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Dos compañías del rubro de la seguridad electrónica se unieron para desembarcar en Uruguay; Big Dipper, de origen argentino, y Master Distributor de Dahua Technology, de origen chino. Se establecen en la zona de Tres Cruces con un despliegue de capital de US$ 1.8 millones, inversión que se transformará en US$ 4 millones para 2023, relata El Observador. 

La primera brinda soluciones a medida del cliente mediante sus canales de tecnología en seguridad tanto para empresa como para industrias y hogares, las mismas van desde alarmas, controles de acceso, portería, telefonía, cámaras, hasta software de administración para centros de monitoreo y alarmas comunitarias.

Por su parte, la segunda, brinda soluciones para la industria global de videovigilancia, contando con más de 35 filiales que se encuentran en Asia, América, Europa, Medio Oriente, Oceanía y África, sus productos han alcanzado 180 países y cuenta con una plantilla de 13 mil trabajadores. La misma opera en Uruguay desde el año 2015, pero ahora contará con una sede física en conjunto con Big Dipper. 

Continuando con el relato de dicho diario, el acuerdo entre las firmas tiene como objetivo crecer en el rubro privado, pero también participar en licitaciones de organismos públicos, invirtiendo en el rubro de la seguridad en proyectos privados y del gobierno uruguayo. 

En las dos décadas que transcurrieron del siglo XIX, muchos profesionales han afirmado que el presente resurgimiento antidemocrático se está desarrollando en un marco global en el que se ha perdido la confianza en la democracia como régimen político. Los regímenes no democráticos desafían a las democracias a nivel de ideas, principios, y estándares. Según Sarah Cook, la globalización profundiza la integración entre democracias y autocracias, los efectos del Sharp power perjudican la libertad de expresión, neutralizan las instituciones independientes y distorsionan el entorno político. Christopher Walker explica que se le denomina Sharp porque intenta penetrar o perforar la atmósfera informativa y política de los países objetivo, tomando ventaja de la asimetría entre sistemas liberales y no liberales, por ejemplo, explotando aquellas oportunidades que se presentan en regímenes democráticos, como la libertad de prensa, creando flujos de información falsa, entre otros. 

En este sentido, el autor también explica el fenómeno de la “exportación del autoritarismo”; la tecnología moldeada por valores autoritarios ha encontrado su lugar en las democracias y sociedades abiertas en todo el mundo. Los proyectos de vigilancia “Ciudad-segura” comercializados por Huawei se pueden encontrar en municipios alemanes, italianos, españoles, e incluso en Países Bajos. La video vigilancia en China actúa de la misma forma que el panóptico descripto por Foucault, llegando a alcanzar una distopía orwelliana.  El miedo en las sociedades democráticas es una emoción que los regímenes autoritarios han sabido explotar; desde el miedo a que cierto candidato gane las elecciones, hasta el miedo al crimen callejero. 

Por otra parte, aunque la base de su tesis está hecha concentrándose en el modelo de negocios de empresas como Facebook, Amazon, Twitter, entre otros, en lo concerniente a la privacidad de los individuos Shoshana Zuboff realiza una reflexión pertinente para el análisis crítico de este artículo. Según Zuboff, el Big Data se origina en la vida social y es un componente fundacional de una nueva lógica de acumulación, la cual llama capitalismo de vigilancia- surveillance capitalism. Éste, está constituido por toda la información que proviene de actividades realizadas a través de la mediación del mundo digital, incluyendo las búsquedas de Google, los emails, textos, fotos, canciones, ubicación, etc. Consecuentemente, argumenta, que el capitalismo de vigilancia establece una nueva forma de poder en la cual el contrato del Estado de Derecho es suplantado por una nueva mano invisible que no respeta el derecho a la privacidad, lo cual es un problema ya que el mismo confiere derechos de decisión; en el sentido de que es el propio individuo quien decide si quiere estar en el espectro del secreto o de la transparencia, es decir, la capacidad y el derecho de elegir.

Como conclusión, se puede afirmar que los regímenes democráticos han dado por sentado que los avances tecnológicos llevarían al aumento de prácticas democráticas, en muchos casos así fue y continúa siendo. Sin embargo, paradójicamente, las instituciones y valores liberales que las democracias defienden, como la libertad de expresión y el derecho a la privacidad, pueden verse sucumbidos por actividades características de regímenes autoritarios. Ante ello, las democracias actuales se enfrentan a un doble desafío; convivir con la tecnología en un mundo en el que cada vez más se intenta debilitar los cimientos democráticos y en el transcurso, utilizarla sin ser arrastradas hacia prácticas autoritarias. 


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