El Día

Con la experiencia del ayer, enfocados en el mañana

Domingo Arena

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Resulta muy difícil en el Uruguay hacer la historia del siglo XX sin hablar de Batlle y el batllismo. Resulta muy difícil además, hablar de la evolución ideológica y política de nuestro país sin mencionar los últimos treinta años del siglo XIX. Finalmente es muy difícil ocuparnos de la efervescencia revolucionaria en ideas, pensamiento y acción del primer batllismo sin, entre otros, ubicar a Domingo Arena como primera figura del entorno de José Batlle y Ordóñez. Es difícil encontrar una lealtad tan duradera y fuerte como la ocurrida entre estos dos personajes de nuestra historia. En cada proyecto, en cada debate, en cada fracaso, en cada vuelta a empezar, en el último día de la vida de Don Pepe, Domingo Arena estuvo junto a él.

Una persona que no fue deslumbrada por el triunfo personal, que jamás olvidó su origen y que finalmente trató por todos los medios de buscar consensos con la simpatía necesaria para lograr el debate: ¿Quién no quería a Domingo Arena?

La herencia política del primer batllismo no solo fueron sus grandes realizaciones en muchos campos de acción que dieron forma al Uruguay moderno, también fue la formación política de toda una generación de hombres que creyeron en el proyecto y lo llevaron adelante, hasta que el pragmatismo mató a las utopías y por consecuencia inmediata los sueños que son imprescindibles para lograr realidades entraron en una lógica que la sociedad no supo entender. El mejor intérprete del proyecto batllista fue Arena. No sólo ayudando a humanizar lo radical del proceso reformista, sino que también difundiendo en cada evento posible, desde la tribuna, casas de familia o de las páginas periodísticas a su alcance.

Época fermental

La facilidad de Arena para sensibilizarse de los problemas y reclamos populares y su defensa permanente y persistente en defensa de los que menos tenías, la debemos ubicar en sus orígenes. Proviene de una de las zonas más castigadas en Italia de fines del Siglo XIX, el sur. Curiosamente ese sur sigue siendo castigado por la pedantería de los Italianos más allá de Roma hacia el norte. Arena, con su facilidad para hacer respuestas ingeniosas a planteos muy hirientes, sostenía: “en el sur somos italianos, en el norte se creen europeos, en definitiva somos compatriotas.”

Arena nace el 7 de abril de 1870 en Calabria y fallece el 3 de mayo de 1939 en Montevideo. En esa época Italia luchaba por conciliar su unificación, insertarse en sistema capitalista imperante en la segunda fase de la Revolución industrial, y desde el punto de vista ideológico el socialismo, el liberalismo, el nacionalismo, el catolicismo y los anarquistas tenían una gran lucha que a menudo pasaba del pensamiento a la acción, generalmente muy violenta. Si además sumamos a esto las propias características de la región sureña de Italia, tierra pobre, aspereza para roturar, y dificultades para el desarrollo económico, llevan a esta zona a convertirse en expulsores de sus habitantes buscando la sonrisa de la fortuna en otros sitios. En 1876, Arena y su familia arriban a Montevideo, donde los inicios fueron duros, se trasladan al interior, allí cumple infinidad de tareas, tropero, asistente de farmacia. Su propia inquietud lo lleva a vincularse y generar una amistad en base a lealtad y comprensión con el cura del pueblo, con los maestros de primeras letras y consigue, estudiando el papel que lo habilita a seguir estudios superiores en Montevideo. Cursa estudios universitarios y se gradúa primero como farmacéutico y luego como abogado.

Un romántico soñador Arena quiere ser escritor, logra muy buenas piezas sobre temática del campo y también sobre la dictadura del Coronel Lorenzo Latorre. Últimamente se ha reeditado este material con prólogo del Dr. Julio María Sanguinetti. El debate educativo actual sobre lo científico por encima de lo social, Arena lo había resuelto en forma empírica. A su capacidad de narrador, a su romanticismo natural, a su anarquismo pacífico y romántico, le agrega su conocimiento científico, comenzado en Tacuarembó observado como realizaban las recetas en la farmacia y a sus estudios de química en Montevideo. Racionalidad, idealismo, utopía y sensibilidad social se conjugan el joven Arena.

