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A 10 años de Fukushima, un desastre sin fin

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Hoy, 11 de marzo, se cumple el décimo aniversario del inicio de un desastre que, como todos los de esta índole, no aparenta ver un final en el horizonte.

 Localizada en la prefectura homónima, la central nuclear Fukushima Daiichi diseñada a finales de los años 60, diseñada por General Electric, pero construida y gestionada por la empresa TEPCO, contaba con 6 reactores de agua en ebullición (en pocas palabras, el agua actúa como refrigerante del combustible nuclear, así como moderador. Cuando el agua entra en ebullición, el vapor generado mueve las turbinas y éstas generan electricidad). Su diseño, ya obsoleto, propiciaba ya en 2010 debates entre los ingenieros de la central, la empresa dueña de la misma y las autoridades japonesas, siendo que la vida útil de la central, en teoría, finalizaría en muy pocos años. Sumado a su “vejez”, la central presentaba problemas de diseño tales como su dique de contención, para que no superaba los 8 metros de altura en una región donde los tsunamis podrían alcanzar fácilmente los 15 metros. Para complementar esto, la propia zona donde se había construido la central, era un terreno con sitios inundables, en los cuales se ubicaron varios sistemas cruciales para el correcto funcionamiento de la central.

A pesar de todo ello, la planta nuclear no presentaba un riesgo inmediato para la región, a no ser que sucediese una catástrofe. Y eso fue exactamente lo que sucedió el 11 de marzo de 2011, a las 2:46 hora local. Un terremoto de magnitud 9.1, el más fuerte en la historia del país, y el cuarto más potente en los últimos 500 años de historia (calculados con técnicas actuales). El fenómeno fue tan violento que, durante sus seis minutos de duración, la isla de Honshu, la principal del archipiélago japonés, se desplazó 2,4 metros hacia el este. Y, como es de esperar, el terremoto no vino solo: la alerta de tsunami no se hizo esperar, llegando a haber olas de más de 10 metros en la prefectura de Miyagi, y según relatos de los locales y operarios de la central, incluso se llegaron a apreciar un oleaje mucho mayor del que se informó, llegando a 14 metros en la central[1], y a 40 metros de altura en otros puntos.[2] [3] En total, el terremoto dejó la cifra de 15.893 fallecidos, 2556 desaparecidos y 6152 heridos[4], además de decenas de miles de desplazados por la destrucción de sus hogares.

Tras el terremoto, sucedieron dos cosas: la primera, los reactores en funcionamiento (los tres primeros, ya que los reactores 4, 5 y 6 se hallaban apagados por mantenimiento), se apagan por medio del SCRAM, o apagado de emergencia (exactamente el mismo protocolo que se intentó utilizar en Chernobyl, bajo otras circunstancias y en otro tipo de reactor). El segundo hecho consistió en el corte de las líneas eléctricas de la central con el resto de la red. Este punto es muy importante: al apagarse los reactores, estos no dejan de generar energía, pero siguen necesitando refrigeración y un monitoreo constante durante, al menos, varias horas, debido a la elevada temperatura a la que se someten durante su funcionamiento, la cual si no es bien controlada puede resultar en la evaporación del agua (que, en este tipo de reactores, actúa como refrigerante, y sin el refrigerante, la reacción en cadena que se da normalmente, puede volver a ocurrir, pero en un ambiente descontrolado). Por lo tanto, después del terremoto, los reactores que estaban en funcionamiento hasta ese momento fueron apagados, pero sin suministro de la red eléctrica para satisfacer la demanda de energía que requiere su monitoreo tras el proceso de apagado. Ante esto, se encienden los generadores diésel de emergencia, los cuales le dan la energía necesaria a los sistemas de la central nuclear. Sin embargo, una hora después del terremoto, el tsunami llega a las costas de la prefectura de Fukushima: la ola de 14 metros de altura sobrepasa el muro de contención, e inunda los terrenos más bajos del predio de la central, justamente, donde se ubicaban los generadores de emergencia, así como otros aparatos de gran importancia, dejándolos inútiles.

Por ende, tras el terremoto y el posterior tsunami, la central presentaba dos problemas: el primero, la falta de refrigeración, producto del corte de las tres fuentes de suministro eléctrico: la red eléctrica, la propia central generando energía para autoabastecerse y los generadores de emergencia. El segundo problema viene de la mano, y consiste en la falta de control sobre el reactor: producto de la falta de energía, pero no únicamente de ella (varios sistemas, aparte de los generadores de emergencia, se vieron inundados y quedaron fuera del alcance de los trabajadores): se perdió el fácil acceso a buena parte de las variables que controlan los reactores (potencia, temperatura, presión, entre otras), las cuales pueden obtenerse de forma manual, pero dada la situación (o más bien, el desconocimiento de la misma, ya que en un primer momento no se conocía el estado de los reactores), podía ser un suicidio acercarse a los edificios de contención.

