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Chernobyl: A 35 años de la sentencia de muerte de la Unión.

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Coincidiendo con la fecha de salida de esta edición de El Día, se conmemora el trigésimo quinto aniversario del peor desastre nuclear de la historia, y quizás uno de los mayores, sino el mayor ejemplo de las profundas fallas estructurales del socialismo. Este accidente dejó un sinnúmero de afectados: las cifras de fallecidos a consecuencia del accidente van desde 31[1], entre 30.000 y 60.000[2],o incluso alcanzando los 270.000[3]. Eso sin contar a quienes ven reducida su calidad de vida por diversos factores, todos ellos relacionados con el accidente (estrés y trastornos psicológicos derivados del accidente en sí o de la marginalización posterior sufrida por los desplazados, enfermedades no mortales derivadas de la radioactividad, reducción en la calidad de la alimentación, haber sido uno de los cerca de 800.000 liquidadores, entre otros). ¿Por qué se lo atribuyo a un fallo del socialismo, a pesar de que existen ejemplos de accidentes nucleares en países capitalistas? Luego entraremos en eso.

La fecha es 25 de abril de 1986. En Pripyat, República Socialista Soviética de Ucrania, a unos 110 kilómetros de Kiev, y alrededor de unos 15 kilómetros de la frontera con la vecina R.S.S. de Bielorrusia, la central nuclear Vladímir Ilich Ulianov “Lenin”, la más poderosa del mundo, preparaba su reactor 4, modelo RBMK-1000 de agua en ebullición (idéntico a los otros 3 de la central, de los que existían solo 13 en todo el mundo. Recordemos, un reactor de agua en ebullición utiliza agua como refrigerante, y el vapor que esta genera al refrigerar el combustible, para mover una turbina, la cual genera la electricidad. Todo esto moderado por barras de control de boro con puntas de grafito.), para una prueba de seguridad (que ya había sido postergada, e incluso intentado y fracasado, en varias ocasiones).

Al mediodía, ya se presenta el primer problema: el controlador de la producción energética no permitió una reducción de la potencia (paso necesario para la realización de la prueba, la cual consistía básicamente en saber si la turbina del reactor, en caso de un corte de suministro eléctrico, podía generar energía para autoabastecer su sistema de refrigeración a partir de su inercia durante el tiempo en que los generadores de emergencia tardaban en encender, alrededor de unos 60 segundos). A pesar de eso, el resto de preparativos ligados a la prueba se realizaron, entre ellos, la desactivación del sistema de emergencia, violando claramente los protocolos soviéticos (los cuales ya eran anticuados en comparación a los protocolos occidentales del momento, además). Tan solo a las 23:04[4] del 25 de abril, se le otorgó el permiso a la central para reducir su potencia: para ese momento, el turno diurno, el más experimentado y preparado para realizar el experimento, se había retirado, dejando lugar al turno nocturno, compuesto por jóvenes sin experiencia (contemplemos el caso del ingeniero jefe de control del reactor, Leonid Toptunov, de solo 25 años). Por errores y omisiones del personal, se llevó al reactor a una situación llamada “envenenamiento por xenón”, debido a una fuerte reducción de la potencia (a menos del 5%, en este caso[5]), lo que genera aparición de gas xenón en el interior del reactor. Los operarios, en clara omisión de las reglas, retiraron demasiadas barras de control (quedaron colocadas solamente 8, cuando obligatoriamente debe haber un mínimo de 30, del total de 211 barras), para reestablecer la potencia. A estas alturas, tras haber funcionado a media maquina durante horas, haber visto su potencia reducida al mínimo, haber generado un gas que dificulta su funcionamiento normal, haber desactivado los sistemas de alarma y emergencia, y por encima de todo eso, con tan solo 8 barras de control en su lugar, el reactor se asemejaba bastante a un polvorín.