Es imposible el análisis de Arena, sin mencionar a don Pepe, también es muy difícil hacer juicios no muy temerarios sin analizar la historia política del periodo para poder vincular sus sentimientos, sus vivencias con la encarnación de un proyecto que será seguido por corrientes de pensamiento generando un fervor social que se llamará posteriormente batllismo.

En la facultad de derecho tenía compañeros de curso que también trascenderían en la Historia posterior de nuestro país, por diversos caminos pero con una riqueza conceptual muy grande: Pedro Manini Ríos, Carlos Vaz Ferreira, Luis Alberto de Herrera, entre otros. Como veremos, Arena se enfrentó conceptualmente en un debate de ideas y posiciones filosófico-políticas con todos ellos, sin embargo con ninguno dejó de tener un trato y un respeto intelectual y humano de por vida. La concordia, la conciliación, el respeto y la tolerancia podrían definir la praxis de Arena de su visión teórica de anarquista romántico.

La concepción de Arena sobre la sociedad, entre otros, podemos encontrarla en el pensamiento del italiano Errico Malatesta, que al enlazar el pensamiento europeo entre los siglos XIX y XX sostenía: “(…)nuestra creencia es que la única vía de emancipación y de progreso consiste en que todos tengan la libertad y los medios para defender sus ideas, es decir, la anarquía. De este modo las minorías más avanzadas persuadirán y arrastrarán por la fuerza de la razón y del ejemplo”. Según Hierro Gambardella Arena “tenía la religión del hombre, del ser humano, la vida humana como cosa sagrada y definitiva, destino fundamental de las cosas del universo”. Imaginamos entonces diálogos y debates muy profundos con Don Pepe, en El Día, en caminatas, en reuniones, el resultado fueron grandes leyes con gran impacto social: derecho de huelga, la ley de 8 horas, la defensa de los hijos naturales, la voluntad de la mujer para divorciarse y estudiar y luego votar, el colegiado, en definitiva la construcción de ese pequeño país modelo que soñaba Batlle y que disfrutamos hoy.

Anarquismo, Arena y la defensa de los desposeídos.

Es inevitable que surjan sentimientos encontrados en el espíritu humano en relación a la autoridad, lógicamente el deseo de ejercerla para disfrutar de los privilegios que se derivan o la resistencia más o menos consciente cuando la ejercen los demás. En las sociedades superiores el gobierno se debe ejercer con el objetivo del interés común, es allí cuando los individuos renunciamos con agrado a nuestra prerrogativas, a cambio de beneficios recibidos como efecto de las limitaciones impuestas a los demás.
Arena va a reclamar la integración de los trabajadores a la nación, procurando que tengan las armas legales, ideológicas y culturales para enfrentarse con los sectores conservadores terratenientes y comerciantes de la sociedad montevideana de comienzos del siglo XX. No como un planteo de lucha de clases, sino de reformismo ideológico y legal con el objetivo de lograr la igualdad social.
Sostenía Arena: “Mis hermanos de ayer, mis protegidos de hoy”, cuánta enseñanza en una sola frase para tantos jóvenes políticos actuales.

El accionar batllista, respecto del movimiento obrero es la clave del apoyo que los sectores populares y obrero prestan a Batlle. Los artículos del diario El Día, los discursos parlamentarios de Domingo Arena, están condensados en una serie de publicaciones como “Batlle y los problemas sociales en el Uruguay” sobre el mismo dice Domingo Arena: “Los artículos son un caso típico de la colaboración de dos: inspirados por Batlle, escritos por mi, corregidos por él”. De los discursos puede decirse substancialmente lo mismo. En 1913 Batlle había vinculado la campaña en favor de sus apuntes colegialistas con el voto pro-colegiado de los obreros, y su argumento era que los que eran socialistas en otros países debían ser colorados en Uruguay. Era, según Batlle, el único partido que podía realizar las mejoras de la calidad de vida del trabajador y que la postura socialista era utópica y soñadora. Ante la pregunta de Pedro Manini Ríos de “¿Somos colorados o somos socialistas?”, Domingo Arena en una entrevista realizada por el Diario Socialista “La Vanguardia”, sostuvo que “somos socialistas sin programa”. Luego en El Día sostuvo que no había entre colorados y socialistas una oposición frontal de principios debido a que el Partido Colorado realizaba lo que los socialistas programaban.

