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Elecciones en Estados Unidos: retrato de una polarización histórica

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Las nuevas elecciones presidenciales del país norteamericano, con una participación histórica, y unos resultados muy reñidos, nos dejaron un panorama en el que vemos una sociedad muy dividida y con perfiles muy marcados, determinando una polarización que desde la Guerra Civil no se había mostrado con tanta nitidez. Las zonas rurales y las grandes ciudades; la población blanca y la afroamericana; las personas con estudios universitarios o sin ellos; todas estos y muchas más categorías dividieron los mapas de todo el país en un contrastado azul y rojo. 

Joe Biden ganó las elecciones siendo el candidato más votado de la historia, con más de 78 millones de votos, sin embargo, Trump también logra superar los récord de presidentes pasados quedándose con casi 73 millones de sufragios en su favor. No podemos decir que el “trumpismo” haya quedado sepultado, está muy vivo y será determinante tanto para el Partido Republicano como para el gobierno demócrata, en el cual sus mayorías legislativas no están aseguradas, y deberá gobernar teniendo en cuenta esa otra considerable mitad del país que no lo apoyó. 

Repasemos los principales elementos a destacar que nos dejó este proceso electoral. 

El “Rust Belt” vuelve a ser determinante 

En el sistema electoral de Estados Unidos, en el que el voto se ejerce de manera indirecta a través de los colegios electorales de cada Estado, es de suma importancia para las campañas estar pendientes de aquellos donde la competencia es más reñida, y la cantidad de votos electorales con los que cuentan pueden definir una elección. Recordemos la elección del año 2001, en la que todas las miradas estaban puestas en el Estado de Florida, que a último momento definió la elección en favor de Bush. 

Este año, si bien Estados importantes como el Florida, Nevada, Arizona o Georgia podían terminar en manos de uno u otro candidato, todas las fichas estaban puestas en los Estados del “Rust Belt”, o cinturón oxidado. Indiana, Illinois, Iowa, Pennsylvania, Wisconsin, Ohio y Michigan, componen este conjunto de Estados, que en su momento de auge, contaban con una de las mayores industrias pesadas del mundo, y que proveían de bienes a todo Occidente. A partir de los años 80, con la influencia de una serie de factores como, la apreciación del dólar, encareciendo los productos; la liberalización del comercio con la reducción de aranceles y la firma de tratados de libre comercio como el NAFTA; la competencia de otros países con ventajas comparativas; y los procesos de deslocalización, que trasladan la producción hacia lugares donde los costos son menores; fueron paulatinamente, desmembrando la tan próspera industria del “Cinturón Industrial” estadounidense, pasando a denominarse “Cinturón Oxidado” o “Rust Belt”. 

La pérdida de puestos de trabajo y empleo de calidad, ha tenido devastadoras consecuencias sociales para los ciudadanos de estos Estados. Una sangría poblacional que no parece parar, en los últimos 20 años la ciudad de Detroit, Michigan, vio reducida su población en 300 mil personas; con la misma suerte corrieron las ciudades de Cleveland, Ohio y Pittsburgh, Pennsylvania, con pérdidas de 100 mil y 30 mil personas

respectivamente. El crimen ha aumentado a niveles dramáticos, convirtiéndose Detroit en una de las ciudades más peligrosas del país. A esto se le suma la grave “Crisis de los Opioides”, siendo los Estados del Rust Belt los que cuentan con más casos de sobredosis, por uso indebido de medicamentos derivados del opio. 

El grueso de la población afectada, se trata de familias blancas de clase obrera, un estrato medio, empobrecido por la retracción industrial, y especialmente afectada por la crisis del 2008. Los Estados de Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin han sido tradicionalmente demócratas, lo que se llamaba el “Blue Wall”, lugares donde el Partido Demócrata tenía una victoria asegurada. Votaron azul en 2008 y 2012, sin embargo, a pesar de que el desempleo durante la era Obama disminuyó considerablemente, esto no se tradujo en empleos de calidad, que permitieran a estos trabajadores recuperar su nivel de vida y solucionar sus problemas de fondo. 

En el año 2016, pasó lo imposible, y en Estados donde los republicanos no obtenían triunfos desde hacía más de dos décadas, Donald Trump se impuso por algunos miles de votos, con su discurso proteccionista, “bring back the jobs to America”, traer de regreso los empleos a América, con una intención claramente enfocada hacia el Rust Belt. La suma de los cuatro Estados anteriormente mencionados, permitió a Trump hacerse con 64 votos electorales, y superar cómodo la barrera de los 270. Si los demócratas hubieran logrado mantenerlos, hoy Hillary Clinton sería la presidenta. 

Ni bien comenzó su presidencia,Trump se estrenó con una serie de medidas que prometían cambios drásticos en política comercial y fiscal. La renegociación de tratados como el NAFTA, un aumento de los gravámenes a metales pesados y sus derivados, sumado a una disminución de los impuestos a las empresas, prometían ser el punto de partida para una regeneración del decadente Rust Belt. Sin embargo, a pesar de que el desempleo continuó su tendencia a la baja hasta el año 2019, al igual que durante las presidencias de Obama, estos nuevos puestos no se tradujeron en empleo de calidad. 

La “United States Steel Corp”, o Corporación del acero, constató en 2019 la continuación de la tendencia a la baja y reducción de las industrias intensivas en metales pesados. Podemos nombrar el ejemplo del cierre de la gran planta de General Motors en Ohio. 

