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Una estatua soviética, una revolución tecnológica

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La República de Estonia es un pequeño país fronterizo con Rusia, el cual cuenta con 1.3 millones de habitantes. De estos, aproximadamente 68% son de nacionalidad estonia, 24% rusos y el resto, ucranianos, bielorrusos y otros. Sin embargo, Estonia, o a veces referida como E-Estonia, ha llamado la atención del mundo debido a su sociedad altamente tecnificada: casi el 99% de sus servicios públicos se encuentran en línea y en 2005 tuvo sus primeras elecciones utilizando el voto electrónico. Pero, sobre todo, Estonia se destaca como líder internacional en materias de ciberseguridad. Este hecho, no es casualidad, como se mostrará en este artículo.

El concepto de identidad estatal hace referencia a la percepción que un estado tiene sobre sí mismo, y, por ende, el papel que tiene en el espacio internacional. Los Estados se definen por aquello de lo que son, en contraposición a otras naciones que generan adversidad. En otras palabras, en la construcción identitaria el estado (conceptualizado como un Yo), se otorgará características positivas frente a otra nación (definida como un Otro), a la cual se le otorgan elementos negativos.

Particularmente, Estonia se define a sí mismo y busca proyectar la imagen de una nación europea y en acorde a los valores enumerados en el tratado que rige a la Unión Europea: dignidad humana, democracia, igualdad, estado de derecho y derechos humanos. Este ideal es creado en oposición a la Federación Rusa, la cual es vista como una amenaza, y una antítesis de la moral europea. Para el país báltico, particularmente, esta imagen negativa de Rusia tiene sus orígenes en su pasado compartido, cuando el país era parte de lo que conformaba el territorio de la URSS (1922-1991). Ha de saberse que Rusia se ha declarado la sucesora legal de la URSS, esto implica que identifica como propia su historia, sus victorias y sus derrotas.

Los orígenes de la actual concepción identitaria de esta nación pueden encontrarse en lo que se refiere como el Gobierno Provisional de la República de Estonia que duró entre 1919 y 1940. El fin de este periodo como nación independiente se debe a la invasión y posterior imposición a formar parte del mundo comunista, al ser anexada por la URSS. El dominio soviético, además de un sistema económico centralizado y la abolición de toda propiedad privada, implicó la supresión de la propia cultura a nivel literario, folclórico e idiomático. En cambio, se suplantó al ruso como idioma principal del país en todas las esferas públicas y a la creación de una nacionalidad soviética y unificada bajo los ideales del comunismo. Asimismo, los procesos de migración forzada produjeron que altos porcentajes de rusos se instalarán en el país, mientras que decayó la población local. De otra forma, se buscó la total sovietización del espacio estonio. A nivel de funcionamiento de gobierno, los estonios nativos eran vistos como ciudadanos de segunda, mientras que los rusos eran quienes tenían el poder a nivel económico y eran privilegiados por el régimen.

A un nivel práctico, libros de historia fueron reescritos y reinterpretados para demostrar a la URSS como los salvadores frente a la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial. No obstante, a pesar de los esfuerzos, la total absorción de Estonia hacia el imperio soviético desde un punto de vista cultural fue ineficaces. Esto es, porque la identidad estatal fue impuesta, y no propia. En esta misma línea, la memoria colectiva tenía un pasado el cual colisionaba con el relato propuesto desde el gobierno soviético. La identidad y tradiciones no fueron erradicadas, sino escondidas y promovidas en el ámbito privado.

Con el debilitamiento de la URSS tras la perestroika y la glasnost, el nacionalismo estonio volvió a despertarse, a través de la creación de movimientos populares y festivales. También, cabe mencionar la Cadena Báltica ocurrida el 23 de agosto de 1989; evento el cual, en conmemoración del Pacto Molotov-Ribbentrop, más de un millón de personas de los tres países bálticos, Estonia, Letonia y Lituania realizaron una cadena humana que se extendió aproximadamente 600kms, atravesando los tres países, y sus respectivas capitales.  Incluso, el propio Mikhail Gorbachev manifestó en 1987 que este “repentino movimiento” dentro de las repúblicas bálticas siempre estuvo presente, pero bajo la superficie.

Una vez obtenida la independencia en el año 1990, la recién nacida República de Estonia se embarcó en la construcción de un estado nación, es decir, de su propia identidad estatal. Particularmente, el Estado buscó una definición por corrientes étnicas, tomando como nacionales el concepto jurídico de ius sanguinis sin embargo, el alto porcentaje de rusos en el territorio que habían llegado a partir de los movimientos migracionales de la política de Stalin, resultó problemático.

