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¿Cuáles fueron las raíces del movimiento tupamaro? Por supuesto, que esta pregunta ya ha sido respondida muchas veces. De todos modos, conviene volver a repasar ciertos hechos del pasado para comprender como se inician las tragedias.

Es harto conocido que el último domingo de noviembre de 1958 fue un punto de inflexión en la historia política uruguaya. El Partido Colorado fue ampliamente derrotado por el Partido Nacional tras casi cien años de ejercicio de poder.

Los socialistas habían sido severos críticos del gobierno de Luis Batlle, sin embargo el resultado de las urnas no les dejó conformes: obtuvieron 35.041 votos, el 3,5% de los totales (en 1954 habían llegado al 3,2% del total). En el interior del partido se comenzó a procesar una discusión sobre la estrategia que se había seguido hasta el momento. Resultaba obvio que estaba aislado de las grandes masas – pese a la calidad de sus dirigentes y militancia – y se debía cambiar el rumbo.

En mayo de 1959 el Comité Ejecutivo Nacional Ampliado, convocado para discutir la situación del país, recibió una iniciativa del senador José Pedro Cardoso para promover un frente de izquierdas, De acuerdo con una monografía inédita del licenciado Gustavo Trullen (2015) el órgano partidario “aprobó el documento con poco entusiasmo, pues aún no vislumbraba a los grupos que integrarían ese frente”.

Los días 29, 30 y 31 de enero de 1960 se desarrollaron las sesiones del XXXII Congreso Ordinario que marcaron un giro significativo en el socialismo uruguayo. Las transformaciones reglamentarias aprobadas en el XV Congreso Extraordinario, posibilitaron que la línea renovadora lograra once de los quince cargos del Comité Ejecutivo y la designación de Vivian Trías – un profesor de historia partidario del “revisionismo histórico” argentino – como Secretario General. Tras esta elección se consolidó lo que muchos militantes de esa época denominan “el proceso de refundación” del partido. Dentro de varias definiciones que tomó la nueva dirigencia (creación de una Central única de trabajadores y la desafiliación de la II Internacional), ratificó la política de alianzas con otras fuerzas políticas en el marco estricto de ciertas exclusiones: Es decir, ni con las direcciones batllistas, nacionalistas, cívica o comunista. La vieja guardia liderada por Emilio Frugoni no compartió este nuevo rumbo pero fue derrotada. En medio de este proceso ocurrió la Revolución Cubana y el historiador Fernando López D Alessandro en su obra “Vivian Trías. El hombre que fue Ríos” (2019) analiza su impacto en el Partido Socialista: “Entre 1960 y la fecha de su cierre, 1967, el semanario El Sol (…) dedicó el 27 por ciento de su espacio a artículos sobre la Revolución Cubana. (..) Casi no hay número en esos siete años en que no se trate la cuestión cubana”.

La militancia joven socialista observó con admiración a aquellos “barbudos” que habían logrado derribar una tiranía infame. Puede llamar la atención pero en 1959 no estaba del todo claro cuáles eran sus objetivos. Fidel parecía, más bien, un progresista moderado. Era una ilusión. Pero a medida que sus reformas se radicalizaron el entusiasmo aumentó. Una pequeña nación orgullosa desafiaba nada menos que al imperio yanqui en sus propias narices.

No explicaré aquí los dilemas teóricos que enfrentó Trías cuando Fidel Castro se declaró marxista-leninista y selló su alianza de hierro con la Unión Soviética. Lo cierto es que Trias, a principios de los años ’60, consideraba que la nación y el nacionalismo eran el agente histórico para el socialismo nacional.

Por tanto, lo importante era conseguir los aliados electorales adecuados para conformar “un frente nacional y popular”. ¿Quiénes irían de la mano con el socialismo nacional a las elecciones de 1962…? Al mismo tiempo, surgía la figura de un socialista treintañero – por el cual Frugoni sentía simpatía – que parecía capaz de liderar a los “olvidados de la tierra”, los cañeros, llamado Raúl Sendic.


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