Compartí este artículo con tus amigos

La explicación de porqué los socialistas no estaban conformes en noviembre de 1958 no es compleja. Habían sido críticos férreos del gobierno derrotado pero la votación continuaba siendo baja pese a que lograron mantener la bancada y se registró un leve aumento de los sufragios.

Resultó evidente que las masas ciudadanas golpeadas por la crisis no se habían volcado por el socialismo sino por una opción liberal-conservadora. El partido seguía sin llegar a la mayoría de la gente de a pie. Por tanto, hacia 1959 surgió con fuerza la idea de que debía abrirse a nuevas perspectivas.

Ya conocemos la historia: entre 1959-1961 se gestó la Unión Popular bajo el impacto de la Revolución Cubana y en las elecciones de noviembre de 1962 fracasó estrepitosamente. Admito mi absoluta sorpresa ante la afirmación de Héctor Amodio Perez de que antes de aquella decepción electoral los futuros tupamaros ya no creían en la democracia y por tanto, no les afectó tanto esa frustración

El ex dirigente socialista José Diaz, que fue asesor legal de los cañeros en el libro “La Revolución Imposible” (2004) de Alfonso Lessa y Julio Louis, que militó en el Partido Socialista en ese tiempo, en el libro “La Revolución a la vuelta de la esquina. La izquierda revolucionaria uruguaya 1955-1973” (2006) de Eduardo Rey Tristán, sostienen claramente que el desastre de la Unión Popular generó a los tupamaros.

Más allá de estos testimonios divergentes, es probable – habría que estudiar más el tema- que aún antes de 1962 ya existiera, en una parte de la juventud socialista, un descreimiento sobre la democracia. La Revolución Cubana no hizo más que potenciar este sentimiento. De todas formas el proceso que llevaría a la opción violenta fue sinuoso

También ya conocemos lo que sucedió después de 1962: el artículo del 16 de marzo de 1963 de Raúl Sendic en El Sol titulado “¿Un Revólver o la Constitución?”; la fundación del Coordinador; el robo de armas al Club del Tiro Suizo; la convención en el chalet de Parque del Plata en 1965 que marca el nacimiento de los tupamaros; la debacle en diciembre de 1966; el período oscuro del año 1967 y finalmente, la reaparición en agosto 1968 con el secuestro de Ulyses Pereira Reverbel. A partir de ese momento los tupamaros comenzaron a crecer y su accionar se hizo más continuo e intenso.

Pero.. ¿y si este análisis del período 1959-1968 es tan parcial cómo incompleto? ¿De qué nos estamos olvidando?


Compartí este artículo con tus amigos
A %d blogueros les gusta esto: