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Pasando la página: qué esperar de la presidencia de Joe Biden

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“Estados Unidos ha sido puesto a prueba y hemos salido fortalecidos de ello. Vamos a reparar nuestras alianzas y volver al encuentro con el mundo una vez más, no para enfrentar los desafíos del pasado, sino los de hoy y de mañana. Y vamos a liderar, no con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo”.[1]

Joe Biden

El miércoles 20 de enero, Joe Biden asumió la presidencia de Estados Unidos en el contexto más crítico que ha enfrentado el país desde la Guerra Fría. La pandemia del COVID-19 ha diezmado la salud pública y la economía estadounidenses, cobrando cientos de miles de víctimas. La política de America First ha distanciado a la superpotencia de sus aliados y de las instituciones internacionales, debilitando su liderazgo en el mundo, y a la vez siendo incapaz de detener el ascenso de China. Tras años de inacción frente al cambio climático, Estados Unidos hoy debe llevar adelante grandes transformaciones productivas y económicas para que los efectos de esta crisis no se vuelvan irreversibles. Por si todo esto fuera poco, los cuatro años del populismo frenético de Donald Trump han dejado una sociedad profundamente dividida y crispada, con un agudo aumento en crímenes de odio, fuertes reclamos sociales contra la brutalidad policial y el racismo, así como la transición más tumultuosa del mando presidencial en tiempos modernos.[2]

Por otra parte, tras los resultados de la segunda vuelta de elecciones al Senado en Georgia, el 5 de enero, el Partido Demócrata ha logrado consolidar mayorías en ambas cámaras del Congreso. Para el nuevo gobierno de Biden, esto representa una oportunidad única para realizar las profundas transformaciones que el país exige. A continuación, veremos las principales medidas que podemos esperar de una presidencia de Joe Biden:

1. Un mayor rol del Estado en la economía

Para vencer la pandemia, reactivar a la economía y asistir a los grupos afectados por la crisis, el gobierno de Biden adoptará una política económica expansiva, con un fuerte aumento del gasto público. Se destinarán US$ 1,9 billones[3] a un paquete de alivio, con el que se financiarán subsidios del desempleo, cheques para las familias, aumentos en el testeo y rastreo del coronavirus, así como el plan nacional de vacunación. Como Estados Unidos es un país muy solvente y toma deuda en su propia moneda, es capaz de endeudarse en grandes cifras a bajas tasas de interés, sin que esto comprometa su estabilidad fiscal.[4]

Por otra parte, el nuevo gobierno aboga por un mayor rol del Estado para redistribuir recursos y amparar a los más débiles. Se revertirá la reforma tributaria de Trump de 2017 para elevar los impuestos corporativos a las tasas de la época de Obama, y se establecerán créditos fiscales por hijo para combatir la pobreza infantil. El gobierno de Biden también buscará subir el salario mínimo a US$ 15 la hora, eliminar el secreto salarial en las empresas y financiar las escuelas vocacionales, universidades públicas y community colleges, de modo que se vuelvan gratuitos.[5] No obstante, estas últimas medidas seguramente enfrenten una fuerte resistencia desde los republicanos en el Congreso.

2. La energía renovable como instrumento de cambio

Biden ha prometido destinar US$ 2 billones de dólares para su “Revolución de energía limpia y justicia ambiental”. Este programa para detener el cambio climático es una versión descafeinada del Green New Deal, la propuesta del ala izquierda del Partido Demócrata, pero es la agenda más ambiciosa que un presidente norteamericano ha tenido en materia de medio ambiente. Con el objetivo de alcanzar emisiones netas cero de carbono para el año 2050, el gobierno de Biden invertirá en infraestructura, redes ferroviarias, investigación y desarrollo y tecnologías cero carbono; privilegiando comunidades de latinos, afro-descendientes y de bajos ingresos.

En materia internacional, Washington buscará liderar los esfuerzos internacionales para detener el cambio climático. Estas medidas incluyen: reintegrarse al Acuerdo de París, estableciendo mayores metas de reducción de emisiones de carbono, negociar bilateralmente con China para reducir dichas emisiones, cooperar con el G7 y el G20 para terminar con los subsidios a industrias emisoras de carbono y asistir a los países en desarrollo a crear sus propias infraestructuras de energía renovable.[6]

3.  Pragmatismo y ambigüedad en Medio Oriente

Si bien Biden estuvo a favor de la Guerra de Irak y de enviar tropas a combatir al Estado Islámico, es poco probable que la administración Biden se involucre mucho en los conflictos de Medio Oriente, porque tiene poco incentivo para hacerlo. El Partido Demócrata de hoy está más corrido a la izquierda, por lo que se opone más a las intervenciones militares, mientras que el Partido Republicano de hoy aplaude que Trump no haya iniciado ninguna guerra. Este espectro político es radicalmente distinto al que había cuando gobernaban George W. Bush y Obama.

