El Día

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Una condición sine qua non para poder alcanzar la igualdad de género

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No podemos hablar de igualdad de género, sin antes definir que es el género.  Se ha empleado el término “género” para referirse a la organización social de las relaciones entre sexos.  En su acepción más reciente, “género” parece haber aparecido entre las feministas americanas que deseaban insistir en Ia cualidad fundamental social de las distinciones basadas en el sexo. En varias ocasiones se han referido a este término, como algo destinado solamente a las mujeres, el género es un problema de la mujer, y no del hombre.

En 1975 la historiadora estadounidense Natalie Zemon Davis sugería lo siguiente: “Me parece que deberíamos interesarnos tanto en la historia de las mujeres como de los hombres, que no deberíamos trabajar solamente sobre el sexo oprimido, del mismo modo que un historiador de las clases sociales no puede centrarse por entero en los campesinos. Nuestro propósito es comprender el significado de los sexos, de los grupos de género, en el pasado histórico. Nuestro propósito es descubrir el alcance de los roles sexuales y del simbolismo sexual en las diferentes sociedades y periodos, para encontrar qué significado tuvieron y cómo funcionaron para mantener el orden social o para promover su cambio”.  El estudio de la historia de las mujeres en el mundo es fundamental para poder entender de donde proviene la opresión y porqué se las oprime. Queda claro que el estudio de las mujeres debe darse en conjunto con el estudio de los hombres, de lo contrario, no se llegará a ningún resultado verídico.  

Entonces, en su acepción más simple, “género” es sinónimo de “mujeres”, pero para no ser tan pesimistas, el término “género” también se ha empleado para sugerir que la información sobre las mujeres es también información sobre los hombres, es decir, el estudio de uno, implica directamente el estudio del otro. Es una relación, no una división. Y esto nos conduce a suponer que el mundo de las mujeres es también mundo de los hombres, y viceversa. El mundo fue creado en base a ambos.

 Joan Wallach Scott, una gran historiadora estadounidense, mencionó que “Hablar de persona o criatura de género masculino o femenino en el sentido del sexo masculino o femenino es una jocosidad”. El género es una categoría de análisis que nos sirve para analizar ciertas preguntas que se nos plantean, en las relaciones humanas, y en la historia.  Como por ejemplo, ¿De dónde salieron los modelos hegemónicos que vemos del hombre y de la mujer? El hombre hegemónico: Ganador, fuerte, blanco, joven, heterosexual. La mujer hegemónica: Delicada, sensible, flaca, joven, blanca, heterosexual.

A una persona que nace con el sexo femenino, se le impone que su género es mujer, y con ello una serie de mandatos de ser la mujer “socialmente hegemónica”. Y al revés también, si una persona nace siendo del sexo masculino, se le impone que su género es ser hombre, y consigo se aparejan una serie de  mandatos, “Los hombres no lloran”, “Los hombres no juegan con muñecas”, “Los hombres no se pintan las uñas”.  Si bien el género puede relacionarse con los sexos, no son la misma cosa. El género es el  elemento constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que distinguen a los sexos, pero con esto no queremos dividir a los sexos, sino buscar que es lo que los quiso dividir durante la historia, y porque se considera a un sexo como el opresor y al otro como el oprimido. Por esto decimos que es una herramienta de búsqueda de respuestas  y una forma de poder que busca el bien.

Los géneros se engendran, se inscriben estos mandatos establecidos en cuerpos y mentes, que se conoce como “habitus”. Estos habitus son el conjunto de creencias históricas depositadas en el cuerpo establecido como esquema mental. El esquema mental de que, si se nace mujer, hay que actuar como tal y aquí se ven todos los mandatos sociales, si se nace hombre, hay que actuar como tal y se despliegan todos los mandatos sociales. El feminismo, entonces es una lucha solo de la mujer, porque le afecta solamente a ella, pero, aquí es donde incurrimos en la aberración más grande la humanidad, y lo que conllevó a la desigualdad más grande en la actualidad, el feminismo también debe ser una lucha en la que los varones se encuentren presentes.

Los hombres se han vuelto inseguros, por el sentido distorsionado de lo que constituye el éxito masculino. Los hombres tampoco gozan de los beneficios de la igualdad de género,  son aprisionados por los estereotipos de género.

Existe una condición sine qua non (condición sin la cual no) para poder alcanzar la igualdad de género, ¿Qué queremos decir con esto? La libertad de la mujer no existe sin la liberación del hombre. Queremos decir que si los hombres no son liberados, consecuentemente la mujer tampoco será libre y no habrá igualdad de género. Cuando los hombres comiencen a sentirse en libertad de poder expresar sus sentimientos, de poder mostrarse débiles, de poder desatarse de esos estereotipos de género que los persiguen, y unirse en la lucha por estos temas, aquí será cuando las cosas cambien para las mujeres de forma natural.  

Si los hombres no tienen por qué ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no se sentirán obligadas a ser sumisas. Si los hombres no tienen que controlar, las mujeres no tienen por qué ser controladas. Hombres y mujeres deben sentirse libres de ser sensibles, de ser fuertes. Si dejamos de definirnos por lo que somos, y comenzamos a definirnos por quienes somos, todos podremos ser más libres.


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