El Día

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La lucha política entre reformistas y conservadores

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La tradición del Partido Colorado es de libertad y de justicia. Sustentó estos principios en la defensa; en el combate junto a Venancio Flores, contra los enemigos de adentro y de afuera, atacando rudamente a las tiranías. La constante adaptación a las necesidades de cada momento de la vida nacional; la continua renovación de sus valores históricos e ideológicos, completan su tradición. Esta podría definirse así: adaptación incesante del concepto tradicional – libertad y justicia- a las necesidades de cada época.

El batllismo, que es el verdadero Partido Colorado, posee esa tradición. Nació luchando por la libertad, su gran obra realizada y sus propósitos bien definidos en el presente, se apoyan en aquellas tendencias tradicionales para establecer el nuevo régimen en el que, total y definitivamente triunfen la libertad y la justicia. Es el batllismo quien mantiene firmemente la tradición colorada porque, obedeciendo a la ley histórica del Partido, realiza una revisión completa de los valores para establecer la libertad de los oprimidos y la justicia para todos, acomodando su acción política a los reclamos de la hora presente.

La tradición de libertad y justicia vincula, pues, a todos los batllistas, ya que la acción del Partido -como lo dice su programa- se apoya en esas tendencias históricas, en general. No puede originar divisiones, por lo tanto, aquellos que debe ser razón de estrecha solidaridad. Cada afiliado está en el perfecto derecho de criticar uno o más hechos históricos del Partido, sí a su juicio ellos contrariaron la justicia o la libertad. Más aún; siempre que un afiliado se apoye en los principios tradicionales de libertad y justicia puede atacar casi totalmente el pasado del Partido. Demostrará ser así más tradicionalista que los que aceptaron en toda su integridad aquel pasado, sin haberlo sometido a examen.

Batlle que es el que más ha hecho en la República por la libertad y la justicia es por eso el más tradicionalista de los colorados. Y las generaciones venideras que inspirándose en Batlle y siguiendo su ejemplo den término a la obra por él comenzada, serán la síntesis misma de la tradición del Partido Colorado, implantando un régimen social en el que reinarán sin trabas la libertad y la justicia: “Sostener que un pueblo debe luchar por establecer la justicia y la libertad entre los elementos componentes y sostener que no debe luchar y prepararse para luchar en defensa de esa misma justicia y de esa misma libertad, es sencillamente absurdo”, El Día, 5 de mayo de 1917. El batllismo aspira a implantar en la República el sufragio universal absoluto, considerando que el reformismo, y sólo el reformismo puede ser la palanca capaz de remover el actual sistema de organización social, fundado en el privilegio.

Enemigo de los métodos violentos, adversario irreductible de todo procedimiento revolucionario, el batllismo considera que no solo “es más eficaz el voto que el tiro o la pedrada en la calle” sino que ve en el sufragio la manera única de alcanzar la implantación del nuevo régimen de justicia y de libertad por el que lucha.
La ignorancia y la pasión forma todavía una fuerte alianza reaccionaria. Y aplazan, necesariamente la solución final que el batllismo persigue. Mientras tanto, hay que “ir realizando ideas cada vez más avanzadas en la medida de lo posible”. El batllismo debe hacer llegar a todos su programa de realizaciones inmediatas. Las masas populares perciben con más claridad y persiguen con más intensidad las reformas de posible realización a corto término. Y en nuestro ambiente los hombres de pueblo muestran en general poca aptitud para apreciar reformas a largo término.

La acción del batllismo es progresiva. La vía legislativa es la que utiliza para realizar conquistas tras conquistas. Gracias a la política de partido que Batlle impuso, el batllismo asegura una acción efectiva y eficaz para dar verdadera fuerza a esta práctica y acción al programa. Progresivamente los legisladores, simples ejecutores de la voluntad del pueblo, irán realizando conquista tras conquista. Para realizar sus fines el batllismo integra a burgueses y a proletarios, con justicia y libertad para todos los hombres procedan de donde procedan. Por eso no hace un llamado excluyente a la clase obrera, aunque sus mayorías electorales están constituidas principalmente por proletarios que son las víctimas de los privilegios del presente, su arenga es “hombres que amaís la libertad y la justicia, uníos”.

En mayo de 1917, mientras se asimilaban las consecuencias de la derrota electoral del Colegiado, El Día comienza a publicar una polémica que va a extenderse durante tres meses, entre José Batlle y Ordóñez y el Secretario General del Partido Socialista del Uruguay, Celestino Mibelli. Es importante esta polémica porque Batlle define sus diferencias con el socialismo marxista. Por otro lado, los argumentos de Mibelli ocurren a poco de ocurrida la Revolución Rusa que tendrá como consecuencia la división del Socialismo en nuestro país. En 1913 Batlle había vinculado la campaña en favor de sus apuntes colegialistas con el voto pro-colegiado de los obreros, y su argumento era que los que eran socialistas en otros países debían ser colorados en Uruguay. Era, según Batlle, el único partido que podía realizar las mejoras de la calidad de vida del trabajador y que la postura socialista era utópica y soñadora.