Dado que Biden ha sido un histórico defensor de Israel, su gobierno continuará privilegiando las relaciones con el Estado judío en Medio Oriente, procurando que países árabes establezcan relaciones con él. Sin embargo, no apoyará la política de asentamientos israelíes en Cisjordania, aunque difícilmente presione a Israel como lo hizo Obama.[7]

Estados Unidos dejará de venderle armas a Arabia Saudita y buscará distanciarse de ella, puesto que es un país con notorias violaciones de derechos humanos y que ha cometido crímenes de guerra en Yemen. Asimismo, intentará recuperar los dos logros de Obama que Trump dinamitó: el acuerdo con Irán, para detener su programa nuclear, así como la alianza militar con los kurdos, que fue clave para derrotar al Estado Islámico. Sin embargo, es difícil que Irán y los kurdos vuelvan a confiar lo suficiente en Estados Unidos como para volver a los arreglos anteriores.[8]

El terrorismo islámico sigue representando la principal amenaza de Medio Oriente para la seguridad nacional de Estados Unidos. Debido a esto, por poco que se involucre esta superpotencia en la región, siempre mantendrá bases militares y centrales de inteligencia para monitorear los posibles retos. Y en caso de que ocurra otro ataque como el del 11 de setiembre del 2001, la opinión pública estadounidense podría fácilmente volcarse a favor de una nueva intervención militar.

4. El libre comercio como herramienta contra China

“En cuanto al comercio, o creamos las reglas del juego para el mundo o China lo va a hacer — y no de una forma que beneficie nuestros valores. Eso es lo que ocurrió cuando salimos del TPP — dejamos a China en el asiento del conductor.”[9]

Joe Biden

Biden ha estado a favor del libre comercio a lo largo de su carrera. Debido a esto, durante el gobierno de Obama apoyó el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), un tratado de libre comercio (TLC) de 12 economías del Océano Pacífico, que les permitía fortalecer sus vínculos económicos y políticos con países vecinos de China (entre ellos Japón, Singapur y Vietnam), y así contener el ascenso de esta potencia.

En este sentido, las decisiones de Trump de salir de este acuerdo y de elevar los aranceles a China, iniciando una guerra comercial, fueron fuertemente criticadas por Biden. Desde su punto de vista, estas han sido decisiones autodestructivas para Estados Unidos, ya que son los propios trabajadores estadounidenses los que sufren cuando China sube sus aranceles. Para Biden, la forma correcta de enfrentar a China es a través de la superioridad tecnológica y de la presión diplomática, en conjunto con otras potencias democráticas. Sin embargo, para volver al TPP o suscribir cualquier otro TLC, Biden ha afirmado que solo suscribiría este tipo acuerdos si contemplan cuestiones laborales y ambientales, además de inversiones en infraestructura y trabajadores.

Debido a esto, Estados Unidos romperá con la política aislacionista de Trump y saldrá al encuentro del mundo. Al igual que Obama, Biden buscará competir contra China, estableciendo alianzas políticas y comerciales y fortaleciendo los vínculos con Australia, Japón, Corea del Sur, India e Indonesia, de modo que aíslen a China en su región. Si bien buscará cooperar con China en asuntos como Corea del Norte, armas nucleares y cambio climático, el gobierno de Biden será más confrontativo que el de Obama con las prácticas comerciales ilícitas de China, y más confrontativo que Trump con las violaciones de derechos humanos.

5. Restablecimiento del liderazgo en las Américas

Como vicepresidente durante el gobierno de Obama, Biden recorrió América Latina y adquirió experiencia en la política de la región. Sin embargo, mucho ha cambiado desde la era Obama: varias economías latinoamericanas entraron en recesión con el fin del súper ciclo de los commodities, la corrupción sistémica ha hecho que menos de la mitad de los latinoamericanos crean en el sistema democrático, y las libertades civiles han decaído en múltiples países, al punto que Nicaragua y Venezuela hoy son dictaduras. Venezuela sufre una devastadora crisis económica, política, humanitaria y de seguridad que ha llevado a que más de cuatro millones de personas huyan del país.[10]

Durante la presidencia de Trump, Estados Unidos tomó distancia de los asuntos de América Latina, lo cual le dio un mayor margen de acción a los gobiernos latinoamericanos[11] pero generó un mayor escepticismo acerca del liderazgo estadounidense en la región. El gobierno de Trump rompió relaciones con Cuba, uno de los principales logros de Obama; impuso nuevos aranceles a Argentina y Brasil, generando tensiones con su aliado Bolsonaro; y llevó adelante una política de “máxima presión” a Venezuela, que fue incapaz de avanzar hacia la democratización del país. En un momento llegó a proponer invadir Venezuela para derrocar a Maduro, una medida que no tuvo buena recepción en los gobiernos latinoamericanos. En este contexto, China aumentó su influencia en la región, aumentando el comercio bilateral con numerosos países y financiando muchos proyectos de infraestructura.[12]

