El Día

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Boiso Lanza y la “Historia Innombrable”.

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Boiso Lanza. Puede que ese nombre les suene. En esta semana se cumplen 48 años de la emisión de los comunicados 4 y 7 por parte de los mandos de la Fuerza Aérea y el Ejército, al igual que el acuerdo antes mencionado, los cuales, para una buena parte de los historiadores, así como para el expresidente Bordaberry, marcaron el inicio de la dictadura militar.

Sin embargo, para poder comprender por qué los militares pudieron realizar comunicados de esa índole, de forma impune, tenemos que revisar el contexto previo.

A veces parece mentira, pero todavía hay que recordar que la compleja situación del Uruguay de la época comienza a inicios de los años 60, con el surgimiento del MLN-Tupamaros. Para ser más precisos, con el robo de armas al Club de Tiro Suizo en 1963, en pleno gobierno democrático. Este episodio estableció el inicio de un conflicto violento entre la guerrilla y las fuerzas policiales hasta el año 1971, momento en el cual, tras la fuga masiva del Penal de Punta Carretas, el Parlamento y el Poder Ejecutivo le otorgan la responsabilidad de derrotar a los insurrectos, cosa que se completó al cabo de pocas semanas.

Esto generó dos cosas: la primera, el arresto de la cúpula tupamara, y la segunda, el afianzamiento del Ejército como fuerza relevante en la vida de la nación.

Este afianzamiento e incremento de la autonomía militar se plasma aún más en 1972, cuando se da el primer caso relevante de insubordinación militar: en octubre de ese año, la Justicia dispuso la liberación de 18 presos, detenidos en el VI regimiento de caballería[1], frente a lo cual el jefe del regimiento, el teniente coronel Omar Goldaracena, decidió no acatar la resolución. Esta situación se resolvió con una reunión entre los altos cargos militares y el presidente Bordaberry, donde los primeros plantearon una serie de pautas: entre ellas, un rol político activo y el control de la policía por parte de los militares. Asimismo, el entonces Ministro de Defensa, Augusto Lengani, renunció (asumiendo la cartera Armando Malet), al igual que el comandante del Ejército, Florencio Gravina.

En ese mismo mes también se da el primer arresto por motivos políticos, el de Jorge Batlle, debido a sus declaraciones denunciando un pacto entre militares y la cúpula del MLN-T[2], y augurando el futuro golpe de estado. Batlle fue imputado por “deshonrar y afectar el buen nombre de las Fuerzas Armadas”[3]

Como bien dijera Jorge Batlle, “…si no hubiera habido un movimiento sedicioso revolucionario, no hubiera habido Golpe de Estado militar.[4]

La suma de ambos sucesos provocó la renuncia de los ministros pertenecientes a la Lista 15, Pintos Risso, Forteza y Sanguinetti[5] (al que curiosamente en el día de hoy han querido vincular al proceso dictatorial, a pesar de que la evidencia muestra lo contrario. De lo único que podrían acusarlo es de formar parte del Pacto del Club Naval, en el cual también participaron los sectores de donde provienen los que lo increpan, siendo, por ende, una acusación hipócrita).

Con los sectores quincistas abandonando sus bancas en el gabinete ministerial, y el comienzo de las persecuciones políticas, el camino para una mayor intervención militar en la política quedó allanado.

 Esa mayor intervención se da en febrero de 1973: tras la conocida “Carta al Pueblo Uruguayo en la Hora de la Verdad”, de Amílcar Vasconcellos, emitida por Radio Carve el 1 de febrero[6], en donde, entre otras cosas, se anunciaba la interpelación al ministro Malet, comienzan a caer las fichas de dominó.

Tras una reunión de varias horas en la noche del 6 de febrero entre el presidente Bordaberry, el ministro Malet y todos los altos cargos militares (se contabilizaban más de 25 jefes), se dio a conocer en las primeras horas de la madrugada del día 7 la renuncia del ministro. A esto siguió la designación de Antonio Francese como ministro de defensa, quien tomó posesión del cargo a las 10 de la mañana del mismo día[7]. Francese era un militar de “la vieja guardia”, un constitucionalista confeso, y en su discurso durante la toma de posesión del cargo, afirmó su compromiso con mantener a las fuerzas armadas dentro de los márgenes constitucionales. Esto iba en la dirección opuesta a la voluntad de los altos mandos de las mismas, y fue el disparador de la crisis que vendría en los días siguientes.