Domingo Arena estará inserto dentro de las concepciones del anarquismo pacifista. Tanto para Tolstoi como para Gandhi, la violencia genera violencia. Del callejón sin salida de la violencia solo se puede escapar con el triunfo de la conciencia, con la liberación de la propensión natural de la gente a la cooperación y el amor mutuo. En “La Ciencia Moderna y la Anarquía” el príncipe Kropotkin define al universo como “materia en
perpetua y libre evolución”. Arena le exigía al Partido Colorado una constante captación de los nuevos fenómenos ideológicos, reclama la comprensión de sus correligionarios más conservadores afirmando que el futuro del partido está en el contacto y la vivencia de las ideas avanzadas, el que mejor las comprendiera tendría una ventaja de años sobre sus oponentes. Significaba, entonces, un partido en constante evolución.

No renegaba Arena de las tradiciones partidarias, la justicia, la solidaridad y la concepción liberal que marcan al Partido colorado, pero entendía que todo lo concreto y aplicable de las corrientes ideológicas reformistas
debía ser tomado: “El Partido Colorado tiene una magnífica tradición, pero eso no basta. El Partido que se fía demasiado en su tradición puede correr la suerte de esos nobles que fían demasiado en sus pergaminos. El escenario de la democracia se ensancha día a día. Día a día entran en juego fuerzas nuevas, aspiraciones nuevas. Satisfechas las ansias de libertad e igualdad empiezan a dar su nota dominante las ansias de mejoramiento (…) De ahí nuevos horizontes que es necesario escudriñar si no queremos extraviarnos; de ahí nuevas etapas que es necesario correr y correr de prisa si no quedarnos rezagados. ¡ La política como la ciencia, debe de estar en perpetuo movimiento si quiere responder a las necesidades de todos los momentos, y el Partido Colorado que no debe dejarse vencer(…) tiene que estar constantemente alerta, en perpetua vibración(…) Su programa tiene que ser vivo(…) Y si quieren no crean que a su costa el partido liberal y el partido socialista, debe ser tan liberal como el partido liberal y asimilarse todo lo humano, todo lo práctico, todo lo realizable, todo lo que no sea una utopía del partido socialista.”

Esa conjunción de los principios tradicionales, éticos e ideológicos del Partido Colorado más las nuevas corrientes aplicadas a nuestra sociedad, producen un desbloqueo político trascendente dando origen al Uruguay batllista. El Uruguay emergente de estas ideas va ser reformista social con eje en el estado. Esa concepción podría definirse como liberal-social y modernamente en nuestro país como batllismo. Centenares de militantes, incluso de primera línea del sindicalismo, el socialismo y especialmente el anarquismo se incorporaron a los partidarios de Batlle. El mérito fue apreciar tempranamente las nuevas fuerzas sociales e ideológicas que se estaban desarrollando en el país, no oponerse a ellas e incluso colaborar en su desarrollo en forma consistente.

El rol anticipador del reformismo batllista se percibe claramente en las circunstancias sociales de comienzos de Siglo. Un reclamo socialista en 1903 va a originar una respuesta concreta del batllismo. Mientras, este
importante sector político incipiente en nuestro país aspiraba a reformas profundas, el primer batllismo lo materializa: “..queremos la sanción legal de la jornada de ocho horas; la responsabilidad de los patrones en los accidentes de trabajo; el reconocimiento de los derechos ciudadanos a los extranjeros que tengan dos años de residencia (…) el analfabetismo aplasta a la nacionalidad. Más de cien mil niños carecen de escuelas.”

Todos estos conceptos son peticiones del socialismo en 1905. El mismo Arena, en un discurso en la ciudad de Florida, aclaró este concepto y el rol concreto del Partido de Batlle de concretar en la acción las
aspiraciones sociales: “En Florida, donde tuve la desgracia de anarquizar un club con un discurso, cuando estaba en lo mejor de mi perorata, un simpático joven me atormentaba con sus gritos de ¡Viva el Partido Socialista! ¡Viva la realización del ideal económico sin bandera política! Y yo, cuando sentí al fin que era necesario aclarar, me acerqué al joven socialista y le dije suavemente: -Mi estimado señor, si yo no estuviese en un partido político capaz de realizar las cosas que ustedes apenas programan, probablemente sería también socialista, tal vez hasta fuera anarquista”.