En una administración Biden, es probable que haya un mayor acercamiento de Estados Unidos a América Latina, buscando restaurar su liderazgo en la región y contrarrestar la influencia china. En este sentido, asistirá a muchos países de la región a desarrollar infraestructura de energía renovable, para competir contra los proyectos de China, y estará abierto a establecer tratados de libre comercio con países que respeten el medio ambiente y los derechos laborales. A su vez, ofrecerá asistencia económica a los países vecinos de Venezuela, para que puedan sobrellevar la crisis de refugiados, así como a los países centroamericanos, para que menos personas se vean motivadas a emigrar a México y Estados Unidos.[13] Por otra parte, Biden ha sostenido que el gobierno norteamericano debe promover la transparencia y el respeto a los derechos humanos presionando a los gobiernos de la región a que rindan cuentas ante sus ciudadanías.[14] Sin embargo, es poco probable que Estados Unidos vuelva a proyectar la influencia que tuvo antes, dados los numerosos asuntos políticos domésticos que debe tratar.

¿Qué significa esto para Uruguay?

En primer lugar, dada la política económica expansiva que adoptará Estados Unidos, lo más seguro es que la Reserva Federal mantenga tasas de interés bajas, a modo de fomentar la inversión y el consumo. Esto representa una oportunidad de crecimiento para el Uruguay, que podrá captar más inversiones en los mercados.

En segundo lugar, el ambicioso programa de Biden contra el cambio climático, de ser exitoso, tendrá repercusiones en todo el planeta, incluyendo Uruguay. En nuestro país, el cambio climático está aumentando variabilidad en las precipitaciones, con sequías y períodos de lluvia más intensos, lo cual afecta la agricultura y la ganadería en nuestro país. [15]Uruguay se beneficiará de que Estados Unidos tenga una fuerte política proactiva contra el cambio climático, ya que un clima más estable implica un sector agropecuario más predecible.

Por último, estarán dadas las condiciones para suscribir un TLC entre Estados Unidos y Uruguay. Al ser un país chico, con fuertes derechos laborales y normas de protección al medio ambiente, el TLC con Uruguay no representa una amenaza para los trabajadores estadounidenses, por lo que habrá voluntad política para suscribir el acuerdo. El gobierno de Biden también es consciente de que si no promueve el comercio con países como Uruguay, perderá mucha ventaja con respecto a China, que sí lo hará. De todos modos, es probable que las negociaciones iniciadas por Lacalle Pou demoren más de lo inicialmente esperado, ya que el gobierno de Biden priorizará otros temas en su agenda y buscará incluir cláusulas acerca de normas laborales y ambientales.

El principal desafío para la presidencia de Joe Biden será restaurar la imagen de Estados Unidos como líder del mundo libre. Para ello, deberá salir al encuentro del resto del mundo, especialmente con países transparentes y democráticos, para cooperar en el combate al cambio climático y para contener el ascenso de China, confrontándola por sus prácticas comerciales abusivas y sus violaciones de derechos humanos. La medida en la que Biden podrá llevar a cabo sus políticas dependerá de la resistencia que ofrezcan los republicanos en el Congreso, así como de la confianza que los demás países tengan que las políticas de Biden serán continuadas por sus sucesores. El riesgo de que un nuevo líder populista como Trump vuelva a estar en la Casa Blanca hará que muchos gobiernos sean escépticos de que Estados Unidos vuelva a ser la potencia hegemónica de antes.


[1] https://www.bbc.com/news/world-us-canada-55656824

[2] https://www.economist.com/briefing/2021/01/23/after-the-chaos-of-the-trump-era-what-can-joe-biden-hope-to-achieve

[3] En inglés, billones no es billions, sino trillions.

[4] https://www.economist.com/leaders/2021/01/23/the-outlook-for-america-looks-grim-but-that-could-quickly-change

[5] https://www.cfr.org/election2020/candidate-tracker#economic-policy

[6] https://www.cfr.org/election2020/candidate-tracker#economic-policy

[7] https://www.cfr.org/election2020/candidate-tracker#economic-policy

[8] https://www.washingtonpost.com/opinions/global-opinions/trump-middle-east-legacy/2020/11/22/4563bec2-2a7d-11eb-8fa2-06e7cbb145c0_story.html

[9] https://www.cfr.org/article/joe-biden

[10] https://www.bloomberg.com/opinion/articles/2020-12-03/biden-can-t-pick-up-in-latin-america-where-obama-left-off

[11] https://www.ft.com/content/495ebf0b-773b-42d6-ab40-d6b69b27f82e

[12] https://www.foreignaffairs.com/articles/south-america/2020-11-13/trump-drove-latin-america-chinas-arms

[13] https://www.cfr.org/election2020/candidate-tracker#climate-and-energy

[14] https://www.americasquarterly.org/article/joe-biden-the-western-hemisphere-needs-u-s-leadership/

[15] https://www.todoelcampo.com.uy/en-uruguay-el-cambio-climatico-ya-esta-ocurriendo-15?nid=39781


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