Con el reactor en ese estado, el experimento inició, a la 01:23:05. Debido al diseño del reactor, un fenómeno conocido como “coeficiente de vacío positivo”, producido a baja potencia, provocó que el reactor entrara en retroalimentación positiva, generando “huecos de vapor” en su interior. Estos huecos evitan que el agua pueda cumplir su función como refrigerante y “esponja” de neutrones, lo cual a su vez aumentaba la potencia, lo que genera un aumento del vapor en el interior del reactor, y así sucesivamente. A pesar de que un sistema de control auxiliar (el cual solo dominaba 12 de las 211 barras de control) trató de evitar el aumento exponencial de la potencia, sus esfuerzos resultaron inútiles. A la 01:23:40, la computadora del reactor procesa la activación del apagado de emergencia o AZ-5 (previsiblemente debido al súbito aumento de la potencia), el cual reintrodujo las barras de control en el núcleo. Sin embargo, debido a una falla de diseño, las puntas de estas barras de control estaban hechas de grafito, el cual aceleraba la reacción en cadena (es decir, lo opuesto a lo que debería hacer). Por lo tanto, a medida que se introdujeron las barras de control, la mitad superior del núcleo aceleró brutalmente su velocidad de reacción. La última lectura que se pudo obtener fueron 33.000 megavatios, más de 10 veces la producción normal. Dos explosiones, la primera de carácter nuclear[6], la segunda producida por el vapor del núcleo, haciendo volar la tapa de 2000 toneladas que cubría el reactor, provocando un incendio (como añadido, el techo de la planta estaba cubierto con bitumen, en un destacable acto de inteligencia), exponiendo a la atmosfera al núcleo.[7]

Pocos minutos después de la explosión, los cuerpos de respuesta rápida (en este caso, los bomberos de la ciudad de Pripyat, a unos 3 kilómetros de la central) realizaron una labor heroica, evitando que el fuego se propagase por la central (especialmente al reactor 3, que compartía edificio con el reactor 4). Estos individuos no fueron prevenidos por parte de las autoridades con respecto de los potenciales peligros del accidente: es más, durante las primeras horas del mismo, la conclusión a la que se había llegado era a que la causa de la situación actual era la explosión de un pequeño tanque de agua (en gran parte por la propia negación del sistema: “es físicamente imposible que un reactor nuclear soviético explote”, era una frase común dentro de la comunidad científica soviética). La situación era tal, que dichos bomberos solicitaron apoyo a los destacamentos de Kiev.

A pesar de todo esto, la evacuación de los alrededores (Pripyat, a 3 kilómetros de la ciudad, la cual contaba con 50.000 habitantes, Chernobyl, a 15, con 14.000 habitantes, sumadas a un puñado de villas y aldeas en las áreas circundantes), no se realizó en tiempo y forma. Durante el día 26, la vida en la ciudad de Pripyat fue totalmente normal, a excepción de la llegada de contingentes militares, pertrechados con máscaras y demás equipo de protección. Los niños fueron a la escuela, las parejas iban al parque como en un día cualquiera. Esto sería la condena de numerosas familias, cuya exposición a la radiación dejaría regueros de muerte en años posteriores: los casos de cánceres y malformaciones se dispararán en los próximos años.[8] “Armen Abagian, el director de un instituto de investigación sobre energía nuclear que había sido destinado a Moscú, le dijo a Shcherbina que la ciudad tenía que ser evacuada: “Le dije que había niños corriendo por las calles, gente colgando ropa para secarla. Y la atmósfera era radioactiva”[9]

¿Cuál fue la causa de esta decisión? Si bien puede haber discusiones al respecto, en mi opinión la respuesta es la más factible, no sembrar el pánico. Las autoridades soviéticas temían que la situación generase una espiral de caos en la región, y como en todo régimen totalitario, donde todo está planificado, dichas autoridades le temían a lo que no puede ser predicho. Asimismo, no se le dedicó espacio al accidente en los medios soviéticos hasta que el mismo fue notado por otros países (debido a partículas radioactivas transportadas por el aire hasta la central nuclear de Forsmark, Suecia pudo notar la existencia de una avería en una central nuclear soviética), momento en el cual se hizo una breve referencia al respecto en Vremya, el noticiero estatal, en la noche del día 28.

Volvamos al tema. Finalmente, la evacuación logró concretarse 36 horas después del accidente. Los lugareños solamente pudieron llevarse lo indispensable, además de comida para tres días, ya que ese era el tiempo que iban a estar fuera de casa, según las autoridades. Nunca volverían la región. A día de hoy, los desplazados se cuentan en alrededor de 215.000 personas, 135.000 de la zona de exclusión en sí.