Finalmente tomaremos su reflexión de los logros que se realizaron durante los gobiernos de Don Pepe:
“Este país que hasta ayer era para el extranjero un simple país ganadero o cuando más un país de blancos y colorados, hoy es un país de ideas. Nuestra fronteras morales se han ensanchado, pues, enormemente. Lo que antes apenas se dibujaba en el mapa del mundo, empieza a tomar relieve. Ya no solo se habla de nosotros sino que se empieza a tomarse como ejemplo(…)”.

El 16 de junio de 1936 a tres años de su muerte, don Domingo concedió un reportaje como colaboración a los festejos del cincuentenario de “El Día”. Luego de la muerte de Batlle y de muchos acontecimientos nacionales y mundiales, la gran crisis económica mundial, los fascismos, y la crisis política en nuestro país, Don Domingo se encuentra en su quinta, con sus frutales, su perro León y sus recuerdos. Ahora los traemos de la mano de este reportaje que nos dará la última imagen del colaborador y amigo de Don Pepe. Cuenta sus inicios en Montevideo y el acercamiento al periodismo, a El Día y a Don Pepe.

“…Cansado de fundirle negocios a mi pobre padre, pensé un día venirme a Montevideo, decidido a estudiar(1889). Coincidiendo con esta firme determinación mía, el gobierno dictó una ley, según la cual todo estudiante que hubiese cursado hasta séptimo año de instrucción primaria podía ingresar en la Universidad. Yo, aún cuando había ido poco a la escuela, pues lo que más sabía me lo había enseñado el cura del pueblo, decidí, sin embargo acogerme a la salvadora ley, y para conseguirlo le eché el ojo a un viejo y buen maestro que había en Tacuarembó. De inmediato me di a cultivarlo, abrumándolo con atenciones y regalos, pues proveyéndome de botines en la zapatería de mi padre, calcé gratis al maestro, a su mujer e hijos, con tal prodigalidad que, a los pocos meses, partía yo para Montevideo dueño del certificado salvador!…

Fue entonces que conocí a Carlos Travieso, por cuyo intermedio me hice amigo de Santa Ana. Con frecuencia iba, pues, a la imprenta a visitarlos, que entonces estaba instalada en la Plaza Independencia más o menos a la altura de donde es hoy lo de Zito. Mis recuerdos de esa época son algo vagos. Los evoco como a través de una niebla. El Día ocupaba un local largo y oscuro. Entrando, a la derecha, estaba la redacción con tres o cuatro mesas en las que se escribía…A la izquierda trabajaban los tipógrafos y allá, al fondo, se veía a don Fermín Silveyra, el administrador.

Travieso me animaba con calor para que me iniciase escribiendo, pero yo me resistía enérgicamente, pues estaba seguro de no tener condiciones para ello(…) Sin embargo tanto insistió Travieso que un día hice una croniquilla de teatro que no me salió del todo mal y luego escribí sobre un crimen que vi cometer en la esquina de la casa en que entonces yo vivía. Recuerdo que era una cónica larga, abundante en detalles y que les gustó mucho a Travieso y a Santa Ana. Pero allí quedaron en absoluto suspendidas mis funciones periodísticas. Continué con mis visitas bastante asiduas, pero para marcharme luego, dedicado de firme al estudio…”.

