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En marzo de 1961 la idea de un proyecto de reforma constitucional a plebiscitar con las elecciones nacionales, propició el encuentro de la lista 41 de Enrique Erro, el Partido Socialista, la Agrupación Nuevas Bases, el diputado nacionalista Ariel Collazo , el dirigente cristiano Eduardo Payssé González y los intelectuales escindidos del ruralismo. Los temas abordados para la redacción de la propuesta, revelaron la afinidad política de estos grupos con el objetivo de generar transformaciones estructurales que permitieran sacar al país de la crisis.

El proyecto se constituyó en el cauce común de los grupos que adherían a una política de alianza. No todos asumían ser parte de la izquierda, sin embargo, todos eran anti-imperialistas, nacionalistas y tenían una misma interpretación de la historia nacional. En este sentido, comenzaron a definirse como integrantes de un “movimiento nacional y popular”, y para la mayoría el proyecto de unidad sería con la exclusión del Partido Comunista. De hecho, Erro – el hombre que sería sindicado en 1973 como el “jefe civil” de los tupamaros – provenía del tronco duro del herrerismo y era un connotado anticomunista.

Este último aspecto es bastante interesante: Cuando Vivían Trías conversó con Fidel Castro en Cuba le explicó las razones de excluir a los comunistas y éste no planteó ninguna objeción. Trías habría malinterpretado el silencio diplomático de Fidel, como un apoyo a su estrategia.

Hay aquí una curiosa paradoja. La Unión Popular se construyó bajo el halo de la Revolución Cubana, pero sin los comunistas por la simple razón de que eran – para usar una terminología actual – unos “pianta-votos”.

Como sea, lo cierto es que el proyecto de reforma constitucional no prosperó, pero el “Frente Nacional y Popular” continuó movilizado. Durante los días 23, 24 y 25 de marzo de 1962 el Partido Socialista realizó su XXXIII Congreso, en sus resoluciones expresó que estaban dadas las condiciones necesarias para concretar un movimiento nacional y popular, “instrumento indispensable para crear un vasto movimiento de masas que lleve adelante la revolución nacional uruguaya, en cuyo proceso las próximas elecciones constituyen una etapa de fundamental importancia”.

Esta alianza tenía un talón de Aquiles. El 30 de marzo de 1962 Emilio Frugoni, en una entrevista que concediera al periodista de Marcha Eduardo Galeano, consideró negativo el camino que emprendía el Partido Socialista y realizó una sombría predicción: en cambio “de los demás grupos nada se sabe y por un error de cálculo, otros podrían llevar la parte del león. Me temo que perderemos nuestro Senador. Al no figurar nuestro Partido en el marcador electoral, mucha gente se va sentir desconcertada. No olvidemos que hay un importante sector de ciudadanos que veía al Partido por pura simpatía, y que no va a encontrar nuestro lema, esta vez para expresarse en las urnas”.

La opinión de Frugoni fue desoída y el proyecto siguió adelante. En los primeros días de julio el XIX Congreso Extraordinario del Partido Socialista ratificó lo aprobado en el Congreso de marzo. José Pedro Cardoso definió a esa instancia como el germen de la “tercera fuerza que agrupe a todos los liberados de los moldes tradicionales y sea una alternativa”. Nacía la Unión Nacional y Popular.

l 14 de agosto esta alianza electoral celebró su primer acto público organizado por el comité de apoyo del Cordón. El 27 de agosto la Corte Electoral decidió rechazar el lema Unión Nacional y Popular, dando así la razón a la impugnación formulada por el Partido Nacional, por lo tanto la nueva fuerza política concurriría a las elecciones de noviembre con la denominación de Unión Popular, y la lista 4190 fue la síntesis electoral del acuerdo.

Y el último día de noviembre de 1962 las urnas dieron su veredicto…


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