A medida que la evacuación se realizaba (no estuvo terminada hasta ya entrado mayo), efectivos militares, especialmente reservistas, arribaban a la zona de evacuación (la cual era de aproximadamente unos 30 kilómetros de radio). Dichos efectivos fueron encargados con la difícil tarea de limpiar la región: romper vidrios para evitar bolsas de aire contaminado en edificios, excavar la capa superior de tierra y guardarla en bolsas, talar bosques, enterrarlos y plantar arboles encima, matar a los animales domésticos y enterrarlos en cemento, entre otras muchas actividades. Estos individuos, encargados de limpiar el desastre, fueron denominados “liquidadores”. No solo provenían del ejército: en el desarrollo del proceso de contención y limpieza del desastre, se “llamó como voluntarios” (curioso el uso del término “voluntario” en la Unión, a pesar de que muchos otros fueron verdaderamente voluntarios) a mineros, médicos, ingenieros, científicos de toda índole, entre otros. Las estimaciones en los números de liquidadores varían ampliamente, desde unos 500.000 hasta aproximadamente unos 900.000[10]. De entre quienes estaban en la reserva del Ejército Rojo, muchos fueron obligados a elegir entre una estancia en Chernobyl, o dos años de servicio en Afganistán, sin hacerles saber sobre los peligros que acompañaban la estadía en Pripyat.

Finalmente, tras una serie de hechos importantes a los que no nos vamos a referir en demasía (por ejemplo, la potencial filtración de combustible nuclear al acuífero del que se alimenta el Dniéper, el rio más importante de Ucrania, o la construcción de un túnel subterráneo que albergaría un intercambiador de calor a base de nitrógeno líquido), a comienzos del último trimestre de 1986, la situación estaba lo suficientemente controlada para que se dispusiese la limpieza del techo de la central, el cual estaba plagado de escombros que, con apenas levantarlos un par de segundos, sellarían la muerte del pobre desdichado que lo hubiese hecho. En este periodo de la gestión del desastre, se destaca el uso de róvers lunares adaptados para la situación, los cuales arrojaban los escombros al abismo donde se hallaba el núcleo. A pesar de todo, las autoridades soviéticas se vieron forzadas a utilizar seres humanos en la limpieza del ultimo de los techos, el mas cercano al núcleo, debido a que la intensidad de la radioactividad freía los circuitos de los róvers. 3828 voluntarios, protegidos con trajes de plomo improvisados, hechos a partir de los revestimientos de ese metal en los demás reactores, una mascarilla y armados con palas, fueron los encargados de limpiar la última de las 3 zonas del techo de la central, conocida como “M” o “Masha”, en turnos de 90 segundos (tras los cuales, la esperanza de vida de los voluntarios se reducía a la mitad, si tenían suerte).

 La limpieza del techo dio paso a la apresurada construcción de un “sarcófago”, el cual cubriría el área expuesta del núcleo, así como el edificio del reactor. Este sarcófago tenía una esperanza de vida de unos 30 años, aproximadamente, y fue reemplazado por la que es la estructura móvil más grande construida en la historia humana (llamada “Nuevo Sarcófago Seguro, con un coste de 1500 millones de euros, diseñada para durar 100 años), gracias al cual se terminará de desmantelar el sarcófago anterior y extraer el material radioactivo para un mejor almacenamiento.

Con respecto de las consecuencias del accidente, tenemos tres vertientes fundamentales: la biológica, la económica y la social. En la primera, se llevan estudios permanentemente, tanto en la población humana como en la flora y fauna localizadas en la zona de exclusión, la cual, gracias a ser abandonada por los seres humanos, ha devenido en un santuario animal, donde se pueden encontrar desde manadas de equinos y lobos, hasta osos y pequeños mamíferos como zorros, y generando un ambiente de observación para biólogos, quienes estudian principalmente los efectos a largo plazo de la exposición a radiación. Los estudios de la población humana refieren principalmente a la incidencia de enfermedades tales como el cáncer, no tanto desde el punto de vista de las ciencias biológicas sino ya de la medicina.

