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Está bien que el fútbol uruguayo acapare los titulares: nadie duda que nos enorgullece y que es, en muchos sentidos, una de nuestras cartas de presentación al mundo.

Pero reconozco que a veces me parece injusto que los logros internacionales alcanzados por compatriotas en otros deportes no tengan la misma notoriedad.

En esta columna quiero referirme a Felipe Klüver, el mercedario que se convirtió en Campeón Mundial de Remo sub23 en Varese (Italia) y que al retornar al país en estos días, tuvo un cálido recibimiento.

Entre Cardona y Mercedes, una extensa caravana de automóviles y muchísima gente acompañó al campeón, que se alzó con la primera medalla de oro obtenida por Uruguay a nivel mundial.

La Intendencia y la Junta Departamental de Soriano, con el intendente Guillermo Besozzi a la cabeza, rindieron homenaje a Klüver y a toda la delegación del gran Club de Remeros Mercedes, que integraron Marcelo Trigo, Cloe Callorda, Paulina Centurión, Yuliana Etchebarne, Zoe Acosta, Ynela Aire y Joaquín Vázquez.

Se sumaron ediles de los partidos Colorado, Nacional y Frente Amplio, en reconocimiento a un deportista y un club que mucho han hecho por el remo, tanto en el país como en las más exigentes competencias internacionales.

Provengo de Soriano y puedo decirlo con propiedad: el río Negro da a la ciudad de Mercedes ese ímpetu tan especial en que la naturaleza y el ansia de superación se conjugan, para un desarrollo del remo que concita el interés y la participación de todas las generaciones.

En momentos en que los uruguayos debatimos con esfuerzo una transformación educativa, de todo punto de vista imprescindible, es importante dar un lugar de destaque a la actividad física.

Incluso en la competitividad inherente al deporte se cultivan positivos valores de trabajo en equipo y valorización del esfuerzo, tan necesarios en sociedades como las nuestras, habitualmente divididas en posturas irreconciliables y empantanadas en rutinas paralizantes.

En ese trabajo, hay que derrotar para siempre el estereotipo que opone el desarrollo intelectual al físico, caricaturizado en la pretensión de que los mejores deportistas desatienden su costado intelectual.

Nada hay más falso que ese prejuicio.

Y podría advertirse que es al revés: que el rendimiento académico se potencia cuando se inculcan desde la niñez la práctica y los valores del deporte.

A eso me gustaría agregar un reconocimiento especial a la Secretaría Nacional del Deporte y la Asociación Uruguaya de Fútbol, por la recientemente lanzada iniciativa de una “Copa AUF sin género”, que se otorgará al club que logre mayor puntaje sumando los de sus equipos masculinos y femeninos.

Vean qué interesante y compartible es la explicación que da el presidente de la AUF, Ignacio Alonso: “el término Sin Género que reluce el nombre de la competición se remite a que el ganador de la Copa es una institución sin distinguir el género masculino o femenino (carácter binario que rige en las categorías de fútbol a nivel mundial).

La institución unificada es quien se consagra campeón y ese es el mensaje que se quiere dar: un fútbol integrado e igualitario”.

Qué buen ejemplo de un cambio cultural que debería permear en tantas otras actividades, por el que muchas mujeres uruguayas hemos luchado y seguiremos luchando.


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