En las horas posteriores, los mandos de la Fuerza Aérea y el Ejército lanzan un comunicado[8] con respecto a las declaraciones realizadas por Vasconcellos en su Carta, poniendo en duda la veracidad de las mismas, en el cual se puede ver el estado precario de la democracia en ese momento (militares haciendo juicios de valor sobre la política, y mencionando su deber de guiar al Poder Ejecutivo, por ejemplo). A la tarde del 8 de febrero, efectivos del Ejército toman control del Canal 5 y exigen la renuncia del ministro Francese, bajo la justificación de que su gestión “retrotraería a la superada época de ser el brazo armado de intereses económicos y políticos”.[9]

Tras este comunicado, Francese presenta su renuncia, que no fue aceptada. A la noche, desde Canal 4, el presidente Bordaberry ratifica en el cargo a Francese y llama a la población a la defensa de las instituciones. Sin embargo, el presidente, aislado políticamente, no consigue reunir a más de doscientas personas, evidenciando aún más su falta de apoyo. Alejandro Pasquariello afirma que una de sus fuentes entrevistadas manifestó: “Si cuando Bordaberry convoca a la Plaza Independencia, Wilson lo acompaña y llenan la Plaza, tal vez no había golpe 19 (…) al producirse un vacío, el vacío se tiene que llenar”.[10]

A la madrugada del día 9, la Armada, bajo el mando del Contralmirante Juan José Zorrilla, desplegó sus barcos en el canal de acceso a Montevideo, cercó la Ciudad Vieja (en ese entonces, aún era el centro neurálgico de la capital) y declaró su apoyo al gobierno. Este cerco dura hasta las 21:30 del mismo día, cuando es levantado por orden del presidente Bordaberry, después de haber contactado a los mandos militares en desacato, bajo la atenta mirada del mundo. Durante su duración, el Consejo de Ministros renunció en su totalidad, y tres de sus miembros fueron designados para entablar diálogos con los mencionados mandos militares. Una hora más tarde del fin del cerco defensor, el Ejército y la Fuerza Aérea publican el llamado “Comunicado Número 4”, y logran forzar la renuncia del recién asumido ministro.

En este infame comunicado, los comandantes en jefe del Ejército y la Fuerza Aérea ratifican su apoyo al “pueblo uruguayo”, a pesar de solicitar el relevo del ministro Francese, y a su vez presentan una suerte de “proyecto país”, con una serie de objetivos totalmente por fuera de las funciones de las Fuerzas Armadas: exigían apoyo a los sectores industriales (es decir, con subsidios y proteccionismo), presencia de elementos militares en ciertos organismos, una reforma agraria o una reorganización de la administración pública, entre otros.[11] Se menciona el “vigilar la conducción nacional en procura de los objetivos fijados” y la necesidad de que quien ocupe la cartera del Ministerio de Defensa debe entender y hacer suyos estos objetivos.

A este comunicado se le suma el “Comunicado Número 7”[12], en el cual se realizan correcciones y se agregan objetivos como el desarrollo energético, creación de infraestructura, así como la necesidad de realzar la “mística de la orientalidad”, es decir, la recuperación de ciertos valores que las Fuerzas Armadas entendían propios de la sociedad uruguaya (sean esos valores propios o impropios de la sociedad uruguaya, no es asunto de las Fuerzas Armadas, así como tampoco es asunto de ellas el asegurar su prevalencia).

Tras los pronunciamientos de las fuerzas en desacato, la opinión pública estaba muy dividida: Líber Seregni y el Frente Amplio en general, cuestionaron al presidente y pidieron su renuncia, argumentando que “entorpece las posibilidades de diálogo”[13].

El Partido Nacional, de la mano de Wilson Ferreira, también presionaba por la salida de Bordaberry: “…si las magistraturas constitucionales son débiles, hay un sólo modo de defenderlas […] Consúltese al pueblo de la República, y estese a lo que él decida”[14]

Dentro del Partido Colorado, destaca la figura del ya mencionado Vasconcellos, llamando a defender y colaborar con las instituciones electas democráticamente. Sin embargo, también se aprecia que una parte del partido permanece silenciosa.

En esta situación se encontraba la República cuando el día 12 de febrero, el presidente Bordaberry viaja a la base aérea Juan Manuel Boiso Lanza, en donde acepta las exigencias militares, que pueden ser resumidas en unos pocos puntos fundamentales: la creación del Consejo Nacional de Seguridad; la integración del gabinete ministerial por parte de militares, así como el nombramiento de los mismos en entes públicos y servicios descentralizados; nuevas normas para los ascensos militares; por último, la destitución de ciertos funcionarios del Servicio Exterior. En pocas palabras, se daba el aval para la participación plena de los militares en el gobierno, con miras de cumplir el programa establecido en los Comunicados 4 y 7.[15]. Un aval que permitiría actuar de forma impune a los militares en junio de ese mismo año.