En la segunda vertiente, la económica, el testimonio de Mijaíl Gorbachov es claro: “El accidente nuclear en Chernóbil, del que este mes se cumplen 20 años, fue tal vez -incluso más que la perestroika iniciada por mi gobierno- la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética. De hecho, la catástrofe de Chernóbil fue un punto de inflexión histórica que marcó una era anterior y una posterior al desastre.”[11] De hecho, el costo final del accidente se baraja en alrededor de 350.000 millones de euros[12], una cifra escalofriante, y que puede ser directamente relacionada con los posteriores problemas económicos soviéticos. Asimismo, el desplazamiento de los evacuados generó un problema de desempleo y marginalización importante, y a todo esto deberíamos sumarle la pérdida de tierras cultivables (de una gran fertilidad, por cierto. Por algo se la conoce a Ucrania como “el granero de Europa”) así como bienes de capital (maquinaria e insumos que fueron dejados atrás en la evacuación de la zona).

En el plano social, las consecuencias son diversas. Svetlana Aleksiévich recoge en su libro “Voces de Chernóbil” diversos testimonios de desplazados por la catástrofe, las numerosas humillaciones e incluso persecuciones sufridas por ellos, causadas por prejuicios. Tambien se puede hacer referencia a la situación de los liquidadores tras haber cumplido su servicio (los cuales, en teoría, tendrían sus gastos médicos cubiertos, además de una pensión, sin embargo, la realidad es otra, siendo la pensión el equivalente a una mera propina, y la cobertura médica, una ilusión), y la oleada de suicidios entre los mismos. En general, toda la población desplazada ha sufrido innumerables penurias, pero estas se hacen patentes especialmente en el caso de los liquidadores, así como en el de los niños (más aún si presentan malformaciones), generando grandes problemáticas especialmente en los ámbitos de salud mental y discriminación o segregación de los desplazados.

Al principio del artículo mencioné que, a nivel personal, considero que el accidente presenta claramente al sistema socialista como detonante y causante del accidente. Tras haber relevado el devenir de los sucesos, considero adecuado aclarar esa cuestión. En primer lugar, una de las causas principales del accidente (o al menos, de su gran magnitud) recae en los errores de diseño en la construcción de centrales nucleares, la mayoría hechos adrede para ahorrar costos y desviar fondos a las arcas personales de los burócratas: la ausencia de edificios de contención; que los edificios estén diseñados para que, en caso de destruirse, los escombros cayesen hacia fuera, en vez de caer hacia dentro, cubriendo el núcleo; la mera existencia de reactores de agua liviana; todas esos errores de diseño (con respecto de la industria nuclear occidental, es decir, no se compara la situación de la industria nuclear soviética con una utopía, sino con otra industria nuclear, con sus propias fallas, y aun así la primera queda muy por detrás de la segunda) provienen de una u otra forma de la corrupción burocrática característica de la Unión. Lo mismo sucede con la preparación de los responsables: el ingeniero jefe de la central más poderosa del mundo, Nikolai Fomin, había estudiado física nuclear en un curso por correspondencia, y llegó al cargo gracias a contactos dentro del partido. Lo mismo sucedió con diversos individuos del personal, y puede ser relacionado con la violación sistemática de los protocolos de seguridad frente a la realización del experimento que llevó al accidente. A su vez, se aprecia el rol del modelo socialista en el aumento radical de victimas gracias a su ineficiencia e inacción: el retraso en la evacuación de las ciudades cercanas, la propagación de desinformación y de la noción de que “todo está bien”, para evitar que el pánico se expandiese; la no cancelación del desfile del 1 de mayo en Kiev, que expuso a decenas de miles de personas, la mayoría niños, a dosis muy elevadas de radioactividad. El abandonar a su suerte a los liquidadores, tras haberlos utilizado como carne de cañón para enfrentar los errores producidos por la propia podredumbre del sistema. Si bien es cierto que la asignación de recursos en un sistema socialista puede ser sobrecogedora (por ejemplo, el número de autobuses que posibilitaron la evacuación de Pripyat, ordenados en una fila que se extendía por varios kilómetros), la historia ha demostrado que estos despliegues suelen realizarse de forma ineficiente, y normalmente, con sobrecostos, debido a la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, de acuerdo con los planteos de Mises[13].