Esta primera etapa de Arena, de forma casi imperceptible se va vinculando al diario, a Batlle y a su equipo. Su oportunidad surge circunstancialmente cuando a raíz de una huelga se divide la empresa y Batlle se queda solo con Travieso y con Santa Ana:
“…Yo continuaba mis visitas esporádicas, pero ya nadie me hablaba de entrar al diario, hasta que un día los redactores le hicieron una huelga a Batlle, yéndose con Arturo Brizuela, que era propietario de La Tarde. Don Pepe se quedó solo, sin más que Travieso y Santa Ana en la redacción, pero consiguieron de inmediato el concurso de Fernández y Medina, secretario entonces de El Bien.
Travieso acordándose de mis croniquillas, me mandó buscar enseguida ,accediendo yo entonces a ayudarlos. Me inicié arreglando algunos sueltos; a veces me mandaban en busca de noticias. La imprenta en la mudanza, había tomado una fisonomía distinta. En la redacción, las cuatro o cinco mesitas habían sido sustituidas por una grandota, muy larga donde escribíamos todos. Después había un escritorio chico y por último el de don Pepe, de muebles inverosímiles, pues eran unos presuntuosos sillones de extraños tapices, destartalados, en los que se iban amontonando el polvo de los años.(…)El personal se pagaba mal y cuando se podía. Los más modestos de los empleados tenían fuertes créditos en la casa.(…) Hacíamos intensa vida bohemia. El primer problema de la redacción era el desayuno, pues no teníamos seguro más que el mate amargo. Cuando podíamos se mandaba por café a lo Marini, que estaba en la esquina. El café lo proporcionaba Marella. Pepe Ríos Silva, un gran cronista policial, agregó el medio pan francés untado con manteca y espolvoreado con azúcar, que nos salía a un vintén por cabeza.
Los cigarros los costeaba, algo inconscientemente, don Pepe, que era gran fumador entonces… Llegaba Batlle ,ponía un atado arriba de la mesa y se distraía con cualquier motivo que aprovechábamos para fumárselos… el un poco extrañado de haber fumado tanto, mandaba a buscar otra cajilla. Tomábamos también, caña con tangerina, que resultaba riquísima pero apenas nos daban como para llenar un dedal con un vintén. En los raros días de abundancia o cuando aparecía algún voluntario generoso, nos embuchábamos en el almacén de la esquina con un chorizo con huevo(…) don Pepe, fue para mí, durante mucho tiempo, algo así como un personaje misterioso. No misterioso, simbólico. Me producía una impresión extraña, que no acertaba a definir bien y eso me inspiraba gran respeto. (…)Ya más en contacto con él, la levita había desaparecido; era entonces el hombre de trabajo que usaba un jacket amplio, desabotonado y que en los días de frío se envolvía en un gran sobretodo que le llegaba hasta los pies(…) Batlle era un artista del suelto corto. Por regla general cuando iniciaba sus famosas polémicas, lo hacía en forma enérgica, pero sin recurrir a la violencia. Trabada la discusión sentía la necesidad de superar al adversario(…) Batlle tenía dos aspectos, como escritor bien definidos: cuando escribía en frío cuestiones doctrinarias, resultaba extraordinariamente lento. Ponía grandes intervalos entre palabra y palabra(…) pero cuando lo aguijoneaba la pasión o lo apremiaba el tiempo se transformaba.

Uno de los que llegó a engrosar el personal de redactores fue Héctor Volo. Cuando apareció en El Día venía de Italia, su país natal, donde se decía que llevó una agitada vida de conspirador…Como buen carbonario resultaba Volo un hombre desconfiado. Tenía siempre un aire de misterio, sobretodo gracias a sus inseparables gafas negras., por regla general hablaba despacio y en cuanto llegaba Batlle se iba a cuchichear con él(…)Llegó Roberto de las Carreras, alto, elegante, muy fino, vestido a lo poeta, con traje claro, corbata grande de moño y gacho de anchas alas. Después llegó Figari, el glorioso pintor, de un tesón extraordinario; se convirtió en gran compañero nuestro. En forma comunicativa nos embarcó a todos en la defensa del caso Almeida (1)(…)
Tuvimos también en El Día a Samuel Blixen, que desde el punto de vista de la crónica literaria, fue uno de los tres portentos que pasaron por el diario: Bernárdez, Lasso de la Vega y Blixen. Era Samuel de una fecundidad despampanante. Llegaba siempre tarde y apurado. Se sentaba lo más lejos posible de nosotros y comenzaba a escribir con su letra menuda, sin levantar la pluma jamás, sin una enmendadura, y, cuando quería acordar, estaba la crónica de una columna siempre conceptuosa y brillante. Lasso era el periodista que abarcaba las formas periodísticas más diversas. Era el más fecundo. Servía lo mismo para contestar un suelto político que para una cuestión personal, y cuando nos faltaba tema hacía en un periquete, uno de sus famosos salpicones.(…)Fueron mis primeras crónicas las que me aproximaron a don Pepe. Una sobre romerías españolas que se realizaban en el campo Eúskaro que a él le gustó mucho)”.

