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Algunos mitos de la crisis venezolana

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No puede existir una estrategia común y coordinada desde la comunidad internacional contra la dictadura si persisten algunos mitos en torno a la crisis venezolana. La dictadura de Maduro se favorece de la persistencia de estos mitos y narrativas que muchos en la comunidad internacional continúan adoptando. 

Al menos cuatro mitos existen a pesar de existir evidencia de la realidad. El primero tiene que ver con la Presidencia del país.La realidad es que el presidente de Venezuela es Juan Guaidó. El mito es que es Maduro.

La Asamblea General de la OEA de junio de 2018 declaró que el proceso electoral realizado el 20 de mayo de 2018 “carece de legitimidad por no haber contado con la participación de todos los actores políticos de Venezuela, por no cumplir con los estándares internacionales y por haberse desarrollado sin las garantías necesarias para un proceso libre, justo, transparente y democrático.”

Debido a que la elección de mayo de 2018 es ilegítima, el contenido del artículo 233 de la Constitución de Venezuela aplica: “cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa… se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.” Asimismo, en la Resolución del Consejo Permanente (CP) de la OEA del 10 de Enero de 2019 se reconoció la autoridad constitucional de la Asamblea Nacional.

Es importante mencionar que Guaidó tampoco es “Presidente auto proclamado”, como muchos continúan describiéndolo. Por virtud del 233, Guaidó se convirtió en el encargado del Poder Ejecutivo. Algo que ni él ni los que lo nombraron desde su partido previeron en 2018.

La falta de consenso respecto a esto daña las posibilidades de solucionar la crisis. Entorpece el camino el que Maduro se reconozca como el gobierno anteforos e instancias multilaterales, especialmente las que se dedican a defender derechos humanos y hacer justicia por crímenes de lesa humanidad.

El segundo mito es sobre la legitimidad del Poder Legislativo. La Asamblea Nacional es la electa en diciembre de 2015. Cualquier otra “asamblea” es invento para favorecer a la dictadura y eliminar la última institución democrática.

El CP de la OEA rechazó las fraudulentas elecciones parlamentarias de diciembre 6 de 2020 y “no reconocer sus resultados, por no haber sido libres ni justas de conformidad con las condiciones establecidas en el derecho internacional; por carecer de imparcialidad y transparencia; por no haber contado con la participación de todos los actores políticos y de la ciudadanía; por no haber sido liberados los presos políticos; por la falta de independencia de la autoridad electoral; y por no haber contado con observación electoral internacional independiente y creíble.”

La Unión Europea (UE) tampoco reconoció estas elecciones. En la declaración del Alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad se afirma: “Ante la falta de respeto por el pluralismo político y la desacreditación y persecución de los dirigentes de la oposición, la UE no puede reconocer este proceso electoral como un proceso integrador, transparente y digno de crédito, ni considerar sus resultados representativos de la voluntad del pueblo venezolano.”

El tercer mito es uno que –sin falta- provoca controversia: Las sanciones son malas. La realidad es que las sanciones han sido de las pocas medidas que ejercen presión sobre los dictadores, y no sobre la gente. La realidad es que la crisis humanitaria la provocó el Régimen. La dictadura es la sanción para la gente.

El mito que las sanciones son la razón de la crisis debe ser refutado. Hay que entender las sanciones, principalmente de EEUU, pero también de parte de UE, han sido dirigidas a individuos de la dictadura y sus personeros. Las sanciones focalizadas de EEUUse han implementado desde hace 15 años a individuos con conexión a abusos de derechos humanos, corrupción y prácticas anti democráticas. También se han aplicado sanciones a la venta de armamento y a Venezuela y por no cooperar con esfuerzos antiterrorismo. Se sancionó en 2008 a dos individuos y agencias de viaje por apoyar financieramente a Hezbollah, por ejemplo.

Asimismo, se han aplicado sanciones por narcotráfico. Hay individuos sancionados por esta razón, incluido Tareck el Aissami. Es difícil entender como algunos se opondrían a sanciones contra corruptos, narcotraficantes y violadores de derechos humanos.

El último mito, alimentado por narrativas anticuadas de la Guerra Fría, es sobre la intervención extranjera por parte de países que promueven la democracia y derechos humanos en el mundo. La realidad indica algo muy diferente: la única intervención extranjera es la cubana, la de Hezbollah, la de los narcotraficantes, del ELN y disidentes de las FARC. La intervención viene de otras dictaduras y gobiernos autoritarios, grupos terroristas y crimen organizado. Si no hay consenso respecto a la realidad, y estos cuatro mitos persisten, la crisis venezolana continuará. La comunidad internacional parece convivir en dos universos paralelos. Uno que favorece la democracia, otro que favorece la dictadura. En un universo de realidades. Y en otro de mitos. El primero debe imponerse sobre el segundo.


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1 comentario

  • Juan Evaristo González Abreu
    Juan Evaristo González Abreu

    Quiero saber si a los que trabajamos y cotizamos en Venezuela con Convenios Bilaterales firmados ( italianos, españoles, portugueses, uruguayos, chilenos, etc.) Y no se nos paga la parte correspondiente de la jubilación es también un derecho humano violado por el gobierno venezolano.

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