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El historiador Lincoln Maiztegui hacía notar que el análisis de los resultados de las elecciones de 1950, mostraba a un Luis Batlle victorioso pero, de ninguna manera, se había convertido en un líder hegemónico del batllismo. La diferencia de votos entre la lista 15 (diario Acción) y la lista 14 (diario El Día) era de apenas 10.332 votos.

En 1950, pese a la prosperidad económica, la lista 15 no controlaba a todo el batllismo. Existía otro grupo, bastante poderoso, que se consideraba el auténtico intérprete del legado de José Batlle y Ordoñez. Los Batlle Pacheco – César, Lorenzo y Rafael- son, inexplicablemente, los grandes olvidados de la historia uruguaya. No me detendré a explicar su pensamiento filosófico, social y económico, pero era una realidad que no estaban para nada conformes con la actuación de su primo Luis.

Se ha afirmado que la reforma constitucional de 1952, que implantó el Colegiado integral, resultado de un pacto político entre el presidente Andrés Martínez Trueba, la Lista 14 y el caudillo blanco Luis Alberto de Herrera, tuvo por cometido de restarle poder a Luis Batlle. Algo que es bastante cierto, pero los socialistas hicieron otras consideraciones.

Pese a que el Partido Socialista conducido por Emilio Frugoni era colegialista, se opuso al pacto reformista por considerarlo un nuevo reparto de cuotas de poder en el Estado que exacerbaría el clientelismo. Además se consolidaba una alianza entre colorados y blancos para reprimir a los trabajadores.

Hay un dato de la realidad: en octubre de 1951 hubo una huelga general solidaria con el conflicto de ANCAP, que duró casi tres semanas. En marzo de 1952 se implantaron Medidas de Seguridad contra los trabajadores de Salud Pública. En setiembre de este mismo año, hubo nuevas Medidas Prontas de Seguridad, esta vez contra los trabajadores del transporte, fue la huelga general de los gremios solidarios, donde participaron 34.000 trabajadores y duró 16 días.

Estos conflictos coincidieron con un momento de mucha tensión entre Uruguay y la Argentina gobernada por Juan Domingo Perón. Existió el temor en el gobierno que se estuviera frente a un intento desestabilizador del peronismo que tenía “Agregados Diplomáticos Sindicales” en varias embajadas de América Latina.

Al margen de esto, no hay dudas que los jóvenes socialistas de la generación de Raúl Sendic vivieron muy intensamente aquellas jornadas de lucha en un Uruguay que aún disfrutaba de la bonanza económica y las libertades democráticas. En una entrevista a Raúl Sendic, publicada por El Sol el 7 de octubre de 1952, expresaba que el apoyo a las Medidas Prontas de Seguridad tanto de las cámaras empresariales como de ambos partidos tradicionales corroboraba “la interpretación que hicimos del pacto batlli-herrerista calificándolo de un acuerdo reaccionario”, cuyo objetivo era la defensa “de privilegios en una época de crisis”.

Resulta muy significativo y revelador que Sendic en 1952 ya hablara de “crisis”. ¿Exactamente que crisis había en el Uruguay en 1952? Esta visión no era, por cierto, una posición individual, sino que representaba el sentir de los jóvenes socialistas que ya pensaban en cambiar el rumbo que Emilio Frugoni le había imprimido al socialismo desde su fundación.

En ese momento histórico, 1950-1954, la Revolución Cubana no estaba en el horizonte. Pero…¿ y si existieron otros factores previos que debemos tener en cuenta para comprender mejor el origen de los tupamaros?

Dicho en otras palabras: ¿y si el influjo de la Revolución Cubana fue una de varias causas de la lucha armada en Uruguay?


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