48 años han pasado ya, desde lo que diversos historiadores han establecido como “el golpe más largo de la Historia” [16], o un “golpe lento” [17]. 48 años en los que nuestra sociedad ha recordado con dolor y tristeza. 48 años en los que los partidos tradicionales han hecho autocritica de sus errores y omisiones en esos momentos tormentosos, en ese febrero amargo del que habla Vasconcellos. Sin embargo, algo parece haber sido olvidado por la sociedad; un craso error, o un burdo crimen, por el cual sus perpetradores no se han hecho responsables ni han realizado autocrítica, ni siquiera de forma interna: en los momentos posteriores a la publicación de los comunicados militares, organismos como el Partido Comunista del Uruguay y la Confederación Nacional del Trabajador (CNT), dieron su apoyo manifiesto a las afirmaciones militares, esperando con eso poder atraerlos a su causa e implementar un régimen autoritario del estilo de Alvarado en Perú.

Basta ver declaraciones como “Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre poder civil y poder militar; que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de éste caben indudablemente todos los militares patriotas que están con la causa del pueblo, para terminar con el dominio de la rosca oligárquica”.[18]

Los propios mandos de la CNT realizaron afirmaciones similares: “Nunca hemos pensado que somos los únicos que queremos la felicidad de nuestro pueblo y nos satisface mucho que en otros sectores que no son de clase obrera, se manifiesten estas inquietudes; tampoco nos asusta que esas coincidencias se expresen no sólo en documentos sino en la lucha diaria por su concreción.”[19] Tan solo cuando los mandos militares se distanciaron de las declaraciones de la CNT, y se hizo imposible el sueño de alcanzar un régimen autoritario a su medida, es que las posturas comenzaron a cambiar.

En este mismo marco se pueden emplazar las declaraciones de Jorge Batlle, esclarecedoras al respecto de la autocrítica tupamara y sus afirmaciones falaces: “Sin guerrilla no hubiera habido Golpe de Estado Militar. Entonces, ¿qué es lo que quieren ahora los ultras?, los que no manejaban la guerrilla. ¿Qué es lo que quieren?: Inventar la Historia. Tratar de justificar su conducta. Para ello inventan que el gobierno Constitucional de Pacheco Areco, que enfrentó el tiempo más difícil y duro de toda la acción violenta, que respetó las Leyes y la Constitución de la República y las hizo cumplir, tal como lo señalo mejor que nadie el Gral. Líber Seregni, era un gobierno dictatorial y que entonces los tupamaros nacieron en 1968. Hay mucha gente que tiene como práctica política esconder la realidad de su vida. Uno son los tupas que dicen que desde 1962 a 1968 no existieron y otro es el Dr. Vázquez, que en su currículum vitae publicado en el portal de la Presidencia de la República, oculta lo que hizo entre 1972 al 1987. Razones tendrá para hacerlo. Razones que coinciden con el tiempo de la dictadura militar.”[20]

A pesar de que historiadores de todas las ideologías han escrito respecto de los sucesos de febrero de 1973, y todos ellos han hecho referencia, en mayor o menor medida, a las declaraciones de los diversos sectores políticos, esto no se traslada al discurso común, al que accede el ciudadano de a pie. Sí se han trasladado tesis como la de incluir al gobierno de Pacheco Areco como una fase de la dictadura, especialmente dentro de los sectores más radicales de la izquierda, pero se evitan, por omisión accidental o deliberada, mencionar las posturas iniciales de la CNT y organismos como el PCU. Curiosamente, los ejemplares de los medios citados en este artículo, no se encuentran ya en registros hemerográficos como los del Parlamento o la Biblioteca Nacional, a pesar que otros números de las mismas publicaciones periódicas sí se hallan disponibles.

En días anteriores, la polémica se ha propagado por las redes, al ser las declaraciones de apoyo a los militares negadas por personalidades importantes dentro del ámbito político (véase el intercambio en Twitter entre Sanguinetti y el diputado Núñez, por ejemplo), volviéndose una suerte de “Historia innombrable” dentro de dichos organismos, así como en el Frente Amplio en general, después de la incorporación de los partidos radicales (MPP y PCU) a la coalición de izquierdas.

Han pasado 48 años, y seguimos esperando la autocrítica, en vez de un discurso populista y falaz.


