El Día

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Adaptar o Morir

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La Socialdemocracia vive momentos de crisis. Esto se desprende de los resultados en los últimos comicios electorales en Europa y Latinoamérica, dónde los partidos laboristas y coaliciones socialdemócratas han reducido su caudal electoral frente a los nuevos populismos y radicalismos de derecha e izquierda que han aparecido con renovada fuerza.

Entre las diferentes causas que tiene este proceso, se hace evidente que el mayor problema es de naturaleza filosófica. Nacido en el seno del marxismo, su desarrollo ideológico lleva al abandono del camino revolucionario, abrazando la democracia liberal cómo vía para alcanzar el poder y desde ahí poder realizar las reformas orientadas al establecimiento del socialismo.

El respaldo electoral otorgado a los gobiernos encabezados por los partidos: Laborista en Inglaterra, Socialista en Francia y España, Socialdemócrata en Alemania, Demócrata en Estados Unidos y Colorado (Batllista) en Uruguay sentaron las bases para el desarrollo de los estados de bienestar que tuvieron su auge mundial durante el siglo pasado, abandonando la idea original de perseguir el socialismo como un fin en sí mismo.

Este éxito económico y social del modelo socialdemócrata, tuvo como contrapartida, una erosión paulatina de su identidad ideológica, ya que los beneficios del estado de bienestar (pensiones, seguros de salud o desempleo, etc.) se fueron enquistando de forma tan profunda en las idiosincrasias nacionales, que la sola idea de su eliminación sería tan rechazada que hasta sus mayores detractores evitan hablar de su erradicación y se enfocan en reformas y mejoras en su eficiencia.

Este debilitamiento de su cohesión ideológica, sumada a su incapacidad para reformularse internamente, fueron las causas que determinaron la pérdida del idealismo que empujó a sociedades enteras a buscar la erradicación de las desigualdades sociales presentes en los siglos XIX y XX.

Hoy vivimos en sociedades globalizadas, con un alto nivel de desarrollo tecnológico donde la innovación y el cambio son constantes y los índices de pobreza disminuyen, por lo que, ni los problemas ni las soluciones que planteaba la socialdemocracia como plataforma política orientada a mejorar la vida de la gente en sus inicios, parecen ser aplicables hoy en día.

Desde mi punto de vista la clave de la supervivencia de esta corriente filosófica no radica en abandonar los viejos principios e ideales de la socialdemocracia de igualdad universal, de libertad individual y de solidaridad social, sino en renovar su vigencia a través del aggiornamento de sus herramientas para su aplicación a la nueva realidad del siglo XXI y a los desafíos que en ella se plantean, al igual que ha hecho en el siglo pasado y a través de toda su historia.  


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