Como mencionado anteriormente, a través de la identidad estatal, un Estado se define en contraposición de lo que no es. Y en el discurso de la élite política en respuesta a su pasado reciente estaba claro: no eran rusos.  De esta forma se apeló a un pasado histórico, previo a la invasión soviética; a aquella nación incipiente de principios de siglo que existió en el periodo de entreguerras.  Desde el discurso, incluso puede verse que consideran el pasado soviético como un vacío histórico; un paréntesis donde la República de Estonia no era verdaderamente ella. El vacío histórico llevado a la práctica está claramente representado por la primera ley de ciudadanía del país, la cual definió a los no-ciudadanos a aquellos que llegaron al país después de 1940; junto a estos individuos, su descendencia tampoco era elegible para obtener la ciudadanía. Es decir, toda la población rusa que llegó al territorio producto de las migraciones forzosas no eran verdaderos ciudadanos estonios.  Posteriores modificaciones a la ley, permitieron que aquellos niños de padres soviéticos nacidos después de 1992, fueran elegibles para obtener la ciudadanía. Cabe destacar el énfasis en permitir a esta particular generación para ser candidatos a la ciudadanía: por un lado, sus padres no tenían una ciudadanía existente, ya que la URSS había desaparecido, por otro lado; son individuos que no fueron educados bajo la educación soviética y por ende, podían ser educados en la verdadera moral europea.  

Con esto, se busca generar una total separación entre un “nosotros”, y un ellos; que no solamente implicaba a la URSS, sino a la recién formada Federación Rusa. A saber, con las estrictas leyes de ciudadanía solo 90.000 de 500.000 rusos se habían beneficiado de estas leyes, en 1998.

El Soldado de Bronce, originalmente titulado Monumento a los Libertadores de Tallin, es un monumento soviético erigido en 1947, y hasta el año 2007 se encontraba en el centro de la capital del país. Como su nombre lo implica, es una representación de un soldado con el uniforme soviético, y porta una altura de 1.84 metros. Cerca de allí, se encuentran además enterrados 12 nacionales soviéticos fallecidos en batalla. Originalmente, se había construido una pirámide encestada con la estrella roja, sin embargo, este fue explotado por dos jóvenes estonias en 1946, en venganza al régimen soviético.

Oficialmente, se trata de un monumento en memoria de los soldados soviéticos caídos en la Segunda Guerra Mundial, aunque por su título original, también tiene otras implicancias. Como mencionado anteriormente, el relato soviético en Estonia y en todos los países anexados a su territorio a posterior de la guerra era de un ejército libertador y heroico que lucho valientemente contra la amenaza nazi; y, por ende, los ciudadanos debían de estar agradecidos.

En enero de 2007 el parlamento estonio, el Riigikogu, aprobó el Acta de Protección de Tumbas de Guerra. Esta ley principalmente se centraba en la responsabilidad del Estado estonio en respetar y conservar los espacios que honran la memoria de aquellos caídos en el territorio; además de promover la relocalización de estos espacios si se consideraba que se encontraban en un espacio inadecuado. Dentro de la ley, se mencionan a modo de ejemplo, plazas u otros lugares abiertos donde suelen realizarse eventos masivos. Seguido de esto, el parlamento aprobó en febrero de ese mismo año otro proyecto de ley en la que definía las denominadas “construcciones prohibidas”, en la cual particularmente se destacaba cualquier construcción que glorificara la Unión Soviética. Esta última, considerando que iba en contra de la constitución estonia, fue vetada antes de convertirse ley.

De todas formas, se comenzó el traslado de la estatua en abril de 2007. Sin embargo, este acto trajo grandes protestas por parte de la población rusoparlante. Además de la violencia de los protestantes hacia la policía, la policía respondió lanzando gas lacrimógeno a la población. Mientras esto ocurría en el país báltico, la embajada de Estonia en Moscú también fue agredida. Las autoridades estonias consideran que Rusia no realizó lo suficiente para proteger a la embajada y sus oficiales, enviando una nota de protesta a las autoridades y denunciando ante la Unión Europea la falta de cumplimiento por parte del país huésped. Inclusive, a pesar de la inmunidad diplomática, la propia embajadora de Estonia en Rusia fue agredida dentro del territorio. Sin embargo, a pesar de la oposición, tras celebrarse el entierro oficial de las tumbas en su nuevo lugar de reposo, el embajador ruso no asistió a la ceremonia.

