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Latorre, entre libertades y reformismo

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Artículo escrito por Carlos Benítez y Paula Pelaez

Lorenzo Latorre fue un militar y político uruguayo perteneciente al Partido Colorado. Nace un 28 de julio de 1844 en un periodo en el cual el Uruguay estaba dividido en dos gobiernos, uno que controlaba Montevideo, conocido como “el gobierno de la defensa” y otro en el interior, llamado “el gobierno del Cerrito”. Latorre cambia esta situación unificando al Estado uruguayo. A su vez, lleva a cabo el período al que llamamos ‘’modernización del Uruguay”

Corría el año 1875, José Ellauri había abandonado la presidencia y en su lugar estaba Pedro Varela, quien hizo lo mismo que su antecesor. En este marco, deciden ofrecerle el cargo al Coronel Lorenzo Latorre, quien en ese entonces se desempeñaba como Ministro de Guerra. Decide aceptar bajo el título de “Gobernador provisorio”.

Para sus ministerios decide colocar a personalidades ilustres. Uruguay estaba en un duro momento para el sector productivo, no había caminos, ni medios de comunicación eficientes desde una punta del país a la otra, prácticamente sin escuelas, y con la inseguridad a niveles altísimos. La propiedad rural es la que se ve más afectada por esta última característica, ya que, al no estar alambrada, era amenazada constantemente por bandidos que robaban los ganados y hacían destrozos sin importarle las “consecuencias” que podían provocar.

Los objetivos principales de su gobierno fueron establecer nuevamente la paz interna y consolidar la propiedad privada. Luego de este período como gobernador provisorio, fue electo presidente constitucional. Estableció importantes cambios en Uruguay, muchos de los cuales siguen presentes hasta hoy en día.

En primer lugar, fue propulsor del alambramiento de los campos, lo cual trajo consigo la paz a los hacendados y mejoras en la producción, instalando la propiedad privada. A su vez, creó el Registro de Marcas y Señales y el Registro General de Embargos e Interdicciones, lo que fue de vital interés para la seguridad jurídica en las propiedades y transacciones.

Dado la falta de caminos y comunicación interna, en este período se instalaron líneas férreas a lo largo y ancho del país, alcanzando una descentralización absolutamente necesaria para el proceso de unificación nacional.

Siguiendo la misma línea, en materia de legislación, se aprobaron los Códigos de Procedimiento Civil e Instrucción Criminal en 1878, así como el Código Rural. Dichos códigos fueron claves para la transparencia y estabilidad, favoreciendo las garantías individuales. También, en 1879 se aprobó la Ley de Registro de Estado Civil. Hasta ese entonces era una tarea que la realizaba la iglesia, con Latorre con la cual pasó a manos del Estado.

Fue impulsor, junto a Varela de la reforma en educación más grande de nuestra historia, la cual concede a la educación como la conocemos hoy en día: gratuita, obligatoria y laica, características que favorecieron su universalización, logrando que en pocos años el analfabetismo descendiera considerablemente.

Latorre contaba con el apoyo de los más fuertes grupos económicos y el sector rural, los cuales exigían la paz y el orden a cualquier precio, aun si debían renunciar a ciertas libertades individuales.

En momentos donde las instancias violentas predominan resulta común que se transgredan las libertades individuales para lograr la paz nacional. Estos regímenes podríamos considerarlos un arma de doble filo, ya que por un lado garantiza el orden interno, pero por el otro limita las libertades.

¿Hasta qué punto debemos renunciar a nuestros derechos para poder vivir en paz? frente a esta disyuntiva se encontraban los entonces ciudadanos de aquel Uruguay, muy distinto al que conocemos hoy en día, donde la guerra era un factor común, dicho por Pedro Varela: ‘’Bien puede decirse que la guerra es el estado normal de la República’’.

Durante su mandato como gobernador provisorio, se modificó la legislación electoral del país. El 1º de marzo del año siguiente fue electo Presidente de la República, aun así, solamente duró un año en el cargo, debido a que no contaba con el apoyo suficiente de la clase política.

Es así como un 13 de marzo de 1880 se vio obligado a renunciar a la Presidencia y exiliarse en Argentina, donde murió a los 76 años. En 1975 sus restos fueron repatriados por Juan María Bordaberry y fueron enterrados en el Panteón Nacional del Cementerio Central de Montevideo.

Sin dudas, en sus aciertos y en sus errores, estamos ante uno de los personajes más interesantes de estudiar en la historia nacional.


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