En las horas siguientes, se descubrió un aumento drástico en la temperatura de los reactores que fueron apagados por el método SCRAM, además de niveles de radioactividad varias veces superior al normal. Asimismo, una fuga de hidrógeno proveniente del reactor número 3 se filtró por medio de válvulas dañadas, y se propagó por los 4 primeros reactores, causando explosiones[5].

Pocos días después, se comenzó a apreciar la fusión, al menos parcial, de los núcleos de los reactores 1, 2 y 3, estando el reactor 4 comprometido por las explosiones de hidrógeno y una serie de incendios. La fusión parcial de los reactores se propició por la caída del tendido eléctrico, evitando que las bombas pudieran trasladar el agua hacia el núcleo de los reactores, y en el caso del reactor 4, a las piscinas de enfriamiento del combustible ya gastado (el combustible nuclear gastado debe permanecer por varias semanas bajo refrigeración constante, a riesgo de que su temperatura aumente y emita partículas radioactivas al aire).

 En estas mismas fechas, comenzó la polémica por la situación del reactor 3: este reactor utilizaba un combustible experimental, denominado MOX, o combustible de mezcla de óxidos, el cual tiene importantes trazas de plutonio, un elemento mucho más peligroso que el uranio, el combustible más común en los reactores. Asimismo, el reactor en cuestión no estaba diseñado con el objetivo de utilizar MOX, por ende, tuvo que ser sujeto a ciertas modificaciones, generando dudas sobre la seguridad del combustible, así como de la capacidad del reactor para contener un combustible de ese calibre.

Finalmente, en junio de 2011, el Organismo Internacional de Energía Atómica, en conjunción con científicos tanto locales como del extranjero, calificaron el accidente en la categoría 7, la más grave de todas, y solo por detrás del accidente de Chernobyl, en Ucrania,[6] y confirmaron la triple fusión de núcleo, en los tres primeros reactores.  

Cabe destacar el grado de comunicación entre los servicios de emergencia, TEPCO y el gobierno nipón, siendo muy importante la velocidad a la cual el gobierno, tras consultar con otras empresas del rubro y asesores internacionales, solicitó a la población de la zona evacuar, o en su defecto, mantenerse en sus casas y sellar las aberturas de las mismas, hasta que, debido a la magnitud del desastre, el gobierno japonés se vio obligado a desalojar a la población en un radio de 30 kilómetros de la central nuclear. En esto se puede apreciar una clara diferencia con el otro accidente de categoría 7, Chernobyl, más allá de las evidentes diferencias (por ejemplo, en Fukushima hubo solamente fusión, en Chernobyl el núcleo voló por los aires). Si bien considero que ese hecho en particular necesitaría un articulo en sí mismo para poder ser explicado correctamente, se puede decir que en su momento la labor de mitigación del desastre se dificultó aun más debido al secretismo soviético, además de su afán de no generar pánico (escondiéndole información vital a la población en el proceso). Producto de esa falta de transparencia, se produjeron más muertes y complicaciones de salud, por ejemplo, tanto a la población como a los encargados de la descontaminación, conocidos como “liquidadores”.

Sin embargo, la catalogación del accidente como categoría 7 no era más que el fin del principio: operarios de la central, bomberos, policías, científicos del extranjero, entre otros tantos individuos de diferentes profesiones, dieron años de su esperanza de vida, tratando de mantener los núcleos y las piscinas de combustible gastados cubiertas de agua, para evitar una emisión permanente de radioactividad. Esto, a su vez, generó dos problemas serios, y de muy difícil solución: el primero, la acumulación de vapor en los núcleos de los reactores, el cual contenía partículas radioactivas. Si ese vapor alcanzaba un determinado grado de presión, podría provocar una explosión, volviendo la situación muchas veces más grave de lo que era en ese momento. Y el segundo problema, consistía en el agua de las piscinas de enfriamiento, ya que ésta era demasiado radioactiva como para poder dejarla a la intemperie o tirarla directamente al mar. Sin embargo, dada la situación, cada vez más crítica, se resolvió verter agua contaminada al Océano Pacífico, para poder almacenar en los tanques de contención agua aún más contaminada, así como realizar emisiones controladas de vapor, cuando el viento acompañaba. Según los expertos, ese vertido de agua se dispersó y los isotopos radioactivos más peligrosos ya han desaparecido, debido a su corta vida media[7], y si bien se han encontrado leves trazas incluso en la costa oeste de Estados Unidos, su nivel era 500 veces menor al considerado peligroso.[8] Asimismo, también tuvieron que lidiar con escapes de agua radioactiva a través de roturas en conductos y el suelo, las cuales tuvieron que solucionar para evitar que el agua más radioactiva se filtrase al océano.