De momento, esta situación se presenta como un conflicto político frente a dos posturas identitarias opuestas que inevitablemente chocarán. Para ambos estados, los hechos son racionalizados dentro de un marco de enemistad: para Rusia, un acto irrespetuoso a sus veteranos de guerra, para Estonia, una confirmación de la política agresiva de su país vecino. Asimismo, dentro del propio Estado, para los estonios es un recordatorio de la represión sufrida durante a la ocupación soviética, mientras que, para los rusos dentro del país, es un recuerdo de una victoria por parte del ejército rojo frente al nazismo. En otras palabras, la construcción identitaria está fuertemente influenciada por el discurso y el accionar de elites, inspirados en su interpretación del relato nacional-identitario.

No obstante, esto no fue todo lo que sucedió. En abril de 2007, en respuesta a la relocalización del Soldado de Bronce, varias páginas web de organizaciones estonias, incluidos, el parlamento, bancos, periódicos y ministerios, sufrieron un ataque cibernético. Producto de esta acción hubo un aumento exponencial en el nivel de tráfico de las páginas web haciendo que estas cayeran momentáneamente. Asimismo, las máquinas de dinero no podían aceptar solicitudes en línea y el personal de gobierno no podían comunicarse entre sí.

Tras el ataque, la información recolectada reveló que el ataque había surgido del exterior, además de una fuerte motivación política. Por otro lado, se pudo revelar que quienes cometieron el acto, tenían conocimiento del idioma ruso, debido a los errores y palabras formadas por los bots. Hasta la fecha, un individuo perteneciente a la población rusoparlante de Estonia se ha encontrado como responsable; sin embargo, jamás pudo comprobarse que se tratara de una acción coordinada desde el Kremlin.

Hasta ese momento, la guerra a través del espacio virtual no era algo que estaba reglamentado. Ni la OTAN, ni la UE, organismos que el país pertenece, tenían protocolos de acción frente a esta situación. A partir de este momento, ambos organismos internacionales comenzaron a debatir sobre nuevos lineamientos en la temática de ciberseguridad; y en abril de 2008 la OTAN aprobó una política unificada en la seguridad digital. Y por supuesto, la sede del Centro de Excelencia de la Ciberdefensa Cooperativa de la OTAN, un think tank militar especializado en esta temática, se ubicó en Tallin, Estonia. A nivel nacional existe una unidad de Seguridad cibernética dentro del ejército. Además de haber creado métodos de detección de intrusos y protección de sistemas, fomentando la cooperación con el sector público y privado. Debido a la digitalización del gobierno de Estonia, es de esperarse que esta temática sea tan estudiada y perfeccionada. La amenaza cibernética está lejos de desaparecer: cada mes, Estonia identifica aproximadamente 300 incidentes vinculados a este tema. También, anualmente desde 2010, el Centro de Excelencia de la Ciberdefensa Cooperativa de la OTAN realiza simulacros para la defensa del espacio cibernético.

El discurso identitario es esencial para comprender a la República de Estonia y su deseo de cooperación con la OTAN y la UE, mientras muestra una clara aversión a la Federación Rusa. La interpretación de los hechos históricos es muy importante para entender el discurso de las élites políticas y la imagen que un estado busca proyectar sobre sí mismo y frente a los otros.  Lo ocurrido en el año 2007 es un ejemplo de la importancia de los motivos identitarios e históricos, y como estos, por más lejanos que sean, aún tienen influencia en el país hasta el día de hoy. El futuro no está determinado por la historia, sin embargo, es importante entenderla, para comprender mejor nuestro presente.


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1 comentario

  • Ceviro
    Ceviro

    Resulta inevitable encontrar un paralelismo entre la situación de Estonia – Rusia, y la de Catalunya – España. Desde un tema identitario- histórico, con la partición como castigo del territorio catalán en 1659/1660 cediendo la Catalunya Norte la monarquía hispana a la francesa, pasando por ocupación militar a sangre y fuego en 1714, con la persecución, encarcelamiento y muerte de los líderes catalanes, prohibición de hablar su idioma en lugares públicos y la imposición de educar en castellano, y un largo étc. de injusticias históricas que se agravaron luego de la guerra civil y 40 años de franquismo. Al igual que en Estonia, ni lo descripto anteriormente ni la migración de distintas zonas de España hacia una Catalunya más industrializada y más próspera a lo largo de los años, ha neutralizado el sentimiento de autodeterminación de los catalanes y su deseo de ser dueños de su destino. El movimiento independentista triunfante en las últimas elecciones consecutivamente desde el 2015 es actualmente perseguido por la justicia española, y sus líderes se encuentran presos o exiliados por causas que son sistemáticamente rechazadas por la justicia europea.

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