, y así es como hoy en honor al pasado debemos realzar el acto de radical heroísmo perpetrado por el Contralmirante Juan José Zorrilla y sus fusileros navales, quienes fieles a sus ideales constitucionalistas y liberales de profundo apego democrático han defendido la Democracia de nuestro país cuanto más han podido al bloquear la Ciudad Vieja para dilatar el  proceso, que luego tristemente derivó en revestir la categoría de inevitable.

Más de 48 años han transcurrido desde aquel tan trágico como lamentable atentado contra la Libertad y el Estado de Derecho. Casi medio siglo ha pasado, y hoy vemos con perplejidad a comunistas y frenteamplistas, quienes en su momento fueron calificados de «latorritos», llamarse a sí mismos «héroes de la Democracia y la resistencia», siendo que nada más les corresponde que cargar en forma perpetua que con la indeleble mancha remarcada por el látigo de la historia, puesto que ellos al haber apoyado los comunicados N.º4 y N.º7 de las Fuerzas Armadas no han hecho nada más que condenar a la República toda a un largo y desolador período de oscuridad liberticida.

No se permita olvidar usted lector que un mar de voces provenientes de la izquierda nacional y de los sindicatos de trabajadores encolumnados tras la CNT apoyaron a los golpistas, procuraron así ahogar las voces de quienes disentían, tal y como lo han hecho con la solitaria advertencia de Quijano en el semanario Marcha sobre el adherirse a un golpe de Estado, y todo lo que la izquierda misma en su amplia mayoría ha hecho ha sido en función de haber visto con muy buenos ojos el advenimiento de un modelo «peruanista» en nuestra República, pero ellos tan ignorantes e ignorados luego con gran ironía han terminado siendo parte de los perseguidos por orden del futuro Gobierno dictatorial.

Espero fervientemente que quienes hoy se tildan de defensores de la Democracia y la Libertad recuerden quienes han sido los verdaderos desestabilizadores de la República. Recordemos que su moción era «oligarquía contra pueblo», sin embargo la verdadera dicotomía ha sido, es hasta nuestros tiempos y habrá de ser siempre «Democracia contra tiranía», una tiranía que tristemente varios han visto con buenos ojos en un principio, pero el tiempo y la memoria de los verdaderos demócratas todo lo pone en su lugar.


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1 comentario

  • Ceviro
    Ceviro

    Buena descripción de hechos históricos que la izquierda vernácula se empeñó en desvirtuar acomodándolos a un relato mentiroso del que se sirvieron para engañar a mucha gente, sobre todo a jóvenes a los que hicieron creer que la “lucha” de los tupamaros fue contra la dictadura, cuando en realidad ellos la promovieron y hasta hubieran compartido si se ajustaba a sus intereses. Que esto pasara por encima de la democracia y de las instituciones de la República les daba igual a aquellos “iluminados”. Como bien se dice en este artículo, desde la izquierda sólo Quijano en Marcha denunciaba y aclaraba que no era el camino a seguir. Hasta el medio comunista El Popular de la época se hacía eco del apoyo a los comunicados 4 y 7 aclarando que el tema iba contra la oligarquía pero incluyendo a las FFAA en la necesaria “revolución” golpista que el FA apoyaba dar. El Partido Colorado debió reivindicar con mucho más brío y tempranamente a figuras que lo honraron defendiendo la democracia ante el desborde militar como Vasconcellos, Zorrilla y Sapelli, así como intentado revertir el relato de la izquierda aclarando que si bien Bordaberry participó de un autogolpe, fue al propio Partido Colorado al que sacó del gobierno, recordando que el primer preso político de los militares golpistas fue ni más ni menos que Jorge Batlle. Mucho hay para reivindicar y que sirva para sacar de la ignorancia a la que la izquierda se encargó de fomentar en favor de sus intereses.

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