La pandemia de COVID-19 fue otro duro golpe para la economía nacional, que dejó a los Estados del Rust Belt, en niveles de desempleo superior a los dos dígitos. De todos modos, estos últimos meses se ha presenciado una rápida recuperación de puestos de trabajo, pasando en Wisconsin de un desempleo de 13.6% en Marzo, a 6.3% en Agosto. (Fuente: US BLS) 

Biden terminó re-conquistando los Estados de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania, sin embargo, su victoria no fue tan holgada como pronosticaban las encuestas, de 10% aproximadamente que le daban de ventaja al demócrata en Wisconsin, la misma terminó siendo de menos de un punto. Esto nos demuestra que Trump tiene un electorado muy fiel, principalmente en zonas rurales y de pequeños pueblos, que participó masivamente y las encuestas no supieron captar. Estos suelen ser personas blancas sin estudios universitarios, que Biden ha logrado contrarrestar con el electorado de las grandes ciudades, las minorías raciales y étnicas, y los blancos con estudios universitarios de los

“suburbs” (zonas residenciales cercanas a las ciudades, tradicionalmente republicanas, ahora demócratas). En esto Estados se nos presenta un claro ejemplo de la marcada polarización, en la ciudad de Philadelphia los demócratas obtuvieron el 81,3% de los votos, mientras que en los condados rurales de Pennsylvania, como Bedford, Trump obtuvo números igual de impresionantes, quedándose en este último con el 83,5% (Fuente: New York Times) 

Las minorías que inclinaron la balanza 

Así como los blancos sin estudios universitarios y la población rural son el electorado base de Trump, para los demócratas, además de los ciudadanos de las grandes urbes, las minorías como los latinos o afroamericanos se han inclinado históricamente muy fuertemente hacia el Partido Demócrata. Sin embargo, en esta elección podemos notar algunas particularidades. En el Estado de Wisconsin, principalmente en el condado de Milwaukee vemos como la alta votación en esta zona de mayoría afroamericana ha beneficiado sustancialmente a Biden, y le permitió quedarse con esos 10 votos electorales clave. Por otro lado y al mismo tiempo, podemos notar una considerable mejora en la performance de Trump entre todas las minorías, especialmente los latinos. La comunidad cubano-americana, históricamente más conservadora, permitió a Trump ganar cómodamente el Estado de Florida, acortando mucho la distancia en favor de los demócratas en comparación con el año 2016 en el condado de Miami Dade; lo mismo sucedió en los condados fronterizos del sur de Texas, los latinos ayudaron a que los republicanos mantuvieron el dominio del Estado, en el condado de Zapata, de gran mayoría latina, donde los demócratas conseguían grandes números, esta vez quedó en manos de Trump, obteniendo un 52,5% de los votos. 

Estos datos nos muestran que ningún partido puede dejar de lado a las minorías y requiere de su apoyo para hacerse con la victoria. En un país cada vez más diverso, y donde la inmigración se profundiza cada día más y nacen nuevas generaciones de estadounidenses hijos de inmigrantes, entender la heterogeneidad étnica y social será de las principales prioridades que las campañas deberán tener. 

El futuro de los protagonistas del bipartidismo 

Los resultados dejan una gran cantidad de desafíos y aspectos a tomar en cuenta para ambos de los históricos partidos de la democracia más antigua del mundo. 

El Partido Republicano ha logrado junto con Trump, una conexión y fidelidad de las masas “populares¨ que hacía muchísimos años no conseguía, los republicanos se despegaban cada día más de las realidades del ciudadano promedio, a la vez que se alejaban de las posibilidades de volver al poder, Trump creó una revolución en la estructura partidaria, utilizando el populismo, las redes sociales y el lenguaje coloquial como método para ampliar sus bases de apoyo. Su gran desafío es fidelizar a ese voto “trumpista” y convertirlo en republicano, debiendo reconfigurar muchas de las estrategias tomadas en la era pre-Trump 

El Partido Demócrata debe conciliar una interna muy compleja, donde los moderados demócratas tradicionales pelean por el poder con la nueva izquierda, representada en figuras como el ex-precandidato presidencial Bernie Sanders o la congresista Alexandria

Ocasio-Cortez. En este nuevo gobierno de color azul veremos una constante puja por la profundiad de las reformas y que tan radicales serán los cambios a llevar a cabo. Por otro lado, los demócratas deben volver a conectar con las clases populares, que últimamente los han ido abandonando al ver como estos se enquistan en los problemas de las grandes ciudades, y responden a los intereses de las élites urbanas, ignorando los problemas que los aquejan día a día. Reconectar con el ciudadano “olvidado” deberá ser prioridad para lograr mantener al Partido Demócrata en la presidencia. 

Este histórico proceso electoral no deja claros derrotados, ni ganadores que puedan quedarse tranquilos, ambos partidos se encuentran de cara ante grandes desafíos e importantes conflictos que deberán sortear, el que mejor lo haga será quien se quede con las llaves de Casa Blanca en 2024. 

Fuentes: 

https://www.nytimes.com/interactive/2020/11/03/us/elections/results-president.html#click=htt ps://t.co/a8BwujviYp 

US Bureau of Labor Statistics: https://www.bls.gov/ 

https://www.ft.com/content/2b54296a-1073-11ea-a7e6-62bf4f9e548a
https://apnews.com/article/d9da6a34207a4da3ad272044a2fd8b53
https://www.cdc.gov/nchs/data/health_policy/monthly-drug-overdose-death-estimates.pdf

https://www.abc.es/internacional/elecciones-eeuu/abci-patinazo-biden-atacar-industria-petrol era-202010240148_noticia.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com Encuestas: https://projects.fivethirtyeight.com/polls/


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