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En junio de 1968 el problema más grave que enfrentaba el gobierno de Pacheco no eran las movilizaciones estudiantiles (de carácter urbano, nunca fueron a nivel nacional). El peligro estaba en otra parte: en Washington, donde trabajosamente se negociaba la refinanciación de la deuda externa. Y había tres aspectos que jugaban en su contra.

Para empezar Washington no tenía casi información de Pacheco. Su trayectoria política había sido muy modesta (aunque para nada mediocre, como se ha creído). No había sido ministro ni tampoco jerarca de algún organismo estatal importante. No era líder de ningún sector grande o pequeño del Partido Colorado. No se conocía su pensamiento sobre los problemas que aquejaban al Uruguay. Sus charlas con los diplomáticos de la embajada de EE.UU. se habían limitado a las reuniones sociales de carácter protocolar. Los norteamericanos no sabían exactamente si poseía o no dotes de estadista.

En segundo término, durante el segundo gobierno nacionalista las obligaciones crediticias contraídas no se habían cumplido. Incluso en el año 1965 partió hacia el exterior una misión con el objetivo de obtener fondos por fuera de los organismos internacionales de crédito. Esto era un mal antecedente.

En tercer término, durante el gobierno de Gestido por cien días hubo una ruptura con el Fondo Monetario Internacional (FMI) – por iniciativa del entonces ministro de Hacienda de Amílcar Vasconcellos – que generó desconcierto. Uruguay estuvo a punto de quedar aislado internacionalmente.

Además de estos aspectos Washington, desde la óptica de la Guerra Fría, observaba con preocupación la agitación social que se desarrollaba. ¿Pacheco era un dubitativo como Gestido o tomaría con firmeza las riendas del gobierno? ¿Podían confiar o no en que cumpliría con las obligaciones contraídas?

Si la refinanciación se frustraba el país quedaba en una situación económico-financiera muy precaria. Los riesgos eran múltiples. De ahí que, contrariamente a lo que ha parecido, las Medidas Prontas de Seguridad del 13 de junio de 1968 fueron producto de la debilidad del gobierno. No de su fuerza. Entre la espada y la pared Pacheco optó por un camino. No fue una decisión exclusivamente pachequista. Todo lo contrario. El Partido Nacional- Wilson Ferreira Aldunate incluido- las apoyó. No era tan sólo un problema del gobierno sino que Uruguay mismo estaba en una situación de extrema vulnerabilidad. El Partido Nacional, tras ocho años de ejercer el gobierno, comprendía muy bien esto.

Estas razones de Pacheco para tomar esa decisión explican por qué Flores Mora votó esas medidas, pero renunció a su cargo y ofreció refugio a los dirigentes de la CNT si eran requeridos. Y esto explica también, por qué Alba Roballo no votó las medidas pero, al renunciar, expresó públicamente: “subrayo que las motivaciones que ha tenido este gobierno que Ud. preside para dictar las Medidas Prontas de Seguridad son orden superior y patriótico y que nunca ha tenido más motivo un gobierno para llegar a ese extremo constitucional. Esta actitud no contradice mi adhesión personal y política a ese Gobierno y su persona, que será manifestada a través de la actuación en el Parlamento y desde mi banca, donde seguiré testimoniando la confianza que tengo en el Gobierno Colorado y el inmenso aprecio personal que tengo al señor Presidente”.

Ahora bien. Si se lee atentamente el decreto que implantó las Medidas Prontas de Seguridad, aquel 13 de junio de 1968, no se menciona, ni sola vez, a los tupamaros. Es que los tupamaros no tenían nada que ver con lo que estaba ocurriendo. Así de simple.


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