[1] LaRed21 (2011) La primera rebelión militar fue en realidad en octubre de 1972. Consultado 10 Febrero 2021, en https://www.lr21.com.uy/politica/459563-la-primera-rebelion-militar-fue-en-realidad-en-octubre-de-1972

[2] Guinovart, P. (2016). Jorge Batlle: un “traidor” liberal a quien el tiempo le dio la razón. Consultado 9 Febrero 2021, en https://panampost.com/priscila-guinovart/2016/10/28/jorge-batlle-un-traidor-liberal-a-quien-el-tiempo-le-dio-la-razon/

[3] UyPress (2015). Jorge Batlle: “Mujica, Fernández Huidobro y todos los demás son los responsables del golpe de Estado”. Consultado 10 Febrero 2021, en https://www.uypress.net/Politica/Jorge-Batlle–Mujica-Fernandez-Huidobro-y-todos-los-demas-son-los-responsables-del-golpe-de-Estado–uc60436

[4] Ibíd.

[5] Nahum, B. Cocchi, A. Frega, A. Maronna, M. Trochón I. (1998) El fin del Uruguay liberal. Tomo 8. EBO, Montevideo, La República.  Fragmento disponible en: http://www.anep.edu.uy/historia/guia/guia_1/gh_169a243.pdf (Pp:34 del documento)

[6] Vasconcellos, A., & Caetano, G. (2017). Febrero amargo. Biblioteca Artigas Colección de Clásicos Uruguayos; 202. Montevideo. Pp:12-18

[7] Ibíd. Pp: 27-29.                                                                  

[8] Ibíd. Pp: 31-38.

[9] Ibíd. pp: 48-49.

[10] Pasquariello, A. (2017). Marcha forzada: el complejo camino de las relaciones civiles-militares en Uruguay, desde el 8 de febrero de 1973, hasta la promulgación de la ley marco de defensa nacional, 19 de febrero de 2010. Pp:15

[11] Vasconcellos, A., & Caetano, G. Op Cit. Pp:54-60

[12] Ibíd. Pp:60-63

[13] Nahum et al. Op cit. Pp:34 (documento)

[14] Nahum et al. Op cit. Pp:35 (documento)

[15] Vasconcellos, A., & Caetano, G. (2017). Op Cit. Pp:71-75

[16] Martínez, Virginia (2007) “Tiempos de dictadura” Ediciones de la Banda Oriental. Montevideo: Pp:13

[17] Fernández, Wilson (1986) “El Gran Culpable”: La responsabilidad de los EE.UU. En el Proceso militar uruguayo. Ediciones Atenea. Montevideo: Pp:77

[18] El Popular, 11 de febrero 1973. En: Nahum et al. Op cit. Pp:34 (del documento)

[19] Junta de Comandantes en Jefe: (1978)  Las Fuerzas Armadas al Pueblo Oriental. II. El proceso político. Pp:116

[20] UyPress, Op Cit.


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3 comentarios

  • Horacio Varoli
    Horacio Varoli

    En verdad, yo creo que si el presidente constitucionalmente electo hacia pocos meses hubiese tenido el apoyo de todo el sistema político, no hubiese habido golpe. Pero Wilson Ferreira Aldunate nunca aceptó su derrota electoral, y fue el primero en proponerle a las fuerzas armadas la destitucion de Bordaberry mediante un golpe de estado, y el llamado a nuevas elecciones. El Frente Amplio pedía públicamente la renuncia del presidente. Buena parte del Partido Colorado (la lista 15) observaba fríamente los hechos, y Sanguinetti llegó a proponerle al presidente su renuncia para la asuncion del vicepresidente Sapelli. Todo esto se sabe pero no se dice, es mejor decir que Bordaberry estaba “desgastado”, como dijo ayer Sanguinetti en televisión, como si las actitudes de los partidos tradicionales hubiesen sido las adecuadas.
    Estas historias mal contadas son responsabilidad de todos los políticos, que jamás van a reconocer sus propios errores y culpando de todo a una sola persona (Bordaberry) tratan de disimular sus enormes responsabilidades

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    • Maria
      Maria

      Excelente analisis de lo que verdaderamente paso. Todo el aparato político jugó sus fichas para sí mismo, Sapelli se fue al campo en espera de su nombramiento, Wilson se reunió con su amigo G. Alvarez en el ESMACO para negociar las futuras elecciones que jamás se dieron, J.M Bordaberry le dio la espalda al A/A Zorrilla y apostó a seguir en el poder con el respaldo del mismo grupo de gente que luego lo traiciono y se quedó en el poder . Hechos de la Historia que no se dicen ….

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  • Ceviro
    Ceviro

    Felicitaciones por este artículo que resume verazmente lo que aconteció en nuestro país en aquellos duros momentos. Totalmente esclarecedor para quien ignore esos hechos. Es el relato que se intentó omitir durante años y que tímidamente fue apareciendo luego en literatura diversa pero sin lograr la difusión que sirva para informar a la opinión pública. Hay que seguir insistiendo en el relato de hechos históricos que fueron desvirtuados a instancias de unos protagonistas que los usaron funcionalmente a sus intereses.

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