Aún así, la piedra angular de las causas del accidente, es otra: la propia censura estatal. Como en todo régimen totalitario, el poder político busca censurar las voces que se muestran disidentes con su visión del mundo. Esto, en el caso soviético, ocurrió tanto en el arte, como en los deportes y en la ciencia. Para el caso de Chernobyl, nos referiremos a ésa última. El discurso oficial del Partido Comunista se basaba en que la industria nuclear soviética era perfecta, segura y limpia, aun mas que su contraparte occidental (lo cual ya se mencionó que no es así). De esta noción de perfección se establecen las bases para la construcción de las llamadas “atomogrados”, ciudades íntimamente relacionadas con la industria nuclear, al punto de que las mismas eran construidas lo mas cerca posibles de las centrales nucleares. Toda esta construcción política alrededor de la industria nuclear, volvía incompatible la existencia de, por ejemplo, errores de diseño en los reactores, como era el caso en los reactores RBMK y sus barras de control con punta de grafito. En consecuencia, todo el material científico al respecto de problemáticas del estilo, fue brutalmente censurado, sesgando la aproximación de la comunidad científica soviética, no solo sobre sucesos como Chernobyl (donde la comunidad científica, en un principio, no pudo concebir que el reactor 4 había explotado, lo cual generó una respuesta equivocada). Es decir, la combinación de una burocracia paquidérmica y corrupta, la imposibilidad del cálculo económico y la tendencia a la ineficiencia del sector público, aunadas a las características de una comunidad donde la libertad de expresión no existe, previniendo el debate científico en toda regla al imponer una visión única y sesgada en las ciencias (y no solamente en ellas, tan solo hay que echar un vistazo en la literatura para encontrar numerosos ejemplos de obras censuradas, como por ejemplo “Archipiélago Gulag” de Aleksandr Solzhenitsyn), llevó a la creación de un coctel de ineficiencias que puede ser considerado el causante “en esencia” del accidente. (Cabe destacar que varios de estos elementos mencionados anteriormente no son exclusivos del socialismo, sino que se pueden encontrar en otros totalitarismos colectivistas).

A modo de cierre, considero importante el recordar este hecho que, si bien a priori no aparenta tener una gran influencia sobre nuestro entorno cercano, en realidad fue crucial para el devenir de los acontecimientos de finales de los 80 y principios de los 90, así como el desarrollo del entorno geopolítico actual, como confirma el propio Gorbachov. Además, les debemos a los héroes que dieron su salud, e incluso sus vidas, intentando contener el desastre, aunque sea algo tan pequeño e incomparable con su esfuerzo como lo es su permanencia en nuestra memoria colectiva.


[1] Nuclear Energy Agency (2002) Chernobyl: Assessment of Radiological and Health Impacts. 2002 Update of Chernobyl: Ten Years On

[2] Fairlie, I. Sumner, D. (2006) The Other Report on Chernobyl

[3] Greenpeace (2006) Chernobyl death toll grossly underestimated  

[4]Medvedev, Zhores A. (1990). The Legacy of Chernobyl. W. W. Norton & Company., pp. 36-38

[5]Dyatlov, Anatoly (2003). Chernobyl. How did it happen., p. 31

[6] Chernóbil se desató por una explosión nuclear, seguida de otra de vapor. (2018). Recuperado 22 abril 2021, de https://www.europapress.es/ciencia/cambio-climatico/noticia-chernobil-desato-explosion-nuclear-seguida-otra-vapor-20171117171506.html

[7] Medvedev, op cit. P:30-32.

[8] «Health effects due to radiation from the Chernobyl accident». SOURCES AND EFFECTS OF IONIZING RADIATION. UNSCEAR 2008 VOL II Scientific Annexe D. 2011

[9] Chernobyl: cómo el gobierno de la Unión Soviética trató de ocultar la catástrofe y cómo se enteró el mundo – BBC News Mundo. (2019). Recuperado 24 abril 2021, en https://www.bbc.com/mundo/noticias-48432902

[10] AIMPGN (2006) Efectos de Chernobyl sobre la salud.

[11] Gorbachov, M. (2006). Chernóbil, un punto de inflexión histórica. Recuperado 24 abril 2021, en https://elpais.com/diario/2006/04/21/opinion/1145570413_850215.html

[12] Chernóbil: una gigantesca factura casi 30 años después. (2015). Recuperado 24 abril 2021, en https://www.lavozdegalicia.es/noticia/mercados/2015/03/29/chernobil-gigantesca-factura-30-anos-despues/0003_201503SM29P9992.htm#:~:text=Los%20costes%20económicos%20de%20la,suman%20350.000%20millones%20de%20euros

[13] Von Mises, R. (1961). El socialismo. Hermes SA


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1 comentario

  • Agustin fleitas
    Agustin fleitas

    Tremendo trabajo

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