A día de hoy, en pleno 2021, se continúa realizando el proceso de descontaminación, tanto en la zona de la central, donde recientemente se han enviado drones al interior de la central, para observar su estado y planear la limpieza de sus sectores más contaminados; como en la zona de exclusión de 30 kilómetros, donde se ha retirado la capa superficial del suelo, aislando las partículas radioactivas del resto del mismo, además de la realización de procesos de limpieza en las ciudades abandonadas. El desmantelamiento de la central en sí, se plantea en un plazo no menor a 30 años, con un coste que supera los 15.000 millones de euros, proyectado en 2016.[9] Todo esto ha hecho desplomar el “market share” de la energía nuclear en la produccion total de energía japonesa, es decir, su relevancia en cuanto a fuentes de energía del país del sol naciente, el cual ha virado hacia otro tipo de fuentes.

En todo lo que he escrito hasta ahora, ni siquiera he profundizado en el aspecto más importante: las vidas de los individuos. Si bien los estudios médicos realizados a los evacuados no revelan un aumento sustancial en posibilidades de cáncer y enfermedades similares[10] (al contrario que en el accidente de Chernobyl, donde se ha llegado a volver muy común el término “corazón de Chernobyl”, que engloba varias enfermedades cardiacas muy comunes en la población ucraniana tras el accidente), las consecuencias a nivel psicológico en la población desplazada, que a su vez ha sido marginalizada en diversas formas (haciendo otra comparación con los desplazados de Chernobyl, donde el resto de la población ucraniana los discriminaba, haciendo que los índices de suicidio en ese grupo poblacional escalasen de forma radical[11]), no han sido establecidas con claridad. Y a los desplazados por la emergencia nuclear, se suman los evacuados por el terremoto y el posterior tsunami, quienes quedaron sin un hogar y tan solo recientemente han comenzado a rehacer sus vidas. Además, todavía resta ver los efectos de la exposición prolongada a la radiación por parte de los héroes que se plantaron al frente del desastre, aportando cada uno su grano de arena para evitar un accidente aun mayor, y a los cuales todos, incluso nosotros a medio mundo de distancia, les debemos nuestra gratitud.

Todo ello nos deja entrever que, 10 años después de ese trío de desastres (terremoto, tsunami y accidente nuclear), si bien muchas cosas han podido resolverse gracias a los esfuerzos tanto de los nipones como de la comunidad internacional, y especialmente en el caso del accidente de Fukushima, a costa de años de vida de los involucrados, la catástrofe dentro de la psiquis de los afectados está muy lejos de terminar. A pesar de todo ello, todavía existe la posibilidad de que los evacuados puedan volver a sus hogares en un periodo medianamente corto de tiempo (para los estándares de accidentes nucleares), gracias a las características del desastre de Fukushima, mucho menos contaminante que Chernobyl, así como a los continuos esfuerzos de descontaminación, y que, con ello, al menos parte de su dolor pueda ser aliviado.


[1] Ragheb, M. (2011). Fukushima earthquake and tsunami station blackout accident Pp:2

[2] (2020). Japón honra a las víctimas del tsunami de 2011 | DW | 11.03.2020. Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.dw.com/es/japón-honra-a-las-víctimas-del-tsunami-de-2011/a-52717955

[3] Japan’s Tsunami Topped 37 Meters. (2011). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.sciencemag.org/news/2011/04/japans-tsunami-topped-37-meters

[4] Agencia Nacional de Policía de Japón (2011) «Damage Situation and Police Countermeasures associated with 2011 Tohoku district – off the Pacific Ocean Earthquake»  

[5] Ragheb, op cit. pp:3

[6] Japón sufre el peor accidente nuclear desde Chernóbil – Actualidad Internacional – abc.es. (2011). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.abc.es/videos-actualidad-internacional/20110312/japon-sufre-peor-accidente-824048156001.html

[7] NISA/KANTEI (2011) «Report of Japanese Government to the IAEA Ministerial Conference on Nuclear Safety / VI. Discharge of radioactive materials to the environment.». En: http://japan.kantei.go.jp/kan/topics/201106/pdf/chapter_vi.pdf

[8] Higher Levels of Fukushima Cesium Detected Offshore. (2015). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.whoi.edu/press-room/news-release/fukushima-higher-levels-offshore/

[9] Fukushima: desmantelamiento de alto costo | DW |. (2016). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.dw.com/es/fukushima-desmantelamiento-de-alto-costo/a-36149416

[10] Tribuna | Fukushima, seis años después: las consecuencias y las lecciones. (2017). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://elpais.com/elpais/2017/03/09/ciencia/1489057242_612605.html

[11] ¿Cuál fue el número total de víctimas del desastre nuclear de Chernóbil? – BBC News Mundo. (2019). Recuperado 11 Marzo 2021, En https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-49430167


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