En forma contemporánea a la entrevista mencionada anteriormente, Domingo Arena publica un artículo el 16 de junio de 1936 sobre su relación con Batlle como director del diario y todo el entusiasmo del equipo para lograr que fuese una gran empresa:

“Sería abocarse a la realidad de una manera imperfecta, si se considerase a Batlle como un director de diario corriente. El fue mucho más que eso desde el principio hasta el fin. Fue el creador, el sostenedor, el propulsor de su diario en todos sus aspectos haciendo imperar su voluntad en la administración, en los talleres, hasta en la venta.(…)Al lector, decía, hay que darle noticias y no papel impreso con ffiches.(…)Le daba gran importancia a la corrección. Creía que los errores y sobre todos las trasposiciones desacreditaban y luchaba encarnizadamente por remediar el mal. Viendo que las advertencias reiteradas no surtían efecto, recurrió al sistema de las multas. El que se equivocaba, fuese corrector o cajista, la pagaba de acuerdo a una tarifa de centésimos cuidadosamente escalonada en beneficio del fiscal. La medida levantó resistencias porque a veces resultaba pesada, pero la mantuvo inflexible durante mucho, alegando que no había nada mejor que tocar el bolsillo para avivar la atención(…)Su afanosa persecución de los errores me contó a mí mismo veinte pesos. Me llamó por teléfono para decirme:

– En su artículo de ayer, que sin duda usted mismo ha corregido apareció tres veces respecto por respeto.
– No puede ser!, le contesté indignado.
– Tan puede ser que si quiere, le apuesto veinte pesos.
– ¡Aceptado! – le contesté, pasando de la indignación al alborozo, pareciéndome imposible que por tres veces se hubiese repetido el disparate. Desgraciadamente se repitió y Barrandeguy tuvo que entregarle el importe de la apuesta cargándola a mi cuenta…”.

Como sostiene Francisco R. Pintos, Domingo Arena no cayó como Baltasar Brum o Grauert, envuelto en sangre buscando la libertad, pero consumió su vida en largos años de trabajo y lucha buscando los ideales de igualdad y democracia que nos identifican.

Don Domingo Arena, solo es recordado por una Escuela Técnica del CETP donde fuera su casa-quinta, un camino que lleva su nombre, hoy dominado por malvivientes, por una cárcel que alberga tristes recuerdos de la historia del pasado reciente y por la enseñanza que ha dejado a las nuevas generaciones de un Partido Colorado actualmente deprimido. El sistema político uruguayo se sostuvo en el contacto directo entre los líderes y su pueblo. En el Siglo XXI se mantienen esas características que dieron al Uruguay las más altas calificaciones de civismo y democracia.

(1) Es un largo proceso que tiene al Dr. Figari como abogado defensor del Alférez Almeida Acusado de matar a Tomás Butler tesorero de un Club del Partido Nacional. El proceso se inicia el 14 de octubre de 1895, el 12 de junio de 1899 se publica en El Día una crónica con retrato del Dr. Pedro Figari y Enrique Almeida. El proceso toma forma de folletín y recién va a culminar con el reconocimiento de la inocencia de Almeida, probada por Figari en 1899, en 1925.

Bibliografía
Ver:
Arena, Domingo. Batlle y los problemas sociales en el Uruguay. Biblioteca Rodó. Número 41-42. Montevideo. 1939.
Buscio, Jorge. José Batlle y Ordóñez. Uruguay a la vanguardia del Mundo. Fin de Siglo. Montevideo. 2009.
Lagrotta, Miguel. Domingo Arena, realidades y utopías. Arca. Montevideo. 2010.
Louis, Julio, Batlle y Ordóñez: apogeo de la democracia burguesa… Arca. 2011
Suplemento. El Día. Junio de 1986. 100 años.


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1 comentario

  • Ceviro
    Ceviro

    Interesante y esclarecedor artículo sobre la matriz ideológica del Batllismo. Cuando se dice que el Partido Colorado tiene que ser tan liberal como el partido liberal, así como llevar a la práctica todas aquellas ideas realizables, no utópicas, propuestas por los socialistas y que estos son incapaces de concretar, se define de alguna forma el derrotero del cual el Partido Colorado se apartó y que lo fue llevando a lo que Arena tan sabiamente intuyó, que tanto los liberales como los socialistas crecieran a sus expensas. Al apartarse de lo que históricamente lo hizo grande, el Partido Colorado no sólo dio vida a otros, sino que comenzó un período de declive que no se detendrá hasta que aparezcan dirigentes capaces de atraer con políticas creíbles la confianza de las clases populares que hoy lo ven mayormente como protector de las privilegiadas.

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