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“Latorritos”: Amílcar Vasconcellos y aquel “Febrero Amargo”

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Que nadie se haga ilusiones: Latorre llegó y nadie ha olvidado cómo se tuvo que ir; los “Latorritos” que tratan de llegar – aunque puedan lograrlo mediante la ayuda de cobardes y traidores – que no olviden la lección histórica“- Así concluye el capítulo 2 del libro “Febrero Amargo”, o mejor dicho, la memorable locución pronunciada por el Senador Colorado, Amílcar Vasconcellos -quien escribe dicha obra- el 1° de Febrero del turbulento 1973.

Antes de ingresar de lleno en aquel febrero, es oportuno contextualizarnos en la época previa a los sucesos acaecidos. En 1972 el Uruguay ya había abandonado en cierta forma los días de la subversión tupamara, pero se vivía un notorio estado de guerra interna y una vida civil bajo la suspensión de garantías. Derrotado el movimiento armado, las FF.AA tomaron impulso en la sociedad y, con él, la nefasta idea de que éstas debían entrar en escena en la toma de decisiones del país.

Iniciado Febrero, el Legislador Vasconcellos recibe el llamado de un periodista de CX 16 Radio Carve, informándole que podía utilizar un espacio radial para manifestarse ante la población en una “CARTA AL PUEBLO URUGUAYO EN LA HORA DE LA VERDAD”. En medio de esta situación, tenía a la espera la confirmación de una entrevista con el presidente Juan María Bordaberry, la cual fue aceptada y horas después aplazada. Más allá de esto, la comunicación de Vasconcellos salió al aire esa misma noche entre las 23:00 y 23:30. Las palabras del Senador, así declaraba, no podían hacerse esperar, ya que no estaban sujetas a ninguna personalidad ni investidura. El aviso constaba de una clara manifestación a favor de las instituciones, la instancia a así manifestarlo por parte de quienes tenían la responsabilidad de hacerlo, y también de una denuncia a un plan para desplazar a los partidos electos democráticamente para dar paso a un régimen militar. Este último pretendía socavar las instituciones bajo la consigna de que los políticos eran sistemáticamente corruptos, idea que lamentablemente penetró en el imaginario de los uruguayos. Como fue de aguardar, el mensaje de Amílcar fue claro y sin escatimar acusaciones – que resultaron verdades- con los oportunistas de la época. El pueblo receptó claramente el concepto y los medios de comunicación se hicieron eco del mismo, la mañana siguiente a la primera noche de aquel tenso mes.

En las subsiguientes jornadas cargadas de incertidumbre, el territorio nacional vivió sucesos que hicieron caminar por la cuerda floja a aquella frágil democracia: los días 9 y 10 las Fuerzas Armadas expiden los Comunicados N°4 y N°7, que daban cuenta de un eventual programa de gobierno o guía de ruta para la administración. Curiosamente expresaban que toda idea marxista no era apta para este país, contando, sin embargo, con el apoyo Partido Comunista uruguaya a sus proclamas. El día 11 se crea el Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) integrado por jerarcas castrenses que oficiaban como consejeros asesores del presidente. El COSENA fue uno de las consecuencias del Pacto de Boiso Lanza, un encuentro entre militares y el entonces Presidente, donde los primeros le exigieron ciertas actitudes al mandatario. Tiempo después, el ejército y la fuerza área exigirían la renuncia del Ministro de Defensa, Armando Malet, aludiendo sus cometidos específicos en la vida de los cuarteles.

Con mucha gallardía, el Senador Amílcar Vasconcellos gritaría a los cuatro vientos aquellas palabras emitidas la primera jornada de febrero del ’73; palabras que un demócrata de pura cepa, bajo el cargo que la ciudadanía le había confiado, tenía la responsabilidad moral de pronunciar, en defensa de las instituciones políticas de hasta aquel entonces soberano país. ¡Latorritos! No le tembló el pulso al momento de atribuirle aquel epíteto, que hacía alusión al Militar Latorre, quien había tomado el poder de manera ilegítima en el siglo XIX.

“Hay triunfadores efímeros que las hojas del viento desparraman y se olvidan hasta del odio de los pueblos. Ellos se sentirán vencedores y muchos serviles y miserables se acercarán para decorar una situación momentánea, pero ya sentirán también el látigo de la historia sobre sus hombros y el de sus hijos como una mancha indeleble por la inmensa traición que están cometiendo contra el Uruguay. Y de esto señor presidente, no los salvará absolutamente nadie. Contra esto, nadie puede defenderse”.​

Hoy sabemos que los tiranos hicieron caso omiso a las palabras del Senador. A los personajes que no se perdieron en el pasado los juzgó la historia.

Cada 1° de febrero es preciso recordar y conmemorar el citado discurso, porque detrás de él está uno de los más preciados principios del Partido Colorado: el compromiso irrenunciable de defender las instituciones.


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