Ante la pregunta de Pedro Manini Ríos: “¿Somos colorados o somos socialistas?”, Domingo Arena en una entrevista realizada por el Diario Socialista “La Vanguardia”, sostuvo que “somos socialistas sin programa”. Luego en El Día sostuvo que no había entre colorados y socialistas una oposición frontal de principios debido a que el Partido Colorado realizaba lo que los socialistas programaban. Celestino Mibelli conocía desde dentro al batllismo incipiente, había trabajado durante ocho años en El Día. La política de Batlle sobre el producto periodístico era cobrar multas en caso de errores en la compaginación o en las faltas de redacción. Celestino realizó mal un trabajo y se le multó con un peso de su salario, al argumentar que eso era un robo fue despedido, él sostendría desde otras tribunas que en realidad fue despedido por su forma de pensar.

El 30 de julio de 1916, Mibelli y Frugoni fueron electos como constituyentes socialistas. En 1919 es electo diputado socialista por Montevideo. Al dividirse el socialismo, Mibelli es uno de los fundadores del Partido Comunista del Uruguay, siendo dos veces diputado por ese partido. En 1927 fue expulsado del Partido Comunista, dirigido de forma ortodoxa por Eugenio Gómez. La polémica con Batlle en 1917 fue muy importante para él, le permitió hacer publicidad socialista en el medio más fuerte de ese entonces y contra los conceptos del dos veces presidente José Batlle y Ordóñez que era, además, uno de los mejores polemistas de ese entonces.

Mibelli sostenía en 1917, que los capitalistas hacía guerras para ganar mercados y obligaban a los trabajadores, que eran el 90% de la población a morir en ese objetivo y argumentaba: “Sean uruguayos o turcos, ingleses o chinos (…) la organización capitalista ha separado a los habitantes de cada nación en dos clases, que no tienen ni intereses, ni pasiones, ni sentimientos solidarios y armónicos. Por el contrario se consideran enemigos. Y lo son en realidad (…) unos viven merced al salario y los otros del suelo, las máquinas, los medios de transporte…” En definitiva la raíz del mal estaba en la propiedad y propone Mibelli la fusión de estos grupos diferenciados en una nueva organización social sin patrones ni asalariados.

Batlle sostiene por el contrario que “Lo que entendemos nosotros es que la sociedad, gran familia, debe asegurar a cada uno de sus miembros los medios necesarios de subsistencia, al fuerte, al entendido y al diligente como al débil, el ignorante y el perezoso, de tal modo que en todo momento pueda cada hombre tener la fuerza, la salud y el tiempo necesario para darse una dirección en la vida sin que se vea forzado a someterse por la miseria y completar esta base de acción de cada individuo con todas las instituciones tendientes a difundir los conocimientos (…) Y habiendo en todas las clases ciudadanos numerosos que aceptarían las ideas de justicia (…) no es la lucha de intereses, que rebajará moralmente a todos la que debe entablarse, sino la de las ideas que convence y enaltece.” Finalmente Batlle sostiene que en el Uruguay no se realiza lucha de clases y que la divergencia de opinión con el Sr. Mibelli “es que el piensa que la lucha política debe entablarse entre aquellas dos primeras clases: la acomodada y la proletaria; y nosotros creemos que debe establecerse entra las dos últimas: la reformistas y la conservadora”.

En resumen se discute sobre un país de clases medias en el cual los ricos fueran menos ricos para que los pobres fueran menos pobres y los mecanismos para lograrlo: Reforma o Revolución. “Hemos dicho siempre que no consideramos que los bienes que el hombre puede disponer están repartidos con justicia. De esto se deduce que hay dos clases de hombres: los que tiene más de lo que les corresponde y los que tiene menos. Hemos reconocido, pues, este conflicto. Lo que hemos negado es que la desigualdad sea deliberada y obra de la voluntad inmoral de los que poseen más. La hemos atribuido a la dificultad de hacer una justa distribución. Hemos negado asimismo que la manera de hacer bien esa distribución sea la enemistad de las clases y de sus luchas. Esto no destruiría la injusticia. La agrandaría. La clase vencedora se quedaría con cuanto pertenecía a la vencida. El remedio esta en la demostración de lo que debe hacerse y luchar para que se realice sin rechazar concurso alguno bien intencionado. Lo que hemos afirmado y demostrado es que las sociedades no se dividen en dos clases enemigas, perfectamente definidas y separadas, entre las cuales no pueda haber más relación de sentimiento que el odio, ya que la una solo se preocupa de explotar a la otra. Hicimos notar además que , entre el extremo de la clase capitalista y el de la clase obrera, hay una escala casi infinita de posiciones ocupadas por personas que no se consideran explotadoras ni explotadas. Lo que se quería demostrar es que entre la clase capitalista y la obrera hay una escala de situaciones ocupadas por personas de las que no se podría decir que pertenecen a una u otra clase“, publicado en El Día, el 3 de junio de 1917.


González Conzi, Efraín, Guidici, Roberto. “Batlle y el batllismo” 2da. edición. Editorial Medina, Montevideo, 1959. Páginas 375-391.


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