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El 24 de febrero amanecíamos con la noticia de la invasión rusa a Ucrania, algo que era previsible por más que el presidente ruso Vladimir Putin se empeñaba en negarlo. Éramos (y somos) testigos de una guerra 2.0, prácticamente podemos seguir el minuto a minuto a través de las redes sociales y plataformas de noticias.

Con toda esta información (y des-información) vemos la cara más cruda de la guerra, el dolor en los rostros de personas que deben elegir entre dejar su país, su familia, su rutina, y la probable muerte a manos de un Putin que no le ha temblado el pulso a la hora de destruir Ucrania al coste que sea.

Siempre duele una guerra, la destrucción del enemigo es el objetivo esencial para obtener su rendición, y siempre los más débiles son quienes más sufren, y los niños definitivamente son los más débiles, sus cabezas intentan entender por qué deben esconderse en un subte, por que deben huir a otro país (si tienen suerte con algún familiar), por qué ha sido destruida su casa, su escuela, por qué sus padres deben tomar un arma e ir a pelear ante un invasor agresivo y despiadado. El daño psicológico de estos niños será una herida que no sanará quizás nunca en muchos de ellos.

foto: Reuters

Al momento de escribir este artículo más de 120 niños han muerto desde el inicio de la guerra, y más de 160 han sido heridos, así lo informa la agencia ucraniana de noticias Ukrinform, más de 550 centros educativos han sido muy dañados y otros 70 completamente destruidos. El 20 de marzo Rusia bombardeo una escuela en la ciudad de Mariupol con 400 civiles dentro, muchos de ellos niños.

Hace unos días también un hospital materno infantil de la misma ciudad era víctima de la lluvia de bombas del ejército ruso, las imágenes impactantes de una mujer embarazada (que a los pocos días fallecería), conmueve el corazón más duro, como planteaba el periodista argentino Alfredo Leuco “son puñaladas en la espalda de la condición humana“.

Datos de la ONG Save The Children, revelan que 2 millones de niños han sido desplazados de sus hogares y 6 millones están en “peligro inminente” de sufrir trastornos tanto físicos como psicológicos dado que los centros hospitalarios y educativos se han convertido en objetivos clave de las bombas rusas.

Putin seguramente en un futuro deberá dar cuentas ante el mundo de su sanguinario accionar en Ucrania, las madres reclamaran justicia por sus hijos muertos o mutilados, su sed de poder aún no se ha detenido, en los siguientes días observaremos como más niños mueren, más familias se destrozan y esa sangre manchara para siempre las manos del asesino.

Si existe para la humanidad una esperanza de salvación y ayuda, ésta no podrá venir más que del Niño, porque en él se construye el Hombre.“ (Maria Montessoni)


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