El Día

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¿Cuál es nuestro tamaño?

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Hace años, que escuchamos llamar a Uruguay “el paisito”, como una manera de identificarlo, de darle una identidad frente a los demás, de hacerlo nuestro. ¿Qué tan real es esa referencia? No dudo que sea de una manera cariñosa y no despectiva, es comprensible sobre todo comparándolo con los gigantes que tenemos al lado como Brasil y Argentina, pero en la realidad del mundo que nos encontramos no somos tan chicos como creemos que somos.

Uruguay tiene 176.215 km cuadrados de superficie, casi la mitad de Alemania que tiene 357.578 kilómetros cuadrados, más de la mitad que Italia, que cuenta con 301.340 km cuadrados, somos casi 2/3 de Nueva Zelanda, con 268.838 km cuadrados, casi 1/3 de la Francia europea, con 543.940 km cuadrados, si nos vamos del eje de Europa por ejemplo, somos un poco menos de la mitad de Japón con 377.975km cuadrados.

Acá las comparaciones se ponen más interesantes; somos cuatro veces más grandes que Dinamarca, unas seis veces el tamaño de Bélgica y más de cuatro veces el tamaño de Países Bajos, contando sus territorios por todos los continentes somos dos veces y medio más superiores en territorialidad que Irlanda. De ambos lados, los que cuentan con mayor o menor superficie, hay algo que los diferencian de Uruguay, todos tienen un sistema de transporte ferroviario útil.

La conexión de las ciudades entre sí, para el transporte de bienes, servicios, personas y utilidades es fundamental para el desarrollo serio y sustentable de cualquier país, entonces ¿Cómo puede ser que en Uruguay las principales ciudades no estén conectadas entre sí de una manera directa, rápida y eficiente?

Mejor contextualicemos: La distancia entre Salto y Montevideo (para mencionar dos de las ciudades más importantes y con una distancia bastante grande entre ellas) es de unos 489 kilómetros, los que nos hace hacer un viaje de seis horas y media a una velocidad de ruta, por lo que podría tardarse más, sin contar gasto de combustible, peajes, comida, y cuestiones varias.

Mientras que, por ejemplo, de Berlín a Múnich en Alemania, son 584 kilómetros (que, aun así, sería mayor que la distancia más larga que se puede hacer en Uruguay, que son 571km) y que, sin embargo, en tren, serian solo cuatro horas a un costo muy accesible. Para ponernos en un país con menos kilómetros cuadrados, en Irlanda, un tren de Dublín a Galway atravesando todo el país de este a oeste son unos 208 kilómetros; serían unas dos horas y media en tren, con las comodidades que conlleva. A modo de comparación, la distancia entre Montevideo y Treinta y Tres son 289 kilómetros (no en línea recta, sino en ruta), lo cual serían casi cuatro horas en ruta, y en ómnibus el promedio se acerca a las cinco horas.

Tener una de las estaciones de trenes más lindas de América, y me atrevo a decir del mundo, en un estado de abandono y deterioro constante, mientras nuestro sistema de conexión ferroviaria cae en desuso es solo un insulto a nuestra capacidad y a nuestra soberanía.

Es imperioso que reivindiquemos la eficiencia y reconozcamos que el tren será el medio de transporte del futuro. No es necesario mencionar las comodidades, la seguridad, la velocidad, la eficiencia, los puestos de trabajo que se crearían, el impulso a la economía interna, externa y la mejora de la calidad de vida de todos.

Es momento de dar la discusión que propongo, solamente así dejaremos de decirnos “paisito” para llamarnos PAÍS. Hay que crecer, apuntar a más y a mejor, siempre.


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