El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Bienvenidos los agitadores

Compartí este artículo con tus amigos

Cuando intentamos analizar la matriz ciudadana generada a partir del 1900 en el Uruguay, surgen muchos nombres de enorme importancia política, académica, filosófica y ética dentro de los partidos.

Muchos observadores extranjeros se sorprendían de la cantidad e intensidad de los debates que esta pequeña República generaba en torno a forjar una moral laica alternativa, a las formas de organización partidaria, con intensa participación popular, y a la formación ciudadana de la población. Al punto que alguno dijo que era un ‘’laboratorio de locos’’.

El Batllismo habilitó todo tipo de contiendas, integrando visiones anarquistas como la de Domingo Arena y radicales como la de Julio Cesar Grauert, joven abogado, asesinado en un acto de represión del dictador Terra, cuando tenía tan sólo 31 años y dos hijas pequeñas. Ambos aportaron ideas removedoras del orden político, económico y legal de la sociedad, sobretodo integrando una legislación de avanzada en el orden de los derechos humanos de los trabajadores, las mujeres y las familias.

Las argumentaciones que desarrollaban en extensos debates parlamentarios, enfrentando la posición conservadora, aferrada a la Iglesia y al orden establecido, se constituyen en doctrina aún vigente, a la luz de la agenda actual en temas como la frontera sobre lo público y lo privado, las alternativas de organización de la sociedad o las formas de laicidad, con aportes jacobinos de personas como Abel Pérez, Inspector Nacional de Educación desde 1900 al 1916.

Pérez desarrolló una profusa tarea en torno a la importancia que la arquitectura de las escuelas tiene sobre el objetivo que la educación publica, laica y mixta tiene sobre los niños que provienen de diversos barrios, estratos sociales y condiciones económicas; debe formar en ellos una perfecta igualdad civil y política.

Decía: “Las desigualdades sociales, ante las cuales nada puede hacer la ley, no traspasan ni deben traspasar los umbrales de la Escuela, dentro de la cual todos los alumnos son iguales. En este campo neutral, vence con frecuencia el hijo del artesano al del capitalista, en el esfuerzo para conquistar su instrucción y surgen así compensaciones de orden elevado, que equilibran las desigualdades de otro orden’’.

Desde esta mirada la conclusión era obvia:

“En la Escuela Pública  está la génesis de la democracia, allí tienen su representante genuino todas las clases sociales; allí se unen los pequeños seres en esa edad en que solo por monstruosa excepción graban su huella las bajas pasiones humanas; de allí puede surgir la palabra que transforme la bandera sombría de las grandes reinvindicaciones sociales, por la enseña redentora de los grandes principios humanitarios“.

‘’Pensemos con serenidad que en la solidaridad de la Escuela Primaria y en la comunión de unos mismos ideales, asientan las bases más firmes de las sociedades futuras’’

Esas palabras son representativas de la profundidad del análisis que los agitadores de ideas como Arena, Brum, Areco y Grauert generaban en los servidores públicos de nuestro Pequeño País Modelo.

Conceptos que aún hoy son utopías por alcanzar en este tiempo que nos toca vivir, donde más de la mitad  de los niños uruguayos, nacen debajo del umbral de la pobreza.  


Compartí este artículo con tus amigos
Mostrar más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscribite a nuestro boletín informativo

Suscribite a nuestro boletín informativo

Unite a nuestra comunidad y empezá a recibir nuestro boletín informativo. 

El formulario de suscripción fue recibido correctamente.